Pongámonos serios. Por Esteban Jaramillo Osorio.

 

esteban-jaramillo-osorioPor Esteban Jaramillo Osorio

*Como van las cosas,   tareas exitosas  como las del  pasado, solo existen en la memoria.

El toque reumático de Macnelly Torres, destrozado por  feroces volantes combativos; los  alardes técnicos de James Rodriguez, tan esporádicos, valorados por la empatía que tiene con la tribuna; la presencia de Cuadrado, como gato enjaulado, en el banco de relevos, con su fútbol lleno de soluciones, pero sometido al caprichoso rigor de la suplencia.

Las recetas de juego, estériles y repetidas. El depósito lleno de talento pero vacío de ideas. Las débiles respuestas físicas que impiden la perseverancia del espíritu gregario cuando se pierde la pelota. La escasa influencia individual en el juego colectivo que tan rápido como asoma, desaparece.

 

El revoloteo de algunas estrellas por toda la cancha, buscando protagonismo, que se diluye cuando entran en contacto con la pelota. El balón, a propósito, como instrumento básico para dominar el terreno, el juego y el rival,  al que se le dado  poco uso. La intermitencia en el empleo del pase profundo y exacto y la incapacidad para moverse con acierto en los últimos metros de la maniobra atacante, frente a la portería.

 

Los errores defensivos protuberantes,  como hemorragia permanente, dado el mal diseño que se le da a la nómina y la  inútil complementación entre jugadores y líneas, lo que hace de Colombia un equipo espaciado e insolidario en el ejercicio defensivo.

 

La ausencia de un trabajo cualificado del cuerpo técnico,  con su escasa capacidad para  detectar las razones que impiden articular mejor el juego y la limitada aportación de los relevos, al margen de la conformación de la nómina, tan llena de reparos.

 

Llegó la hora de meterle uña al asunto. De resetear el aparato futbolero. De buscar fórmulas para reencausar el camino porque, aunque  los resultados no admiten profundas discusiones, los métodos de juego están en la picota pública. Las prorrogas que el pueblo Colombiano  da al entrenador Pekerman, reducen sus márgenes de tolerancia,  en medio de jornadas  que ya no encandilan como antes.

Ya es hora de que el DT argentino se ponga serio y no dirija a control remoto, con la  complacencia de los dirigentes, sin autoridad en sus exigencias. Hoy el objetivo no es ir a Rusia. El propósito único es el de mejorar el rendimiento del mundial 2014. Como van las cosas,   tareas exitosas  como las del  pasado, solo existen en la memoria.

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