Capsulas de Carreño

¿Quién es Miguel Simón? (La Nación)

 

Miguel Simón en el Giuseppe Meazza, de Milán, uno de los grandes estadios del deporte a los que conoció gracias a su trabajo periodístico.  Foto tomada de La Nación de Argentina.

*»Recibe cataratas de elogios en Twitter cada vez que relata un partido importante del fútbol europeo; reconocido por su estilo sobrio y su rigor con los datos.. 

En Colombia, colegas suyos, empezando por Tito Pucetti, hablan maravillas del relator argentino.  No necesita gritar.

-El diario La nación, de Argentina, publicó una amplia nota en la que el narrador responde 100 preguntas de Diego Borinsky .. En Cápsulas  extractamos en un comienzo diez.

–Uh, pregunta compleja… Soy una persona que busca armonía. Intento ser honesto conmigo para permitirme ser honesto con el resto, después. Trato de que mis actos tengan que ver con mis palabras. Soy curioso, cuidadoso y apasionado por mi profesión.

2. –¿No te cargaban en el colegio por tener un nombre como apellido?

–No, no, para nada. Ese tema nunca formó parte de mis problemas. Eso sí: armábamos una dupla muy buena con Fernando Carlos, una dupla sin apellido [risa].

3. –¿En la escuela eras de los tragas o de los revoltosos? Te imagino en el primer grupo.

–Hice el primario y el secundario en el Colegio Marianista, en Caballito. No fui abanderado, no era el más estudioso, pero tampoco me llevaba materias. Era cercano a los grupos que agitaban más, aunque tenía buena relación con la mayoría, y hoy mantengo contacto con muchos de ellos. A la del colegio la recuerdo como a una etapa muy linda de mi vida. Me divertía, la pasaba bien. Es lo mismo que me ocurre ahora con el trabajo: para mí, tener ganas de ir a un lugar es clave. Y eso me pasa con el trabajo, o me pasaba antes de la pandemia: tener ganas de ir y de compartir con la gente.

4. –¿A qué se dedicaban tus viejos?

–Vengo de clase media: mi mamá era ama de casa, y mi papá, contador gastronómico. Tengo una hermana dos años mayor, que es arquitecta. A mi papá lo acompañé muchos años, durante mi infancia y mi adolescencia, a ver a sus clientes. La mayoría era española, íbamos a sus restaurantes y aprovechábamos para comer ahí. Mi mamá falleció en 2010, y mi papá, en 2014: mi viejo trabajó hasta los 80 y pico, siempre muy lúcido. Es un gran objetivo para plantearse: llegar a esa edad con lucidez, vitalidad, y pudiendo trabajar.

5. –¿Laburaste de pibe?

–Ayudaba a mi papá a ordenar las facturas. Todo manual, claro. Lo hice mientras estudiaba periodismo: me llevaba las carpetas a mi cuarto y escuchaba los programas deportivos en la radio, Sport 80, la tira de Rivadavia… Intentaba escuchar todo; me gusta la variedad.

6. –¿En los pan y queso eras de los elegidos al principio o al final?

–No me elegían primero, pero tampoco último. Como suelo decirles a mis compañeros: yo no voy a ganar el partido… pero tampoco voy a perderlo. El Marianista es un colegio muy futbolero, y ahí jugaba, como también en los torneos de prensa: soy defensor central zurdo y no suelo cabecear, a pesar de mis 197 centímetros. Tengo alta precisión en los pases, eso sí, y más partidos en papi que en cancha de 11. Equipo que jugaba el campeonato de básquetbol de periodistas: Miguel Romano, Bousquet, Fabián Pérez, Miguel Simón, Mariano Ryan, Marcelo Nogueira y Alejandro Pérez.

7. –¿Al básquetbol no jugaste?

–Empecé en Ferro en las famosas “vacaciones alegres”, pero no despegué. La altura era un punto inicial favorable pero después había que correr, saltar, pensar mucho; es un deporte complejo con una permanente toma de decisiones. Y no tenía esas condiciones. Quisieron ponerme de pivote y a mí me gustaba jugar de frente al aro. No anduvo.

8. –¿Por qué te hiciste hincha de Ferro?

–Mi tío Emilio, el hermano de mi papá, me llevó a la cancha por primera vez cuando tenía 5 años. Mi viejo no era futbolero pero mi tío sí. Y muy hincha de Ferro. Jugaba a las bochas y a la paleta en el club; yo vivía en Caballito, me hice socio e iba a verlo. Tuve la suerte de disfrutar las grandes campañas del equipo de Timoteo. Y también alguna caída, en el sentido estricto de la palabra, en la platea de Ferro. La tengo todavía tatuada arriba de mi ceja derecha: me tropecé en un partido, me estrellé la cabeza contra uno de los apoyabrazos de los asientos y terminaron cosiéndome en el vestuario. Tengo la imagen de los jugadores de la primera pasando a mi lado; cosas que quedan. Me hice dos cortes en canchas; el otro, cubriendo el Nacional B para América, en Platense: se cerró de golpe una puerta, me la di y me pegaron con la gotita, ya eran otros tiempos. La peor de todas, sin embargo, no fue en una cancha, pero se la computo al fútbol. En su querida cancha de Ferro con David Gutiérrez, ex compañero en ESPN.

9. –¿De qué se trata?

–Fue en Corea [del Sur], en el regreso de Maradona a Boca, año 1995. Fui a relatar el partido para América. El día anterior estaba nadando en la pileta, y como no tenía antiparras y llevaba puestos los lentes de contacto, casi no abría los ojos. La pileta tenía esos bordes que son tapados por el agua, y creo que también influyó el jet lag: no vi el borde y me lo puse, mal. Fue un choque violento: me rompí la nariz, sangraba como loco, y me llevaron en una ambulancia a un hospital. Me dieron 14 puntos y me hicieron ir todos los días siguientes al hospital para buscar tres pastillitas y un polvito sanador. Nunca se me hinchó la cara, por suerte: al otro día tenía que salir en cámara para relatar el regreso de Maradona a Boca, con Menotti como comentarista, imaginá. Cuando volví del hospital me agarró Eduardo Eurnekian, el dueño del multimedio, y me dijo: “Nene, ¿vos sos boludo?” [risa]. Yo recién arrancaba. Por suerte pude hacerlo bien. En Argentina me agarró un cirujano plástico y me dijo que los coreanos habían hecho un trabajo impecable.

10. –Vuelvo a Ferro: ¿eras muy fanático? ¿Quién era tu ídolo?

–Disfruté más a Beto Márcico que a Cacho Saccardi, que en Ferro es palabra sagrada. Siempre fui hincha, no al extremo de encerrarme en mi pieza si perdía, pero sí de ir a la cancha y de amargarme en las derrotas. Sigo amargándome, de hecho, aunque no me dura tanto como antes. Navego entre cierta resignación cuando las campañas de Ferro son más o menos como las de siempre y me ilusiono cuando quedamos a un paso del ascenso, como en 2015, cuando nos ganó Santamarina la semifinal del reducido. Aquella vez volví de la cancha recontra amargado con mi hijo. Creía que había perdido ese sentimiento de amargura de hincha, pero no. Es más: hablo con vos y sigo amargándome.
(Fuente: Diario La Nación de Argentina).

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Un comentario

  1. JORGE

    24 mayo, 2021 at 11:49 am

    *Por el perfil de Miguel Simón
    Excelente perfil de extraordinario narrador, es una delicia oir sus narraciones, sin estridencias, bien documentado, imparcial, pausado, con el apunte y el dato en el momento preciso nunca se le oye «pidan domicilio» o «lo sigue hasta en twitter» ni ridiculeces parecidas. Buena seria una clase de esta tipo de narraciones en la liga colombiana «una de las mejores del mundo (???)»,
    Jorge ¿apellido?, ¿ciudad?

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