Por María Victoria Zapata B.
*Un equipo con aspiraciones no puede continuar jugando de la manera como está jugando el DIM.
“Vamos a Tunja con la ilusión de los tres puntos. Dios quiera que se pueda lograr”. (http://futbolete.com/dalerojo-net/leonel-alvarez-vamos-a-tunja-con-la-ilusion-de-los-tres-puntos).
En los anteriores términos se expresaba el técnico del DIM, Leonel Álvarez, horas antes de la realización del partido ante Boyacá-Chicó. Y era este, a su vez, el anhelo de toda la hinchada roja: Tres puntos que nos regresaran al grupo de los ocho, tres puntos que nos afianzaran en la cima de la reclasificación, tres puntos que acabaran con la supremacía ajedrezada en su propio estadio y tres puntos que señalaran el resurgimiento del fútbol Poderoso, tan venido a menos en las últimas fechas.
Un extraño gol del zaguero argentino Matías Cahais, al minuto 75 y después del cobro de tiro de esquina, le entregó los tres puntos al DIM, rompió el maleficio y pudo ganar, por fin, en el estadio La Independencia, de la ciudad de Tunja.
Sin embargo el comportamiento del cuadro rojo no estuvo en concordancia con la ambición expresada por el orientador Álvarez. Si bien es cierto el DIM fue dueño del balón durante gran parte del período inicial y una fracción del complemento, también lo es que el equipo careció juego por los costados, manejo en mitad de campo, ruptura del bloque defensivo rival, orden, profundidad y, nuevamente, definición.
En el segundo tiempo, y no obstante la posesión del esférico durante los primeros minutos, el DIM se quedó rápidamente sin oxígeno y le entregó el balón y la iniciativa al cuadro local. Y muy pronto, también, perdió a su primer jugador por lesión: Luis Carlos Arias, quien fue relevado por el atacante Fabio Burbano, al minuto 52. Desde ese momento, el DIM reorganizó el sector defensivo y le hizo frente al acercamiento del Boyacá-Chicó a predios de David González.
Al minuto 75, Independiente Medellín perdió su segundo jugador por lesión, el que, hasta ese momento, había tenido el mejor desempeño en la maltrecha cancha del estadio La Independencia: Hernán Hechalar.
Y sesenta segundos después, llegó la celebración por un insólito gol nacido de un tiro de esquina ejecutado por Cristian Marrugo. Un balón de rebote que golpeó en el rostro al zaguero Matías Cahais y se incrustó en la red, significó la primera victoria roja en la capital boyacense, acabó con el maleficio de once años y, con más azar que juego preconcebido, le entregó tres puntos de oro al Deportivo Independiente Medellín.
Tranquilidad relativa
No se puede desconocer la importancia, en términos matemáticos y anímicos, del triunfo obtenido anoche en la ciudad de Tunja. Esos tres puntos valen un potosí, pero…
Sigue preocupando, y demasiado, el fútbol del DIM, un equipo que continúa distante de aquel de las primeras fechas, un cuadro rojo que muestra muy escasa mejoría en su nivel a pesar del receso obligado por la iniciación de las eliminatorias al Mundial, Rusia 2018, un onceno que ha perdido su confianza en idéntica proporción a su hasta hace poco llamativo estilo de juego.
Fue muy pobre la presentación del Deportivo Independiente Medellín en el estadio La Independencia y esta verdad no la pueden ocultar la fortuita anotación de Cahais ni la victoria que nuevamente nos ingresa al grupo de los ocho y nos da un leve respiro en la reclasificación. El triunfo a domicilio no basta para tapar el enorme hueco en el rendimiento colectivo actual que, a falta de cinco fechas para la conclusión del torneo en su fase clasificatoria, es más que precario.
Y es que el fútbol que exhibió el DIM en el estadio La Independencia, de Tunja, no se compadece de su nómina, de su cuerpo técnico, del esfuerzo de sus directivos, de la ilusión de su hinchada y, mucho menos de las expectativas y aspiraciones de toda la familia roja. Tal como lo he señalado en oportunidades anteriores, el equipo puede dar más, mucho más, y tiene como hacerlo pero, infortunadamente, sigue aumentando su deuda con un fútbol que no puede, individual ni colectivamente, ser de ratos ni con unos goles que no tienen por que ser gestados en la casualidad.
No. No puede haber tranquilidad con un Medellín que vuelve a malograr todas sus fortalezas y que, línea por línea, se desdibuja por el bajo rendimiento de casi todos sus jugadores, algo incomprensible a esta altura del campeonato.
La serenidad empezará a avizorarse el próximo domingo si el DIM no solo derrota a Uniautónoma sino que el triunfo local viene acompañado de fútbol, de jerarquía, de combatividad y de toda esa gama de auspiciosas características que el equipo nos enseñara a comienzos del torneo y que, de manera inexplicable , desdeñó en aras de un fútbol improductivo e infeliz.
Un equipo con aspiraciones no puede continuar jugando de la manera como está jugando el DIM. Y así como un gol de azar rompió el maleficio en Tunja, jugadores y cuerpo técnico están en capacidad y también en la obligación, de acabar con esta racha de fútbol sin color ni sabor en el DIM, que es otro gravísimo “maleficio” en las últimas fechas.
Porque contamos con jugadores y cuerpo técnico cualificados, ante Uniautónoma, esperamos ver un Independiente Medellín ambicioso, corajudo, coherente y eficaz. Un
Medellín que no deje dudas, un Medellín que juegue al fútbol y refrende su ambición. Un Medellín que nos devuelva la ilusión y la tranquilidad. …!!!
[María Victoria Zapata B.]





Haz un comentario