
Por Leonardo Véliz, La Tercera-Chile
*Los cracks en cada partido cambian de look lo que dura un reggaeton.
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Vivimos días de profundos cambios. Desde religiones ancestrales a credos contemporáneos. De países socialistas a sistemas capitalistas. De la inteligencia emocional a la inteligencia artificial.
Cambia todo cambia y el fútbol también sufre estas evoluciones. Se construyen estadios para masivas concurrencias, pero el odio y la violencia se oponen a su éxito.
Las reglas del juego se manosean como la verdad no soporta la injusticia. La rebeldía del amague, o finta, da paso a la sumisión del pragmatismo. Se destituye el talento y el riesgo.
Los cracks en cada partido cambian de look lo que dura un reggaeton, antes el pelo largo se mantenía hasta que los Beatles compusieran nuevos discos o hasta que a Lennon le quitaran la vida. Las camisetas eran de colección y ahora son de mercantil ocasión.
Y los entrenadores ante el inestable poder cambian la identidad apenas se abre una puerta para poner su sello personal. Es cierto que el fútbol es evolutivo y dinámico. Pero a cambiar su identidad es harina de otro costal. Hoy todo es intensidad y cantidad menos pausa y calidad.
Y los albos (Colo Colo) con lo suyo. Un director cuando tiene claridad en su orquesta, empieza a depender de los músicos. Y Guede hasta el momento desafina con su cuarteto musical.
El hincha por saciarse consume lo que le ofrecen. Es lo mismo una picá con mesa sin mantel que un elegante restaurant. Una porotada que un filete mignon. La cosa es tragar sin respirar. La inteligencia está bajo tierra y resucita la brutalidad. Degustar una buena comida involucra muchas más cosas que simplemente tragar.
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