Pobreza futbolera y mental.

En este Equipo Ideal de la segunda jornada, con sobrada razón NO aparece colombiano alguno. Ilustración Conmebol.

Por Luis Felipe Gómez Isaza. //
Columnista Cápsulas. //

Avanza la Copa Libertadores de América con resultados para los equipos colombianos completamente esperados, empates en sus localías y derrotas en las visitas. En la otra gloria que es la Copa Sudamericana, no ocurre nada diferente, o mejor sí, al menos han ganado uno que otro partidito pero ante equipos de poca monta para abajo, hecho que desafortunadamente nos lleva a una conclusión dolorosa:  la liga Colombiana y sus representante , no solo son pobres, sino que son dolorosamente  mediocres. 

En una de mis anteriores columnas comentaba sobre los circenses espectáculos que nos toca ver y tolerar en dicho torneo jugadores que ante el menor toque fingen lesiones graves y como resortes caen sin que les dé pena, equipos que un día se envalentonan y derrotan poderosos rivales, aun de visitante, y en la oportunidad que sigue, pierden con un chico de los del fondo de la tabla. Jugadores provocadores, pobre inversión y, para seguir con la pobreza mental, fácil venta de los prospectos que pueden nutrir y hacer crecer el espectáculo, amén de fortalecer la liga.

Una vez termina la temporada y se glorifican con sus estrellas, pasan a la Libertadores y a la Sudamericana. Entonces los premiados que van a competir, se encuentran con la realidad que aquí se menciona y los rivales, sin consideración  ni ahorros de misericordia, se  ensañan en la pobreza futbolera de nuestras escuadras.

Hemos caído bajo, muy bajo, el nivel del torneo colombiano, es tan deplorable que ante los representantes de otras ligas nos ubican de malos para abajo. Que nos apasionamos con el torneíto, que lo seguimos, que los veleidosos barristas se convierten en peligros  ambulantes y matan por ver matar, en fin, ni sigamos dando sermones, que son aburridos y es mejor dejárselos a la mamá de uno.

Ayer le tenía algo de fe al rival de patio, tampoco creía que un triunfo se iría a llevar del mítico Maracaná,  pero de pronto sí, la ilusión del empate. El ahora decadente Restrepo ha tenido sus iluminaciones en la copa con equipos como el Deportivo Pereira. En pocos minutos que parecían eternos, el rojo, que no era rojo y que viste un curioso uniforme que parece de circo y no deportivo, qué dolor, un azul oscuro combinado con blanco y visos rojos se vería más digno, no fue capaz con los embates del Mengao que cuando quiso apretar y acelerar lo puso en calzas prietas.

A nada fue a jugar el DIM. Cuando intentó posicionar el bloque más arriba y el rubro negro lo dejaba tocar y llegar, le da al tal Baldomero por fingir una falta y mientras se retorcía en el suelo pidiendo clemencia, en un abrir y cerrar de ojos, Lucas Paquetá y Bruno Enrique pusieron orden en el juego. Después fue el sufrimiento para que la misericordia divina no llenara con más goles el arco del  pesaroso Medellín.  

Uno entiende de los costos, de la inversión y de lo que vale cada plantel, pero también debe exigírsele a los jugadores que respeten una hinchada, un escudo y sobre todo un país que ve desmoronarse su prestigio futbolero y que tanta brega había cultivado y podía ostentar. Es penoso, doloroso y muy frustrante ver cómo los representantes del futbol de Colombia lo único que saben hacer frente a rivales poderosos en otros patios, es el ridículo. Gracias a Dios, eliminaron a Nacional, estaríamos requiriendo ansiolíticos y psiquiatras.  

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