Capsulas de Carreño

¡Qué Partidazo! Por Javier Castell López, El Heraldo


Por Javier Castell López, El Heraldo

* De esos que nos hacen creer que el escritor Javier Marías tenía razón: “fútbol, la recuperación semanal de la infancia”.

Hay partidos de fútbol que, por la cantidad y calidad de jugadas creativas, por la pericia de los goleadores para vulnerar de forma grácil y efectiva la resistencia de los defensas rivales, por los atributos técnicos de los jugadores para pasarse el balón entre varios con ritmo y agilidad, producen ese básico placer infantil al que (casi) siempre aspiramos, como el del pasado martes entre Junior y Tolima.

La más espectacular remontada de los últimos años en el fútbol colombiano. De un 0-3 del primer tiempo, no por la falta de oportunidades y dominio territorial del equipo rojiblanco, sino por la altísima eficiencia del Tolima, combinada con personales despistes de los defensores del Junior, a un 4-3 fantástico e hiperemocionante.

En esa potentísima reacción, Junior expuso todos los mejores argumentos futbolísticos, todas las energías físicas y todo el carácter del que ha de disponer cualquier equipo para lograr semejante  “hazaña”.

La amplitud como principio fundamental para atacar: Piedrahita fue fundamental (envió el centro para el primer gol de Teófilo y anotó el tercero), y Díaz (coautor del primero y cuarto gol) y Fuentes por izquierda, y Moreno por la derecha, completaron la tarea.  La convicción de no renunciar al toque, aun en medio de tan desventajosa situación.

La prestancia técnica y la inteligencia colectiva de Teófilo, algo extraviadas en los últimos meses, inspiraron al resto y además se reencontró con el gol, un antiguo y amigable socio del delantero que se le había distanciado. El ímpetu y entusiasmo de Pérez y Ditta, los centrales, para anticipar, empujar y contagiar. Y Jarlan, en mi opinión, el actor central, el mejor intérprete del juego que tuvo un equipo que jugó brillantemente al fútbol en lo grupal.

Elogios que me veo obligado a extender y de manera personalizada al partidazo que Jarlan, cualitativa y cuantitativamente, desplegó. Creó, condujo, distribuyó pases de todos los estilos; regaló lujos necesarios, se comprometió con el juego; colaboró en la recuperación del balón sin perder un ápice de su calidad creativa, y de contera, fue el que inició la ruta de la esperanza anotando el primer gol.

Si Jarlan internaliza que esas son las claves para ser un verdadero jugador de élite y por lo tanto habitual de la Selección Colombia, entonces tendrá allí su lugar.

Definitivamente un partido de esos que nos reconcilian con la belleza y la esencia primigenia del juego del fútbol. De esos que nos hacen creer que el escritor Javier Marías tenía razón: “fútbol, la recuperación semanal de la infancia”. Que así sea.

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