Capsulas de Carreño

Samitier y Zamora: ídolos y compañeros por siempre

Por John Cardona Arteaga.
Profesor Universidad de Antioquia.
Expresidente DIM.

 

Las competiciones en el fútbol se introducen en las Olimpíadas de París 1900, entregando la medalla de oro a El Upton Park Football Club en representación del Reino Unido, la de plata a La Union des Sociétés Françaises de Sports Athlétiques (USFSA), en nombre de Francia, y la de bronce a la Université Libre de Bruxelles de Bélgica.

Disputaron las preseas, equipos totalmente amateurs correspondientes a clubes deportivos o instituciones educativas. Los resultados no fueron oficiales para la FIFA. No obstante, el Comité Olímpico Internacional-COI reconoció las medallas a los países representados por las entidades finalistas.

España, después de dudarlo mucho, decidió participar en el fútbol olímpico en 1920 en Amberes(Bélgica). Se presentó la natural discusión sobre los jugadores que debían integrar la selección. Los vascos se creían con el derecho a representar a su país, pero los catalanes también opinaban ser ellos los indicados. El Seleccionador designado, Paco Bru, entregó la lista de 22 jugadores preseleccionados con 14 vascos, 4 catalanes y 4 gallegos. Con jóvenes deportistas inexpertos en el campo internacional y con el propósito de aprender ante rivales ya consolidados, la selección se aprestó a enfrentarse a Dinamarca, su primer rival y a la sazón doble subcampeón olímpico en 1908 y 1912.

Tras su triunfo sorpresivo por 1-0 ante los daneses, España cayó ante Bélgica por 1-3, derrotó a Suecia 2-1, a Italia 2-0 y a Países Bajos 3-1. Debe recordarse que la final se jugaba entre Bélgica y Checoslovaquia y que, a raíz de una serie de incidentes y por la actuación parcializada del árbitro, los checoslovacos abandonaron el campo de juego cuando perdían 2-0 y fueron descalificados. Debió jugarse una repesca para definir la medalla de plata entre los equipos que se habían eliminado. Al final España ocupó el segundo lugar después del campeón Bélgica.  Valió la pena incursionar en la competencia internacional para reconocer la fortaleza y calidad de los jugadores españoles.

De esa selección de gran desempeño surgieron dos jóvenes jugadores catalanes que iban a tener una gran importancia en el fútbol de su país y del mundo. Se trata de Ricardo Zamora de 19 años y Josep Samitier de 18 años, puntales para el futuro de la selección y de los clubes que integraron, en especial Barcelona, Español y Real Madrid. En varias oportunidades este par de baluartes se encontraron como compañeros en circunstancias no siempre futboleras.

Josep Samitier

Samitier nació en Barcelona en 1902 y con solo 17 años se vinculó al Barcelona, club en el cual permaneció 13 años convirtiéndose en un verdadero emblema. Obtuvo en ese período cinco copas, doce campeonatos de Cataluña y la primera liga celebrada entre 1928-1929.Fue uno de los grandes goleadores del Barza durante toda su historia. Tuvo por apodos “el hombre langosta” y “el mago”.

En 1933 Barcelona no le renovó su contrato, circunstancia aprovechada por el Real Madrid para ficharlo durante dos temporadas, a instancias de Santiago Bernabeu, quien se había retirado como jugador y era en ese momento un joven y destacado directivo. Este hecho fue considerado como una traición por los aficionados catalanes. Durante ese período acompañó a Ricardo Zamora, su socio en varios equipos. Con la casa blanca obtuvo la Liga de 1933 y la Copa de 1934.

Con la selección española jugó 21 partidos y anotó dos goles.

En 1936 entrenó pocos meses al Atlético de Madrid, debió emigrar a Francia como consecuencia de la guerra civil y se vinculó al OGC Niza, donde se reencontró con Ricardo Zamora y terminó su carrera como jugador en 1939. Como director técnico también se desempeñó en el OGC Niza en 1942 y en el F.C. Barcelona entre 1944 y 1947.

El propio club catalán sintetiza la ficha de su ídolo como jugador y como director técnico.

“Considerado uno de los jugadores más emblemáticos de la historia del FC Barcelona y el mejor delantero europeo de su tiempo, Josep Samitier (Barcelona, 1902 – Barcelona, 1972) lideró el formidable Barça de la edad de oro en los años veinte

Sus acrobacias y sus saltos inverosímiles cautivaron a la afición barcelonista, que pronto lo convirtió en su ídolo y llegó a llamarlo el Hombre Langosta y el Mago. Alrededor de su figura, de una técnica excepcional y una portentosa capacidad rematadora con ambos pies y la cabeza, se edificó un equipo que arrastró al primer boom de la adhesión de las masas en el fútbol, ​​lo que empequeñeció el campo de la calle Industria y posibilitó la construcción del campo de Les Corts (1922) …”

https://www.fcbarcelona.es/es/ficha/648404/josep-samitier#

Sobre la grandeza de Samitier se tiene la referencia en La Roja en el Olimpo, en artículo titulado “José Samitier, el primer Mago”:

“Definir al grandísimo jugador que fue José Samitier es una tarea harto complicada, incluso para los que pudieron disfrutarle en activo. Firma R.C.M. en las páginas de la Jornada Deportiva (un 4 de diciembre de 1923) sobre Sami: «El arte la ciencia y la técnica de Samitier son tan maravillosas, que no hay inteligencia capaz de describirlas con la pluma (…). Su dominio del balón es una cosa absoluta; el máximo de perfección. Samitier juega con el balón y hace de él ‘lo que quiere’. Con su juego inverosímil y ‘tan suyo’ es capaz de desorientar la más unida defensa adversaria e imponer el pánico y el desconcierto al más vivaz guardameta (…) Y tan grande como su don de jugador único y completo es su carácter, su serenidad, inviolables a todo peligro y a todo resultado adverso a su equipo (…). No hay jugadores capaces de vulnerar sus intentos y malograr sus intenciones. Su habilidad es tan grande, su superioridad sobre todos los demás jugadores es tan palpable, que siempre, en todos los instantes de un partido, hay un hueco disponible por donde poner la cabeza o el pie y lograr el goal deseado«.

https://larojaenelolimpo.weebly.com/joseacute-samitier-el-primer-mago.html

Ricardo Zamora

Nació en Barcelona, España, en 1901. En lugar de la medicina, como quería su padre, eligió ser jugador de fútbol y destacarse en el puesto más riesgoso del campo, consagrándose como uno de los arqueros más importantes en la historia del fútbol mundial. Debutó con el Universitary y, con solo 15 años, se vinculó al Español hasta 1919.

En 1920 pasó al F.C. Barcelona con el que conquistó dos Copas de España (1920 y 1922). Regresó al RCD Español en 1922 y sin superar las desavenencias entre ambos clubes por la autorización para su contrato, fue sancionado por un año por la Federación Nacional. Jugó en Español hasta 1930 y fue fichado por el Real Madrid hasta 1936. Zamora ganó con el Español la Copa de 1929 y con el Real Madrid dos Ligas 1931-1932 y 1932-1933 y dos Copas en 1934 y 1936.

Con la Selección Nacional ocupó el arco desde 1920 hasta su retiro en 1936, con la única excepción de las Olimpíadas de Ámsterdam, para las que no fue convocado.

Según la FIFA “aglutinaba las virtudes de un arquero de excepción: reflejos felinos, nervios de acero, fuerte personalidad y una gran seguridad bajo palos. Y una impresionante confianza en sus cualidades, tanta como para inventarse una parada propia, la ‘zamorana’, que consistía en despejar el balón con el antebrazo o codo: una suerte arriesgada y que pocos se atreven a replicar».

Así resalta el propio Real Madrid las condiciones de su ídolo:

“‘El divino’

El futbolista más importante de la década de los treinta en España y uno de los más grandes de nuestra historia. Ricardo Zamora Martínez tenía todas las virtudes imaginables en un guardameta. Por ello era conocido como El divino. Su presencia bajo los palos fue decisiva para que el Real Madrid lograra sus primeras dos Ligas (1931-32 y 1932-33).

Hijo de un médico, Zamora desoyó los consejos de su padre, quien quería que se dedicara también a la medicina. Talento precoz, fichó por el Espanyol con 15 años y ganó una plata olímpica con 19 (en los JJ. OO. de Amberes 1920). Alternó el equipo perico con el Barcelona hasta 1930, cuando fichó por el Real Madrid en medio de una tremenda expectación.

Con Zamora, el equipo blanco dio un salto de calidad. Mostraba seguridad en todas sus acciones. Su posición en la portería era perfecta. Destacaba por sus increíbles reflejos, nervios de acero y personalidad. El Madrid que él lideró acabó invicto la temporada 1931-32, repitiendo título al año siguiente…”

https://www.realmadrid.com/sobre-el-real-madrid/el-club/historia/jugadores-de-leyenda-futbol/ricardo-zamora-martinez

 

En el Libro del Fútbol, Volumen IV, de Abril Educativa y Cultural S.A., Buenos Aires, 1974, pág. 216, se dedica un capítulo detallado a este destacado deportista bajo el título “El “Divino” Zamora”, puntualizando en su ficha técnica: “El mayor arquero español de todos los tiempos. Una excepcional capacidad de reflejos. Segurísimo de manos. Gran sentido de la anticipación. Espectacular por su arrojo, aunque siempre medido y de acuerdo a las circunstancias. Una garantía en el cuidado del arco”

El inicio de la Guerra civil encuentra a Zamora entre dos fuerzas opuestas. Zamora había intervenido con varios artículos de opinión en el diario católico YA, con algunas contradicciones con el gobierno democrático. Debió esconderse varios meses y fue detenido por el Gobierno de la República. Finalmente, tras la intervención de varios interesados entre ellos el gobierno argentino, fue liberado y se asiló en Francia donde jugó en el Niza en compañía de Samitier, jugando las dos últimas temporadas en ese club.

Con relación a su difícil momento político al gestarse la Guerra civil, Marcos Pereda retrata su cautiverio en un interesante artículo bajo el título “Las mil vidas de toda una vida: el mito de Ricardo Zamora”:

“Esos eran los tiempos felices, cuando Ricardo era el futbolista más conocido del mundo. El mejor portero. Un fenómeno social. Días de vino y rosas, que duraron menos de lo que hubieran debido hacerlo.

Más tarde, claro, la guerra, que marca vida y muerte para generaciones de españoles. Que turba, también, la existencia de Zamora. La que nos deja, claro, más historias de esas que se mueven entre realidad y ficción, en un tiempo de relatos donde los relatos tenían (casi) siempre final amargo. Una guerra que le pilla a Zamora en Madrid y en la cual fallecerá un par de veces antes de poder sobrevivir…

Y Zamora vive los primeros meses de guerra escondido en Madrid, intentando pasar lo más desapercibido posible, en casas de amigos, de admiradores. Y allí lo matan varias veces. Primero es el diario francés L´Auto, el organizador del Tour de Francia, quien da la noticia: Zamora ha sido fusilado. Jules Rimet, presidente de la FIFA, confirma la información. Platko, poeta eterno bajo los palos, se lo comenta al corresponsal en Praga de otro periódico francés, L´Écho de Paris. Y el mismo ABC da buena cuenta de los hechos. Recoge la fuente, fidedigna, de un periodista del diario La Mañana, que dice haber visto el cadáver de Ricardo Zamora cosido a balazos, entre la escarcha que se le iba formando en una cuneta cercana a La Moncloa. Mundo Deportivo también publica el deceso, y en una de sus alocuciones radiofónicas Queipo de Llano (Virrey de Andalucía, recuerdo negro de la Historia) muestra su pena por el asesinato del “Guardameta Nacional”. En Valladolid celebran un funeral por el descanso eterno de su alma. Ricardo Zamora estaba muerto, muerto para todos, quizás, salvo para él mismo.

Así, todo aquel verano lo pasó Zamora fallecido, hasta que en octubre los periódicos se acuerdan del hombre que hizo vibrar tantos corazones. Se dan cuenta de que no ha habido confirmación oficial del deceso. Y vuelven, claro, a elucubrar. Ha huido a México, dicen, ha salido de España. Rumores. Hasta que nuevamente Mundo Deportivo da, el 12 de octubre, el dato preciso. Zamora estaba escondido en Madrid, pero ha sido detenido por las autoridades republicanas. Y ha pasado a disposición de un Tribunal Popular. Su suerte es, a estas horas, desconocida. Aquí empieza otro escalón en el relato del Divino.

Porque en la cárcel se va a encontrar el portero el ángel de la guarda más extraño que uno pudiera imaginarse. Un malagueño de la bohemia profunda, poeta ponderado hasta por Borges, jacarandoso y cruel a partes iguales, que responde al nombre de Luis Gálvez y ha tomado una sorprendente importancia dentro del Madrid de la época, donde el gobierno no era gobierno y la guerra llamaba a cada puerta cada madrugada. Es así como, una noche, Gálvez se acerca a La Modelo, y todos se estremecen, pues saben de su poder. Entonces se fija en Zamora, lo abraza con fuerza, lo estruja, besa sus mejillas pálidas y chupadas de antiguo sportman. Y grita, grita mucho, “este es Ricardo Zamora, el famoso guardameta internacional, y es mi amigo, muchas veces me dio de comer. Que nadie le toque un pelo porque yo mismo lo prohíbo, es una injusticia que esté aquí”. Dos días más tarde Zamora vuelve a las calles, sin llegar a comprender del todo su suerte. Mandará una fotografía dedicada a Gálvez (“Para el único hombre al que dejé que me besara en la cárcel”). Años después, en 1940, Gálvez exhibirá esa prueba en su propio juicio sumarísimo, pero no tendrá tanta suerte. El Régimen lo fusila el 20 de abril de aquel año…”

https://ctxt.es/es/20160427/Deportes/5643/Ricardo-Zamora-Espa%C3%B1ol-Guerra-Civil-Luis-Galvez.htm

El tango y los jugadores invitados

El tango fue pródigo en manifestaciones relativas a jugadores españoles, dada la importancia lograda por esta música en los primeros años del siglo anterior, merced a las visitas y presentaciones de los artistas y compositores argentinos, fundamentalmente en Francia y España.

Ya hemos ponderado en otros escritos la amistad que Carlos Gardel logró cosechar con varios jugadores del FC Barcelona, club del cual se declaró hincha, además de Racing Club en Argentina y Peñarol en Uruguay, según los entendidos. En particular la relación con Samitier y Zamora fue profunda y generosa. Gardel solía acompañar al equipo catalán en varios de sus contiendas en España e Inglaterra.

Carlos Gardel con su amigo Josep Samitier en 1928.

 

En una de las versiones del tango Patadura en 1929, Gardel hizo sólido ese reconocimiento al mencionar a varios de sus amigos e ídolos.

“Querés jugar de forward y ser como lo es Piera,
pa’ hacer, como hace Sastre  
de media cancha un gol,
Querer hacerle goles al colosal Zamora,
y ser, como lo es Sami, el mago del balón
Chingás a la pelota,
chingás en el cariño,
el corazón de Platko
te falta, che, chambón. “

A los dos jugadores de nuestra historia se dedicaron varios tangos:
Zamora el divino. Compuesto por Pedro Dell ´Bo y Alfredo Bigeschi
Zamora. Compuesto por Pastor Lana.
Samitier. Compuesto en música por Juan B. Deambrogio (Bachicha) y en letra por M. García Luna. Interpretado por Manolo Planas con la orquesta Bianco- Bachicha.

También existe la versión Instrumental por la orquesta típica Bianco -Bachicha, grabada en 1927.
Sami. Compuesto por Nicolás Verona y “Lito” Mas. Este tango, divulgado a partir de finales de 1928, se refería a la visita de Samitier a Argentina. Al parecer Gardel nunca grabó este tema. Su letra relata ese acontecimiento.

¡SAMI!

Letra: Lito Mas

Música: Nicolás Verona

De las playas argentinas, donde el tango es la ilusión,
tú mereces, bravo Sami, que te brinden la canción,
tú mereces que las notas de un tanguito de arrabal,
lloren penas por tu ausencia, que quizá nos cause mal.
Cuando el tango, rezongando, nos murmure «Samitier»
¡Caballero que has dejado mil recuerdos por doquier!!
brindaremos nuestro aplauso por el «Mago del Balón»,
que vivir horas, nos hizo, de entusiasmo y emoción.

¡Sami!!

capitán del Barcelona…
con tu juego, que emociona,
nos has hecho estremecer…

¡Sami!!
portador de la nobleza
de tu tierra de grandeza…
caballero Samitier!!

¡Cuando llegues a tus lares, a tu tierra inmortal!!
y en los campos de la añeja, de la fiel Ciudad Condal,
tu silueta se deslice sobre el césped tentador…
y retumben los espacios, ante el grito alentador…
no te olvides! ¡Bravo Sami!!Valeroso capitán!…
que los buenos argentinos te recuerdan con afán
Pues dejaste en el Plata simpatías por doquier,! ¡Capitán del Barcelona!!Caballero Samitier!

 

Para complementar estas notas recomendamos consultar la excelente exposición de Marcelo O. Martínez sobre la gran relación de Gardel con Barcelona y sus jugadores

(http://gardel-es.blogspot.com/2011/01/la-cancion-del-barca-patadura.html)

También se puede ampliar la información con el artículo “La historia de amor entre Carlos Gardel y el Barcelona” por Sergio Levinsky en infobae (https://www.infobae.com/america/deportes/2018/09/16/la-historia-de-amor-entre-carlos-gardel-y-el-barcelona/)

 

Se puede escuchar Samitier, tango instrumental por la orquesta típica Bianco-Bachicha, mediante el siguiente link:

 

https://www.youtube.com/watch?v=N2YUBDpPfVA

 

El reconocimiento a jugadores de la talla de Samitier y Zamora trasciende el ámbito nacional y permite estrechar los lazos entre los países, fortaleciendo las relaciones entre el fútbol y la música, particularmente con el género tanguero. Su vínculo personal, musical y deportivo con figuras como Carlos Gardel y otros artistas, reafirma la cercanía entre los pueblos mediante pasiones entrelazadas como el tango y el fútbol. En otro ángulo, se destacan nuevamente las consecuencias resultantes de la situación política en España que dio lugar a preferir el exilio a correr el riesgo y la consecuencia de la cárcel.

Aunque se pregona la universalidad del deporte y su relativa neutralidad hacia los gobiernos y regímenes, más temprano que tarde se hacen visibles las consecuencias de dichos movimientos políticos y los deportistas acusan los efectos, sobre todo si han tomado partido con sus comportamientos y opiniones. Al fin y al cabo, ellos también son ciudadanos.

(John Cardona Arteaga
Profesor Universidad de Antioquia
Expresidente DIM
Medellín, octubre de 2019)

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