Capsulas de Carreño

Tras la amarga Copa, la esperanza de una dulce Liga (Luis David Obando López)

Luis David ObandoPor Luis David Obando López

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*Las expectativas tal vez estén bajitas, pero la fiesta empieza con el rodar del balón.
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Bueno… ¡esta vez tampoco fue! De nuevo, campeones antes de salir, para un regreso con el rabo entre las patas. Una desilusión sin atenuantes la de nuestra Selección, con tantos diagnósticos a esta hora que se confunde uno al compararlas con los elogios previos al certamen surcontinental. Así somos, así nos va… Y se cierra un capítulo para empezar otro, esta vez local, mientras pasan otros doce meses para la fiesta de la Eurocopa, ese Mundial sin Brasil ni Argentina.

No es que sea conformismo: vale la pena gozar con el rodar de la pelota en la Liga Águila 2015-2. Sin muchas expectativas para ningún equipo, dicho sea de paso. Una de las previas al campeonato más insulsas que se recuerden, sin contrataciones de postín ni clásicos en la apertura ni técnicos que uno asegure sacarán campeona a su escuadra. A primera vista diría que los equipos, más que armarse, se desarmaron. Escéptico que es uno en esta parte del año…

Por los lados de la Bella Villa, muchas ganas de saber qué es lo que va a pasar: a qué va a jugar Nacional y, sobre todo, cómo va a hacerlo. ¿Habrá de nuevo alegría entre pase y pase, entre gol y gol, o seguirá la senda del desespero y del bostezo a la que nos habíamos acostumbrado el último año? ¿Resucitarán para el fútbol los muertos que tantos mataron después de tantas agonías de 90 minutos, o terminarán de hundirse en una transferencia a cualquier equipo de la zona de descenso? En mi caso, resultan más emocionantes las preguntas que la espera misma.

Tampoco es que se respire mucha ansiedad en las toldas rojas. Ya está de nuevo Leonel, tantas veces pedido, y la llegada de Torres y el regreso de Arias y Mosquera al menos dan para repetir el “este año sí” después de los “casi” recientes. Pero no se siente fiebre roja, no se respira aún la fiesta que de seguro se tomará el Atanasio cada vez que salte a la cancha el Poderoso versión 2015-2.

En épocas de sequía, en otras sedes no es que llueva. Ni el propio Millonarios cree en sí mismo, y Santa Fe es un gran interrogante con nuevo DT a bordo de un equipo con más salidas que entradas en los últimos seis meses. En Cali la apuesta es por la cantidad de nuevas figuras azucareras, y las uñas a ya no más poder morder con un América que hace todos los méritos del mundo para permanecer en la B con una hinchada de la A. En Barranquilla ahora despierta más pasión Char con su candidatura que con su equipo Tiburón, y en otras plazas queda la esperanza de que la ruleta se incline hacia allá al menos hasta alguna fase cercana a la gran final.

No importa. Dicen los españoles: “Corrida de expectación, corrida de decepción”. Como aquí las expectativas están tan supremamente bajitas tras el chasco de Colombia en Chile, nadie quita que la Liga nos regale partidazos, emociones, cantidades de gritos de gol, los mejores arbitrajes del continente y una final en la que quepan muchos más de dos por los méritos alcanzados a fuerza de celebraciones y de puntos.

¿Será mucho pedir? A esta altura del juego (es decir, cuando todavía no empieza el primero) lo mejor es que todo está por suceder. Rico escuchar y leer comentarios antes del torneo, para luego compararlos con los que se lean y oigan al final, cuando haya muchos descabezados y solo un equipo dando la vuelta olímpica. Justo como en el antes y el después de Colombia en Chile. ¡Eso es lo hermoso del fútbol, carajo!

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