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Por Luis Felipe Gómez Isaza.
Columnista Cápsulas.

*Si por la DIMAYOR fuera, tendríamos un campeón cada semana y le daríamos gusto a todos los equipos del club de los treinta y seis.
Desde hace 23 años, aparecieron los torneos cortos y desde hace trece las Superligas que convocan en dos partidos, los campeones de los torneos del último año. Cuando llegué al futbol como hincha incipiente, el verde tenía una estrella, Millonarios era el dominador inalcanzable con nueve y América no tenía si no, memorias de partidos ganados.
En todo este tiempo Nacional se apoderó de todas las copas y sumando, sumando, llegó a treinta y seis. Tener tres torneos sirve, no para que el fútbol colombiano con sus emociones y mediocridades crezca en calidad si no para que el producto comercial, en este caso el fútbol, se venda sin conmiseración y aumenten las arcas de la organización y de algunos equipos.
La Superliga es un torneo corto entre dos que usualmente no es bueno ni emocionante. Los equipos recién llegan de pretemporada, apenas calientan motores y el resultado de los juegos es un bodrio fatigante y mediocre que apenas se deja ver. En esta ocasión, Atlético Nacional y Bucaramanga se encontraron para definir el mini torneo. Bucaramanga arribó luego de setenta y cinco años sin títulos y cuando lo logró ante Santa Fe, casi nos deja sin el jefe Carreño.
Aldair Quintana, se defendió como un León y llevó al canario a su primera Copa Libertadores y también a su primer campeonato. Por el lado verde, luego de un decepcionante veinticuatro uno, los jugadores se encontraron con el juego y la suerte y, en un mes memorable se alzaron con la Copa y la Liga. Eso que el paso a la final fue facilitado dizque por el mejor delantero del año y del exuberante proceso Gamero, quienes en Pasto no fueron capaces de meterle un golcito al equipo del Galeras.
Partidos malos y aburridores y estos dos que vimos de la Superliga. Bucaramanga parecía el Once Caldas campeón de la Libertadores, jugando al limite, quemando tiempo y esperando un milagro de una pelota parada. Producto del jueguito ese lesionaron tres verdes en el primer partido y como el intenso juego del técnico paraguayo los llevaba no a faltas si no a unas agresiones alevosas, terminaron jugando los dos partidos con diez jugadores hecho que los llevó a meterse debajo de los palos y a fingir con cualquier toque una comedia de simulación extrema que intentaba convencer a los árbitros para que expulsaran un verde y así equilibrar las cargas, además, demoraron el juego e hicieron todo lo posible por llegar a los lanzamientos desde el punto penal y meritoriamente hasta allá llegaron.
Esta vez Chipi Chipi fue superior a Quintana y luego del paredón de fusilamiento Nacional se quedó con el título. Como podría este torneo tan malo y decepcionante desaparecer? No sé, ojalá se les ocurriera una idea mejor, sin embargo, por vender y ganar parece que todo esta permitido, hasta padecer una serie de estas, tan mala.






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