Capsulas de Carreño

Placeres…  Al oído de los colegas. ¡Je!, el fútbol sin interés público

 

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POR WILLIAMS VIERA desde USA.

 

 

En este tiempo en que la gente se desfoga libremente de los temas que le apasionan, por lo menos en mi caso desde la distancia y en los momentos en que las labores cotidianas me lo permiten, se analiza cada escrito como si el que escribe esta columna fuese integrante de la pareja integrada por Sherlock Holmes y el doctor Watson, creada por el escritor y médico británico de ascendencia irlandesa Arthur Conan Doyle, quien por cierto era hincha del Hibernian FC que tiene 148 años de fundado, 18 títulos y un apodo que es inolvidable: “repollo y costillas”.

Los referidos Holmes y el doctor Watson, para quienes no saben o fueron olvidados, son una extraña pareja que investiga robos, extorsiones, organizaciones secretas y criminales, extrañas muertes, secretos de Estado y, en una de esas, hasta llegarían a dar a conocer quién es el hombre del maletín y quien está detrás de ‘borrar a los periodistas deportivos de los estadios’ olvidando que ellos, los periodistas, son los que promueven ‘el circo’ para que los aficionados asistan a las graderías y por consiguiente, que les llenen los bolsillos, a los llamados ‘directivos’, a través de espectáculos que son tristes y de reprochable calidad.

No parece existir ningún caso que le quede grande al analítico Holmes mientras que su sobrio amigo, el doctor Watson, es el encargado de que Holmes no abandone, del todo, el sentido común.

Tal vez ellos puedan resolver algo que inquieta a los periodistas deportivos no licenciatarios de Colombia con relación a su ingreso a los estadios nacionales a trabajar. Sí, ¡A TRABAJAR! Esos escenarios no les pertenecen a los equipos por ser propiedad del Estado, excepto el que tiene el Deportivo Cali.

Los integrantes de la DIMAYOR y los denominados ‘directivos’, junto a sus abogados o ‘tinterillos de turno’, acolitados además por los funcionarios de la Federación Colombiana de Fútbol, en los últimos años, han señalado, debido a la soberbia y prepotencia que les caracteriza, que “el negocio que tienen es privado” y por consiguiente pueden prohibir el ingreso a esos escenarios a quienes les dé la gana. Entonces, ¿Por qué no construyen sus estadios? Les recordamos que esos lugares de cemento y grama que se los alquilan, les pertenecen, así no se diga, a ‘Juan Pueblo’ que paga sus impuestos y los periodistas, menospreciados por los ‘personajillos de turno’, hacen parte de ese conglomerado.

Este caso nos permite recordar que el artículo 25 de la Constitución Política de Colombia es muy preciso: “El trabajo es un derecho y una obligación social y goza, en todas sus modalidades, de la especial protección del Estado. Toda persona tiene derecho a un trabajo en condiciones dignas y justas”.

Sin embargo, quienes manejan el fútbol profesional colombiano se pasan por la galleta el mencionado articulado que ni siquiera Faiver Hoyos Hernández, presidente de la Asociación Colombiana de Periodistas Deportivos (ACORD Colombia) y de ACORD Huila, sigue sin poder revertir una decisión que va en contra del Decreto Nacional 2428 de 1955 que indica que la credencial de socio de ACORD le permite ingresar a los estadios.

Por eso, el reclamo de la periodista Esperanza Palacio Molina, en este portal de Cápsulas con el título “¿Para qué sirve el carné de ACORD?”, es muy valedero cuando hace referencia a “las normas y obligaciones que afectan la libertad de informar sobre un hecho de interés público”. O, ¿será que es todo lo contrario y los ‘directivos’ desean que las graderías queden vacías porque ‘su negocio privado’ así lo requiere?

Pensamos que debe ser por aquello de ocultar las ‘supuestas pérdidas millonarias’ en los libros al finalizar un ejercicio contable, pero con el correr de los días las arcas de los equipos aparecen robustecidas por un toque ‘mágico’ que nadie sabe explicar de donde llegó como si ‘el hombre del maletín’ hubiese tenido algo que ver y por ello, contratan ‘supuestas estrellas’. Entonces, para que ‘el circo’ siga funcionando, obvio, convocan a los periodistas deportivos o de fútbol, únicamente, sin que tengan que cumplir con las 22 páginas de advertencias y amenazas hacia los comunicadores que quieran cubrir el ‘deporte chibchombiano’. ¡Je!, es decir, el fútbol sin interés público.

Pues bien, no nos distraigamos y digamos que los cibernautas de Cápsulas tienen un dominio de un tema que ni los propios agremiados de ACORD ni quienes se encuentran por fuera de la entidad que llegó a ser tan respetable no solo por el carné que entregaba a sus afiliados sino como agremiación. Era un honor pertenecer a cualquiera de las 27 regionales que integran la asociación, pero en los años recientes, como lo recalcó Ricardo Forero en su comentario titulado “Dimayor está acabando con el pluralismo” y en el texto, en su cuarto párrafo, dio en el clavo y metió el dedo en la llaga al expresar que la entidad que maneja el fútbol rentado nacional “se da el lujo de despreciar a la inmensa mayoría de medios tradicionales y digitales…”.

¿En donde quedó el orgullo de los comunicadores que pululan por doquier, en este tiempo de aplicaciones? Antes se asistía a los estadios para dar a conocer, de primera mano, lo que sucedía en el rectángulo verde e igualmente, los aficionados podían escuchar a los referentes del equipo amado a través de los tenores del micrófono. Y, obviamente, para realizar ESE TRABAJO los periodistas ingresaban a ese escenario mostrando el carné de la ACORD. El redactor que se atrevía a escribir o el que emitía su comentario, sin estar presente en las graderías, era ‘señalado’ por sus colegas como si éstos hicieran parte de la inquisición. Su compañero, según ellos, cometía ‘un delito’ en el aspecto informativo por aquello de que ejercía su profesión de oído. Pero, ¿cómo se trabaja hoy? Viendo las imágenes de televisión en la comodidad de la sala de la casa o en la habitación del hotel porque sin permiso no puede ingresar el profesional de la información a la tribuna de prensa, si es que el estadio la tiene. En ‘El Campin’, por ejemplo, desapareció.

Sin duda que la época cambió, pero el irrespeto a los periodistas deportivos es de vieja data. O si no que lo digan Oscar Rentería Jiménez y Mario Alfonso Escobar debido a los enfrentamientos que tuvieron con Alex Gorayeb, en la época que ejerció como presidente del Deportivo Cali. El dirigente los llamaba “los chicos malos” al aire, pero al terminar se iba diciendo, “estos si son muchos…” debido a las críticas recibidas. O Juan José Bellini, quien estuvo en la presidencia del América y luego en la Federación Colombiana de Fútbol, decía: “Los periodistas se parecen a los emboladores y a los policías por el bolillo y el micrófono por el ‘garrote’ que dan…”. O Jorge Correa Pastrana, en su tiempo de presidente de la entidad que controla el fútbol rentado, cuando dijo que “si no hablo no pueden llenar sus espacios ni tienen de qué hablar”. Entonces, en Bogotá, los periodistas radiales lo vetaron y se dedicaron a informar, en extenso, de otras actividades deportivas y el mencionado personaje, después de seis meses, buscó a los comunicadores. Él sentía que su imagen se le iba a la ¡mierda! y con ello, los negocios que realizaba.

Decía que los ciberlectores de Cápsulas tienen el dominio de lo que ocurre con el tema de ACORD y su famoso carné que es menospreciado y con él, a quien lo tiene. En tal sentido, escribió el cibernauta Víctor Hernán Restrepo Tapias: “No entiendo porque mendigan una labor periodística cuando los beneficiados son los que ponen trabas y condiciones pendejas. Todos los medios deberían de ignorar y dejar sola esta pobre y mediocre Liga para ver qué destino coge…”.

La entidad, de un tiempo para acá, de la que nos sentíamos orgullosos, ¡no es un secreto!, perdió peso y por ello, los que ejercemos la profesión de periodista deportivo o el oficio de construir con palabras lo que es la vida a través del movimiento de una pelota, debemos gritar, como lo hizo Simón Bolívar en la Batalla del Pantano de Vargas: “coronel, ¡salve usted la patria!”. Pero, ¿quién?

Los veteranos, llámense Peláez, Vélez, Rentería, Hernández, MAO, Londoño, Muñoz, Montoya, Villegas o Jaramillo, entre otros, no les interesa. Y de los nuevos, ¿quién puede recibir el ‘testigo’ en esta profesión que se convirtió, de la noche a la mañana, en oficio que es, sin embargo, el mejor del mundo a pesar del menosprecio que expresan algunos?

La Asociación Colombiana de Periodistas Deportivos (ACORD Colombia) debe ser dirigida por aquellos que defiendan al periodismo asociado y que protejan sus derechos, preservándolos de malvadas determinaciones que violan la libertad de prensa. Pero, ¿qué dicen el Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones y el de Cultura? ¿Y Coldeportes?

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Un comentario

  1. Ruby Vasquez

    22 enero, 2023 at 10:24 am

    POR CRÓNICA DE WILLIAMS VIERA
    Buenos días.
    El fútbol o cualquier espectáculo necesita de los periodistas para su difusión.
    El problema que hay ahora es, si los periodistas profesionales se callan, ahí estan los ex-futbolistas que están ejerciendo de periodistas.
    Los buenos periodistas (los que usted nombró) deberian de tomar la iniciativa y «callarse». Al dia de hoy no hay periodistas deportivos en Colombia. Los «nuevos» no saben ni hablar.
    Ruby Vásquez

    Hincha de Nacional
    Medellin

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