Capsulas de Carreño

¡Que rebajen las boletas! (Luis David Obando)

Maneras de quemar tiempo en forma reiterada. Foto tomada de El Heraldo.

* En el fútbol colombiano no se llega ni raspando al 58% de tiempo efectivo de un partido de fútbol.

Por Luis David Obando

Si hasta ahora teníamos la percepción de que el fútbol colombiano es lento, parsimonioso y, en términos generales, le falta calidad y juego, ahora disponemos del dato estadístico: en nuestra flamante Liga se juegan en promedio 52 minutos y 8 segundos de los 90 que en un reloj duraría un partido. Es decir, no se llega ni raspando al 58% del tiempo efectivo por el cual los espectadores pagan boleta completa.

Sé que nadie lo tomará en serio, pero he ahí un argumento para, en medio de esta ola de marchas y protestas (y además amenazas de paro de futbolistas), reclamar a viva voz una rebaja proporcional en los valores de boletería y abonos en los estadios. Y, para ser coherentes, para que Acolfutpro incluya en su petitorio una cláusula similar en lo que concierne al salario de sus agremiados.

Admito que tal vez la estadística señalada no sea suficiente. Entonces, para muestra, presento un puñado de estampas, tomadas todas en cualquier jornada del fútbol profesional colombiano (algunos optimistas lo escriben con mayúsculas), para demostrar el verdadero tamaño y los alcances de nuestra Liga. Así que en este caso, cualquier parecido con la realidad no es ninguna coincidencia:

  • Si faltando 4 minutos (¡240 segundos!) para el pitazo final de un partido que va 0-0, el ‘mariscal’ de la zaga del equipo local (pongamos H…z, para no dar nombres propios) toma el balón, se detiene y con las manos hace señales de parar a sus compañeros, y así se quedan todos minuto y medio, eso es fútbol profesional colombiano.
  • Si en ese mismo tiempo y en la misma escena, el equipo visitante ni siquiera intenta presionar a ver qué pasa, no lo dude más: es un juego del fútbol profesional colombiano.
  • Si a cualquier portero le llega un balón suave al pecho, pero al tomarlo se lanza en espectacular palomita al suelo y allí y en esa posición se queda mirando la cancha un minuto, ¡bienvenido a la Liga colombiana!
  • Si a otro arquero (porque no es uno solo, no faltaba más) le pasa un jugador a dos metros, pero ese ‘contacto’ lo deja tan grave que da para atención en la cancha 6 minutos, es porque usted entró a un estadio donde se juega una fecha de la Liga colombiana.
  • Si usted ve que un pelotón de futbolistas se lanza furioso contra el árbitro, y este les da explicaciones de todo tipo para lograr que sigan jugando, está usted viendo un referí colombiano.
  • Por eso, no se extrañe si ese u otro juez ve como le parten la tibia y el peroné al jugador más habilidoso de la cancha, y se va por todo el terreno persiguiendo al agresor para mostrarle solo su reloj. Es porque usted insiste en ver fútbol colombiano.
  • Si un extremo, volante o centrodelantero ve la raya del área chica ajena y por instinto se zambulle como en las escenas de piscina de su niñez, ¿para qué pregunta? Es el espectáculo de los clubes de primera de la Dimayor.
  • Si por igual, otro referí ve una sensacional voladora de un defensor para evitar con su mano un gol inminente, y la señalización es de “¡jueguen!”, o se toma tres minutos en cada tiro de esquina para echar cantaleta para luego pasar por alto seis sujeciones en el área, tres por bando… es porque usted está en el máximo espectáculo del balompié nacional.
  • Si cualquier jugador se enreda con su propio tobillo, cae estrepitosamente dando volteretas y se levanta furioso exigiendo a manotazos tarjeta amarilla para su adversario, quién lo manda: usted está viendo a dos de los 20 mejores equipos profesionales del país.
  • Si un técnico relevó al mejor del partido y se demoró hasta el minuto 90+1 para otros dos cambios urgentes, y en la rueda de prensa se quejó de la altura de la grama y de la encerrona del árbitro para justificar la derrota, seguramente es un DT de la Liga colombiana.

En fin, estampas hay por cantidades y este es solo el inicio de la colección. Se reciben y agradecen aportes.

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