Shakespeare, Gamero y Comesaña. Dagoberto Escorcia, El Heraldo


Por Dagoberto Escorcia, El Heraldo

 

*No es lo mismo trabajar en Ibagué, sin presión, que en Barranquilla.
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“Morir, dormir… ¿Dormir? ¡Tal vez soñar!”. Es una frase del Hamlet de William Shakespeare, pero que bien podría ser interpretada por Craig Shakespeare, que es el hombre de moda en la Premier League. No por ser considerado el poeta de Birmingham sino porque desde que se hizo cargo del Leicester no ha perdido un partido y ha abandonado la zona de descenso, principal causa por la que fue destituido Claudio Ranieri. Con Shakespeare, el Leicester, además, está entre los ochos mejores equipos que disputarán los cuartos de final de la Champions League.

Convertido en un relevista de lujo en el banquillo de su equipo del alma, si fuera pitcher, Shakespeare tendría hoy una estadística que multiplicaría su cotización en las Grandes Ligas porque lo que ha hecho con el Leicester vale el doble.

Lo que es cierto es que el cambio traumático de entrenador le ha salido bien al dueño del Leicester. Y seguramente es lo que pretende la directiva del Junior al destituir a Alberto Gamero y sustituirlo por el ‘salvador’ Julio Comesaña.

No es algo nuevo en el fútbol. La primera cabeza que cae en un equipo siempre es la del entrenador. Pasa aquí y en la Conchinchina. Florentino Pérez, en su primera etapa como presidente del Real Madrid (2000-2006) utilizó a seis entrenadores. Y entre 2009-2017 lleva cuatro. Se dio el caso que Florentino llegó a despedir a Vicente del Bosque, que había ganado en tres años y medio, una Copa Intercontinental, 2 Champions y 2 Ligas españolas, y hombre de la casa blanca, simplemente porque no le gustaba su aspecto. Por eso lo sustituyó por Carlos Queiroz, elegante, de pelo engominado. Puro capricho.

La sustitución de Gamero a simple vista puede ser interpretada como una decisión precipitada, y de una absoluta falta de paciencia por parte de la directiva y del entorno que rodea al equipo barranquillero. Gamero llegó con una maleta cargada de ilusiones. Dejó claro que venía a trabajar, que iba a exigir a los jugadores el máximo y que en su proyecto contemplaba el seguimiento profundo de las divisiones inferiores del club. Un proyecto firmado para dos años, pero que duró cuatro meses.

La falta de resultados es lo que en definitiva dicta sentencia sobre los entrenadores, y no sólo de los grandes, sino más aun en los mediocres, esos que están en otra guerra en la tabla. Cualquier técnico de un equipo menor tendría que aplicar siempre la máxima de Johan Cruyff: “Si no puedes ganar, preocúpate de no perder”. Y es por culpa de las derrotas que el proyecto Gamero ha sido abortado sin apenas darle el tiempo necesario para acoplar a los nueve jugadores que contrató.

La enseñanza que le queda al técnico costeño, que soñaba con dirigir a Junior, es que no es lo mismo trabajar en Ibagué, sin presión, que en Barranquilla, donde la olla siempre está hirviendo.
(Columna tomada del diario El Heraldo).

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