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Por Jorge Iván Londoño Maya.
Columnista Cápsulas.

Estos partidos entre los rojos del América y los verdes de Nacional siempre despiertan expectativa, por la enconada rivalidad deportiva que desde hace años hace las veces de salsa de tomate para darle sabor a este otro clásico de nuestro fútbol.
Así las cosas, los seguidores verdes, en esta clase de partidos, siempre esperamos la mejor presentación del equipo, con un juego de gala y un resultado positivo que aumente la superioridad del verde sobre el rojo en las estadísticas.
Partido de la segunda fecha, por lo que todavía algunos jugadores nuevos están sacando ropa de la maleta; otros piden una talla más para el uniforme, y a dos o tres les tallan los guayos; es decir, todavía andamos en “modo acomodo”.
Con horario de comida de asilo; con la triste noticia del fallecimiento de Víctor Luna, tan cerca a nuestros afectos y aún más a los hinchas del Medellín; con un América estrenando técnico, César Farías, qué bueno pa´ellos, que tiene una carta de presentación tan sustanciosa como la del restaurante Hato Viejo; con Nacional siéndole infiel a su uniforme oficial, que pudo haber usado, porque en nada riñe con el rojo del América, y que cambió por uno blanco fondo entero con migajas verdes, color que representa paz, pureza y limpieza, bondades que fueron pisoteadas por el catastrófico juego y el abultado marcador en contra.
Partido que no vimos, lo sufrimos desde los 20 segundos de haberse iniciado, cuando se presenta la primera opción de gol los diablos rojos, la segunda al minuto, y para terminar con expulsión de Mejía faltando 120 segundos para concluir esta debacle.
Fue un partido que incluyó gol de cortesía, el segundo; que nos abrió el telón para mostrarnos un equipo sin entrega, falto de ideas, sin actitud, sin sed de triunfo; once almas deambulando en una dimensión desconocida; todo orquestado por un técnico que hasta el momento no ha demostrado tener argumentos sólidos para justificar ni su nombramiento ni su permanencia. Se dice en todas las esquinas, “los equipos se parecen a su técnico”, y avemaría si ayer Nacional ratifico con creces esa frase.
Estamos en la segunda fecha, el compás de espera sigue abierto, las nuevas oportunidades también, el acople de los recién llegados igualmente, pero surgen dos grandes interrogantes, que el señor tiempo nos responderá; ¿Tuvieron los directivos la visión para traer los jugadores apropiados para hacer de Nacional un equipo competitivo y afrontar con éxito la Copa Libertadores y el torneo local? ¿Tendrá el técnico Bodmer el talante para darles a los jugadores una idea de juego que capitalice lo mejor de cada uno, y coseche los triunfos esperados?
Si las respuestas no son positivas, ¡Que entre el diablo y escoja!




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