Capsulas de Carreño

Sentimientos encontrados. Por Pablo Arbeláez Restrepo

Jean Christophe Peraud, herido de arriba a abajo en la etapa 13 del Tour. Puso en vilo a la prueba con su accidente. Un valiente, el segundo de la general de 2014. Foto cortesía Aso-Le Tour.
 
Por Pablo Arbeláez Restrepo
Pablo Arbelaez
Son miles de kilómetros los que los separan, pero igual comparten el mismo deporte, a la vez que están invadidos por válidos sentimientos.

Este viernes, el Tour de Francia, se vio, conmovido una vez más. Uno de sus dilectos hijos, el local Jean Cristhophe Peraud, 38 años, segundo en la edición de 2014, sufrió una caída tan violenta que tuvo en vilo la prueba hasta que cruzó la meta en Rodez, donde nuevamente Peter Sagan se situó segundo. Esta vez fue Greg van Avermaet quien se convirtió en su verdugo.

Muy lejos de allí, en Amalfi, en el Nordeste de Antioquia, el sentir de Isaac Bolívar (United Healt Care de E.U.) no se debía a un accidente suyo, sino al postrer lamento de no haber podido ganar la segunda etapa de la Clásica Marco Fidel Suárez, que llegó el jueves allí, con victoria de Óscar Sevilla (EPM-Une), recién desempacado de los Nacionales de ruta de España.

El Christophe, de Cristo, se hizo verbo y dolor inmenso en las carnes sangrantes del valiente corredor francés, quien de forma increíble no recibió el número rojo del Tour -distingue al más combativo de la jornada-, tras haber conseguido su hazaña. Llegó a la meta como todo un nazareno, incluso después de las pródigas atenciones que le había brindado el médico de carrera.

Los franceses podrán decir que chapeau -¡me quitó el sombrero!-, por el gesto de valentía del veterano corredor del Ag2r realizado bajo un inclemente sol y 35 grados de temperatura, en tanto los colegas de Isaac Bolívar deberán felicitarlo, porque desde que la fracción salió de Santa Rosa de Osos, quería brindarle un sentido homenaje a su padre que fuera piloto y quien pereció al comando de una avioneta que se enredó con unos cables de alta tensión, cerca de Amalfi. Lo intentó con todo su corazón, como la marca de su equipo, pero no lo logró.

Ese, el de Peraud y Bolivar, es el durísimo ciclismo que viven en su esencia. Una combinación de sentimientos encontrados, tropiezos y vicisitudes, que no todas las veces se ven recompensados, pero sí evidenciados en la fortaleza de ser pedalista. Por encima de todo.

Isaac Bolívar, izquierda, lucha en el embalaje ante Óscar Sevilla y Edwin Carvajal, en la segunda etapa de la Clásica Marco Fidel Suárez que concluyó en Amalfi. Foto cortesía Nuestro ciclismo.com
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