Capsulas de Carreño

Tres puntos… pero suspensivos. Por Jorge Iván Londoño Maya

Por Jorge Iván Londoño Maya

*Hay que aprovechar estos momentos, porque no siempre nos vamos a encontrar con árbitros como el de anoche.

Los puntos ganados anoche por Nacional fueron tres, pero suspensivos, porque amen de haber ganado, y nada menos que a Millonarios, el rival que ganarle nos hace erizar, dejan un mar de interrogantes.

 

Que se ganó, claro que sí, pero con un juego plagado de faltas, de malas entregas, de lagunas tácticas, acusando “un algo” en casi todos los jugadores, comenzando por nuestro gran Armani. Con jugadores idos del partido como Macnelly y Nieto. Un equipo que olvidó el libreto del medio campo y  sin ideas frente a un Millonarios que hizo las cosas mejor, y que se paró como si tuviera las otroras piernas de Viena Ruiz; de ñapa, apretando desde arriba, para meter a Nacional en “la sin salida”; y porque no decirlo, mostrando una dirección técnica con más recursos tácticos y con una muy eficiente planeación del partido.

 

Nacional tuvo dos semanas de preparación para este partido, por lo que creímos que llegaría adobado, impregnado de aliños y especias, pero resultó desabrido, soso, y sin gusto alguno, y para ajustar, todavía fresco el sinsabor de la impensable eliminación de la Copa Colombia, de la cual somos los actuales campeones, como también lo somos de la Liga Águila, y léase bien…..de la Copa Libertadores. ¿O es que ya se nos olvidó de que equipo estamos tratando?

 

Este Nacional de hoy es impredecible, vive deshojando margaritas: juego bien, juego mal, juego bien, juego mal. Hasta en aspectos tan propios del fútbol,  como lo son los cobros de los tiros libres y de esquina, que antes en Nacional daban rentables dividendos, hoy se volvieron paisaje.

 

Para aplaudir la entrega de Dayro. No importa que dos o tres opciones las haya dilapidado, pero en dos logró concretar. El penalti cobrado al son de un vals y el tercero un remate al son de una marcha militar alemana.

 

Jugadores, cuerpo técnico y seguidores, seguimos en la brega, aprendiendo los últimos a entender un equipo de altibajos, sin coherencia en su patrón de juego, aferrados a alguna genialidad de sus individualidades o a una escasa jugada colectiva de esas que levantan estadios enteros.

 

Hay que aprovechar estos momentos, porque no siempre nos vamos a encontrar con árbitros como el de anoche, tan generosos en la medición del tiempo de adición, y porque gracias a Dios no usan Rolex.

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