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Por Jorge Iván Londoño Maya.
Columnista Cápsulas.

El preámbulo para este partido no podía ser mejor. Se enfrentaban los dos equipos llamados a ser protagonistas del grupo. El Internacional con una nómina que tiene sabor suramericano, porque en sus filas aparecen jugadores de varios países del sur del continente, y un invicto generoso. Por su parte Nacional con una nómina más “casera” y a su vez buenas calificaciones.
El extenuante viaje se hizo en vuelo chárter, al que se pegaron algunos aficionados bien abonado$. El imponente estadio Beira-Rio se enrojeció de torcedores y de igual forma arropó a los hinchas verdes, que en cantidad parecían un punto aparte.
Gandolfi propuso la misma nómina y estrategia que presentó ante el Nacional Uruguayo, y que tan buenos resultados generó. El árbitro fue el chileno Felipe González, autor de una decisión para medirla con guantes de seda, concretamente la tarjeta roja que en segunda instancia le sacó a Marino, por la falta cometida, falta que muchos consideran para amarilla y otros para roja. Lo cierto es que Marino se duchó antes de tiempo y hecho al traste las intenciones de al menos empatar el partido, que en ese momento se perdía por un gol, generado por la falta cometida por Tesillo que se tradujo en el cobro del tiro penal, bien cobrado por Patrick, autor de los tres goles, el segundo también de penal y el tercero en jugada colectiva.
Nacional no se intimidaba ante los Carboneros, los Valencia, y los Wesley, y mostraba a su Marino comandando el ataque; a Campuzano que relucía su bagaje como jugador curtido, a Morelos y Viveros insistentes en el ataque y a Cardona que aparecía de vez en cuando. La lesión de Zapata obligó a la entrada de Elkin Rivero. Digamos que fue un primer tiempo parejo, de conocimiento, de oportunidades parejas de gol; en las que Ospina se lució con la tapada a quemarropa a Valencia, y en el arco del frente es Morelos el que desperdicia.
El primer gol, que llega a los dos minutos de iniciado el segundo tiempo, fue la puya para que Nacional generara más llegadas en busca del empate, que lo tuvo en descolgada de Viveros, pero el portero impide el gol con toda su humanidad. Luego llega el fatídico minuto 70, en el que se genera la expulsión de Marino; esa acción desmorona al equipo, porque se queda, no solo con diez hombres, sino sin contundencia en el ataque. El segundo gol llega también por la vía del penal al minuto 81, falta de Asprilla que corresponde más a un partido amistoso y no de Libertadores, y el tercero al 87 en jugada colectiva, cuando la moral de los jugadores de Nacional andaba en cuclillas.
Quedamos como si nos hubiera pasado por encima una tractomula cargada con hierro. Mucha tela para cortar; mucho para corregir; mucho para conversar, mucho para cambiar, comenzando por la actitud beligerante de Cardona, que fue sustituido ante la posibilidad de ver la roja.
Mucho trabajo le espera al cuerpo técnico y a los jugadores, con miras al siguiente partido contra Bahía, también en condición de visitante, en el que Nacional deberá enderezar las cargas, y más tratándose del equipo contra el cual deberá pelearse el paso a la siguiente ronda, porque por lo visto, Internacional tiene asegurado su tiquete, máxime que el siguiente juego será de local frente a Nacional de Uruguay, que carga el farolito del grupo, con cero puntos.
El recibimiento por el regreso de la sierra gaúcha estará cargo de Millonarios, en partido del próximo domingo. Será una buena oportunidad para que no solo Marino sino todo el equipo, boten el taco.
Si señores, Porto Alegre fue un decir.





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