Capsulas de Carreño

¿Quién dijo que los canteranos no ganan torneos? (Luis David Obando López)

 

 

Por Luis David Obando López

Luis David Obando

 

* Aunque usted no lo crea, el autor de la frase no es Juan Carlos Osorio.

 

 

Uno, dos, tres, cuatro… y hasta dieciocho…! Ese fue el número de canteranos que Fernando Pecoso Castro puso a jugar y a ganar en primera, no solo partidos sino una estrella esquiva desde diez años atrás. La experiencia la puso el estratega, y también su sabiduría de viejo lobo de la tribu que conoce el medio y sabe cómo y con quiénes puede obtener lo que quiere, sin arandelas ni complicaciones ni versos ni poses de ningún tipo.

La fórmula es antigua, pero al parecer solo el Pecoso la recordaba. La mechita roja vallecaucana nunca había dado vuelta olímpica hasta que Gabriel Ochoa Uribe, sin mucho canterano pero sí bastante falto de astros en su nómina, puso una columna vertebral de experiencia, con el veterano Alfonso Cañón como líder de campo. El hombre estaba colgando los guayos, pero su viejo entrenador le recordó y le prestó la batuta para abanderar una gesta junto con un puñado de ilustres desconocidos. Era 1979, y América (también de Cali, vea usted) añadía la primera estrella a su escudo. Después se revertiría la fórmula para seguirlas acumulando, pero ese es otro cuento.

Una ecuación similar le sirvió a Miguel Angel Zurdo López (ilustre exverdolaga) para arrebatarle la estrella al Nacional en su propio estadio, en 2004. La anécdota duele tanto que es mejor no abundar en detalles, pero cabe traerla a colación. Fue el día del 5-2 ante el Junior después de perder 3-0 en Barranquilla, y los penales que se llevaron la gloria para la Arenosa, dejando acá un palmo de narices y muchas lágrimas. Y también le servía la fórmula a Zubeldía con su kínder: un eje de experiencia con arquero, un mariscal en la zaga, otro en el medio y alguno bien arriba. El resto era jugar, gustar y ganar.

Ahí tenemos hoy al Cali con Hernández en los tres palos, Nasuti en la defensa y Pérez en la mitad. No necesitaron más ‘cancha’ los azucareros para llegar al triunfo definitivo, al lado de 18 jugadores provenientes de unas divisiones menores ya legendarias pero por bastante tiempo olvidadas, hasta que llegó un viejo zorro y se puso de acuerdo con los directivos, y con esa línea se trazó un horizonte basado en la confianza a los jóvenes, mezclada con buenas dosis de acompañamiento para el aprendizaje de lo que es jugar en primera. Por eso al Pecoso se le puede decir Profesor con todas sus letras y mayúscula: un mentor y líder de una nueva generación que además tumbó el arcaico mito de que la juventud sirve para ganar partidos pero no campeonatos.

Ojalá el aprendizaje cunda en las 20 esquinas de este torneo, y que el eco llegue hasta Sao Paulo, no para hurgar heridas sino para ayudar a entrar en razón sobre el necesario equilibrio entre experiencia y juventud en los equipos de fútbol o de cualquier deporte de conjunto. Así la ganancia será mayor y más colectiva, para que los únicos triunfadores no sean los verdes de Cali, su técnico y jugadores, sino todo un país que aprende sobre un tema que bien hacía falta repasar.


Extratiempo. Una campaña para quitarse el sombrero la del DIM. Si otra vez quedó faltando el centavo para el peso, ya no fue culpa de jugadores, cuerpo técnico (saliente y entrante) y directivos, sino virtudes del oponente, pues en el terreno nunca se planta un solo equipo. Felicitaciones al equipo y especialmente a todos sus fieles seguidores.

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