Capsulas de Carreño

Un día en la vida de…

Rouget Taborda el 19 de junio de 1990. Alemania 1 – Colombia 1,  transmisión OTI. Foto cortesía.

Por Williams Viera desde USA.
Columnista Cápsulas

 

Hay selecciones con historia y selecciones sin historia. Es la única división de la que habló Frank Beckenbauer, seleccionador de Alemania Federal, en el Mundial de Italia, después de empatar, 1-1, con Colombia, el martes 19 de junio de 1990, en el cierre del Grupo D, en el ‘Giuseppe Meazza’, también conocido como estadio ‘San Ciro’.

En Stern, una revista semanal de noticias que se publica en territorio alemán, ‘El Káiser’ Beckenbauer, al hablar del título, reconoció en una edición extraordinaria que salió el lunes 9 de julio de ese año, “Colombia nos despertó. En ese juego llegamos relajados luego de los triunfos ante Yugoslavia, 4-1, y Emiratos Árabes Unidos, 5-1. Pensamos que íbamos a golear, pero en esa selección que regresaba a un Mundial tuvo un jugador como Carlos Valderrama que nos hizo de todo en la cancha, nunca lo encontramos, es la verdad, y en el momento del empate, todavía sigo sin explicarme cómo hizo para dar el pase con su pierna izquierda a Freddy Rincón, quien vio a nuestro arquero, Bodo Illgner, caminando, agachado y con las piernas abiertas. En ese arco de las piernas, el balón ingresó por un túnel hasta que llegó al fondo de la red de nuestro arco. Esa anotación le permitió a nuestro rival, entrar en la historia del fútbol mundial”.

Pool de programadoras, unificadas en OTI, para transmitir en Colombia el Mundial Italia 90, por sus cadenas Uno y Dos.

Aquel día, en Colombia, sólo se hablaba de ese partido y nadie se fijó en la noticia que aparecía en los diarios, en la parte de abajo, que el escritor peruano Mario Vargas Llosa aseguraba que había recobrado la libertad y la vida luego de perder las elecciones presidenciales con Alberto Fujimori.

La gente, aquella mañana del 19 de junio de 1990, compraba los periódicos que costaban 150 pesos y que, en la mayoría, traían, como ‘El Tiempo’, ‘El Espectador’, ‘El Colombiano’, ‘Occidente’ y ‘El País’, entre otros, separatas especiales dedicadas al Mundial,  pero también adquirían los dos semanarios deportivos de entonces, ‘Balón’ y ‘Nuevo Estadio’, para saber en detalle de los antecedentes de aquel certamen en el que la radio informaba con sus enviados especiales de lo que ocurría con las 24 selecciones que jugaban en los 12 estadios designados que correspondían a igual número de ciudades italianas.

Sin embargo, la televisión por intermedio de Inravisión y sus Cadenas ‘Uno’ y ‘Dos’, era la reina a la hora de los partidos debido al pool de programadoras que integraban OTI Colombia, empresa que transmitía los eventos deportivos con sus afiliadas Caracol Televisión, RCN Televisión, Producciones Punch, Producciones JES, RTI y Datos y Mensajes.

Era la época en que no existían los canales privados ni el Internet y mucho menos las redes sociales. El personal designado para esas transmisiones internacionales llegaban a las instalaciones de Inravisión, ubicadas en Bogotá, en la carrera séptima con calle 21, para narrar y comentar la señal que recibían a través de la Estación de Comunicaciones que existía desde 1970 en la vereda Agua Caliente de Chocontá, Cundinamarca.

En el grupo de comunicadores estaban para esa jornada televisiva Rouget Taborda, Germán Eduardo Kairuz, Mario César Otálvaro, William Vinasco Ché, Jairo Moncada Cortés y Carlos Julio Guzmán, quien hasta el día de hoy no se sabe qué sucedió con él porque no apareció en el estudio ni nadie lo explicó en ese momento.

 

SE INCENDIA EL BARRIO

Rouget Taborda empezó muy joven en la radio deportiva, siendo estudiante de derecho.

Mientras en Inravisión se trabajaba para que la transmisión Colombia-Alemania fuera todo un éxito, en la casa de los Taborda, ubicada en la carrera 12C, en el barrio Villacolombia, en Cali, esperaban la consabida llamada telefónica. La más ansiosa, como siempre, era María Lilia (q.e.p.d.), madre de Rouget mientras que su padre, Jorge Enrique (q.e.p.d.), estaba tranquilo viendo el Noticiero de las 7, por la Cadena Dos, pero ya le había dicho, “nuestro hijo, esta noche, no va a llamar. Recuerda que mañana es el día más importante de la selección en el Mundial”.

Sin embargo, aquella noche, 18 de junio de 1990, repicó el teléfono y la señora María Lilia recibió la noticia y las lágrimas le inundaron los ojos por la emoción de saber que su hijo tenía una gran oportunidad mientras observaba a su esposo, Jorge Enrique, sentado en la sala, pero mirando la telenovela ‘Música maestro’, producida por Caracol Televisión, que se transmitía por la Cadena Dos de Inravisión.

Rouget Taborda le había contado a su progenitora que estaría en la televisión junto a Vinasco Ché y Germán Keiruz en aquel compromiso que paralizaría al país.

 

¿QUIÉN CONTÓ?

Lo curioso es que aquella información se regó como pólvora en el barrio sin que nadie se la hubiese atribuido. Entonces, los vecinos sacaron las sillas y los consabidos bafles y bailaron salsa y tomaron cerveza y aguardiente hasta el amanecer en honor del hijo más connotado de la calle 12C, del barrio Villacolombia. Es más, hoy, los más veteranos, en las charlas en el parque con sus nietos y nietas o tomando café con los amigos, hablan de ese momento.

Pelé, considerado el mejor futbolista del Siglo XX, junto a Roguet Taborda.

Sin lugar a dudas, aquella fiesta previa a ese partido, fue la más alegre aunque las cosas sucedían separadas. Pero a veces se juntaban y los Taborda entendieron que no había victoria sin sacrificios. Y en aquel momento hicieron una retrospectiva.

Entonces encontraron que, el 1 de septiembre de 1978, Rouget Taborda había firmado su primer contrato laboral en Súper con un salario de 3.480 pesos mensuales mientras adelantaba sus estudios de derecho en la Universidad Santiago de Cali, en la época en que ese centro de estudios superiores estaba ubicado en la avenida sexta, al frente del teatro Calima.

El tiempo transcurrió y un día, parqueando la moto en la sala de la casa, escuchó que el teléfono, de esos de color negro y con auricular pesado, sonaba de manera insistente. Levantó la bocina y la voz de una secretaria le dijo: “Esta tarde lo esperan en la gerencia de RCN”.

Rouget atendió el llamado y empezó a trabajar, en febrero de 1981, en el grupo deportivo que integraban Rafael Villegas, Humberto Quiceno, Jairo Chávez Ávila, Héctor Darío Sánchez (q.e.p.d.), conocido como ‘Hedasan’; y José Antonio ‘Tony’ Rodríguez.

La alegría de trabajar, en ese entonces, en la ‘Organización Ardila Lülle’ fue corta. En noviembre de ese año llegaron Mario Alfonso Escobar y Rafael Araujo Gámez. El doctor ‘Mao’ reunió al grupo y les dijo, “vamos a hacer una reestructuración y los quiero a todos tiempo completo. Usted Taborda, estudia en la universidad y debe buscar la manera de hacerlo; y usted Quiceno, quien trabaja en Camacol, tiene que decidir entre allá o acá”.

 

UN TOQUE DE HUMOR

A Humberto Quiceno, el día que lo despidieron de RCN, lo convirtieron en empresario de fútbol.

Los días transcurrieron y Taborda, debido al humor que le caracteriza, le decía a Quiceno, “un día vamos a llegar y nos tienen la carta de despido”.

Y la frase se cumplió un lunes. El estudiante que estaba en décimo semestre de derecho llegó al ‘Palacete de Versalles’, en donde quedaba RCN, y la misma secretaria que lo había llamado para que se vinculara al grupo deportivo, le tenía la noticia dentro de un sobre blanco.

“¿Es lo que creo?”, dijo Taborda. Luego se puso el índice en la sien, y precisó: “tranquila, déme la carta de Humberto que yo se la entrego allá afuera”.

Tanto Taborda como Quiceno recogieron sus cosas y se fueron sin despedirse de nadie. El despido de los dos comunicadores fue un escándalo por esos días en los medios impresos, especialmente en ‘El Caleño’, en la columna que escribía ‘La madrina’.

Sin embargo, las horas transcurrieron y Humberto Pava, de Súper, le ofreció a Rouget Taborda que volviese. El estudiante de derecho que acababa de almorzar un plato de sancocho, acompañado de arroz y de una Coca-Cola, se levantó del asiento del comedor y salió en su moto.

En la oficina lo esperaba Pava y en el teléfono estaban, desde Bogotá, Sergio ‘El Mundialista’ Ramírez y Óscar ‘Trapito’ Pérez.

“Usted decide, Rouget, pero ya está en la nómina de Súper. Empieza a trabajar a las 6:30 de esta tarde. Y lo hará junto a Rafael Palomino (q.e.p.d.), Rafael Medina Corrales (q.e.p.d.), Fernando Abadía, Jorge ‘Pantalonzote’ López y Diego Galvis”, le dijo ‘Trapito’ Pérez.

 

RECORDÓ UNA FRASE

Rouget Taborda en este tiempo de encierro, debido al Covid-19, pero hablando del deporte que lo apasiona.

En ese momento, Rouget Taborda recordó una frase que por aquellos días había aprendido y que era de Theodore Roosevelt, “de lejos, el mejor premio que ofrece la vida es la oportunidad de trabajar duro en el trabajo que vale la pena hacer”.

Entonces, el futuro abogado que ejercía el oficio de comentarista deportivo aceptó, pero sintió que podía regresar a la casa y llorar de felicidad junto a los suyos aunque se dijo, “uno nunca llora por una sola cosa, cada vez que llora”.

Le encantaba volver a estar frente al micrófono y comentar lo que acontecía en el tapete verde, pero otra oportunidad se le presentó en el camino y Óscar Rentería Jiménez, quien era director y gerente de Radio 24 del Grupo Radial Colombiano, le ofreció trabajar en aquella empresa junto a Palomino.

“A usted, Rouget, como a Raúl, los necesitamos. Las puertas están abiertas, pero el lugar de trabajo es en Medellín”, le dijo Rentería.

 

«SU FUTURO ESTÁ AQUÍ

Rouget Taborda en su oficina de RCN Medellín, edificio Coltejer.

Era una buena oportunidad de conocer otros rumbos en el campo periodístico. Narrador y comentarista se lanzaron a la aventura, en diciembre de 1982. Sin embargo, dos meses después, Rouget Taborda volvería a RCN y el 2 de mayo de 1983 empezaría a trabajar al lado de Jorge Eliécer Campuzano y Javier Hernández Bonnet luego que Francisco Restrepo Arroyabe (q.e.p.d.), director nacional de deportes de la ‘Organización Ardila Lülle’, lo había convencido de regresar a su casa.

“La radio es una pasión y en esta empresa muchos de nosotros la hacemos grande. Su futuro está aquí”, le dijo Restrepo.

El tiempo es el mejor guerrero de todos y en el caso de Taborda, el tiempo decidió la forma del universo. Habían transcurrido, en ese entonces, 12 años desde su comienzo, pero ese martes, 19 de junio de 1990, quedó grabado en su memoria y en la de todos aquellos que lo conocían, especialmente, allá en la calle 12C, de Villacolombia, en donde existe una propuesta, entre los más viejos, de poner una placa recordatoria, en la casa en la que vivió, como en los viejos tiempos, y que diga, “aquí creció Rouget Taborda, uno de los mejores comentaristas deportivos de Colombia”.

Y esa idea surgió, exactamente, en el momento en que lo vieron y lo escucharon durante el juego Colombia-Alemania, pero sin saber que en el instante del gol de Rincón, todo el personal técnico de Inravisión, las aseadoras y las personas que hacían el tinto, corrieron sin importarles que se podían caer las cámaras que eran enormes y pesadas. Corrieron hacia William Vinasco Ché, Germán Keiruz y Rouget Taborda para abrazarlos y gritar “gol de Colombia” mientras en el exterior de aquella edificación, cientos de miles de personas alzaban los brazos y abrían la boca vociferando el empate colombiano, en el minuto 90, después de las dudas y los ceños fruncidos cuando a los 88 minutos Pierre Littbarski hizo el gol alemán. En ese instante se juntaron los dolores de la vida con los dolores del fútbol.

A veces las cosas regresan como fueron. A veces no. Regresan, modificadas. Y Rouget Taborda puede decirle a sus seres más queridos, que él estuvo en esa transmisión televisiva. Y la mejor evidencia es una foto que él tiene en la oficina de RCN, en Medellín, en donde se le puede ver que aparece, hace 30 años, durante la presentación de esa gesta deportiva y que fue tomada por su hermano, Jorge Enrique, pero sin que tenga ningún epígrafe que podría ser, “el día del milagro de la selección Colombia ante los tanques alemanes. Una fecha en la que a nadie se le ocurrió trabajar debido a la gloria inmarcesible de nuestro júbilo inmortal”.

Así de simple, como es la vida que lleva Rouget Taborda en Medellín y quien no ha olvidado bailar salsa hasta el punto que sus más allegados le dicen que “es un trompo bailador”.
(Fuente: Williams Viera, [email protected])

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Un comentario

  1. Anselmo Ospina Marin

    30 junio, 2020 at 1:25 pm

    *Por un día en la vida de Rouget Taborda
    Felicitaciones mompita, lo soñaste, lo buscaste y lo lograste.Tu llaveria de siempre.
    Anselmo Ospina Marín, Cali

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