Capsulas de Carreño

Un relato de miedo y terror.. (w.v desde USA)

El Espectador y su página de deportes en la que se da a conocer la suspensión del campeonato en 1989.

*“Todos se desviaron, de una se corrompieron; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”.. Salmo 14, versículo 3.

Por Williams Viera.
Desde USA.

 

 

Aquel sábado, 17 de marzo de 1990, el hombre que había encendido la pipa sentía como si fuese domingo porque no iba a la fábrica de la que era propietario mientras miraba por la ventana de la habitación del hotel en que se encontraba alojado. Entonces, en ese instante, entendió que el camino hacia el poder estaba pavimentado de hipocresía.

Él estaba ahí por el amor que le profesaba al fútbol, un deporte que se juega entre dos conjuntos de once jugadores y algunos árbitros que se ocupan de que las normas se cumplan correctamente en lo que se denomina, en sociología, la escenificación de la épica al alcance de todo el mundo.

De pronto, desde la posición que ocupaba, había conocido diversas experiencias acerca de la moral y de las obligaciones de los hombres acompañadas de una mezcla de sentimentalidad y salvajismo.

Alex Gorayeb el día que anunció la cancelación del torneo colombiano en 1989.

Allí estaba, de pie, ensimismado y creyendo en las normas inculcadas por sus padres, el ruso Habid Gorayeb y la libanesa Najla Gorayeb, y aplicadas en su juventud, en Beirut, capital del Líbano, en donde trabajaba como corresponsal para un periódico francés debido al dominio que tenía del árabe, del inglés, del francés, del tagalo y del español.

Por eso, a los periodistas Óscar Rentería Jiménez y Mario Alfonso Escobar, conocido como ‘El doctor Mao’, les causaba extrañeza y enojo la respuesta que obtenían cuando le preguntaban, “señor Gorayeb, ¿cómo vio el partido?”. Entonces, él, sin soltar la pipa que tenía en la comisura izquierda de sus labios y haciendo una mueca irónica, contestaba de manera cáustica: “Viejo, ¿cómo va a ser?, pues, sentado”.

Ese sábado, él estaba ahí, en el hotel Miramar, en Santa Marta, sin imaginar lo que sucedía a su espalda mientras le llegaban todos los sonidos del mar con sus escalas y sus frecuencias de tranquilidad y disfrute, pero para quienes arriesgaban su vida en él, huyendo de la pobreza o de la guerra, el mar les sonaba muy diferente.

Él que defendía con obstinación sus ideas era llamado “tirano” o “dictador” por los ‘chicos malos’ como denominaba, ‘el hombre de la pipa’, a Rentería y ‘Mao’. Él había llegado a la presidencia de la División Mayor del Fútbol Profesional Colombiano (Dimayor) el 10 de abril de 1989 luego de ser elegido de manera unánime por los 15 equipos que estaban afiliados en ese entonces, pero 17 días más tarde se posesionaría.

“Es la mejor elección que los clubes han realizado en nuestra historia futbolística. A él se le conoce por su trayectoria como dirigente en el Deportivo Cali. Esa institución con el trabajo de don Alex, con el esfuerzo de sus compañeros de junta y con el respaldo de sus hinchas, es un ejemplo para Colombia y el mundo”, dijo León Londoño Tamayo (q.e.p.d.), quien era obsesionado por tomarse un whisky en el momento de levantarse, pero ese día había ingerido tres whiskys dobles antes de entregarle el mando a Alex Gorayeb (q.e.p.d.), de quien se decía, en el gobierno de Virgilio Barco (q.e.p.d.), incluido su Ministro de Educación, Manuel Francisco ‘Kiko’ Becerra Barney, que “don Alex”, como se le conocía, “será el único capaz de limpiar el oasis de horror que vive el fútbol al ser una papa caliente”.

Londoño, hasta ese momento, era al mismo tiempo presidente de la entidad que rige el fútbol profesional colombiano y de la Federación Colombiana de Fútbol.

“Ahora que dejo la Dimayor en buenas manos, me dedicaré a planificar lo que será el trabajo de Francisco Maturana con la Selección Colombia para que volvamos a un Mundial”, dijo Londoño.

 

EL HUMO DORMIDO

Alex Gorayeb fue uno de los mejores dirigentes que ha tenido el fútbol profesional colombiano. Debido a su gestión, Deportivo Cali sembró los cimientos de una institución que marcaba el ritmo dentro y fuera de los estadios.

De la cazoleta salía humo azul que se paraba y se dormía, pero ‘el hombre de la pipa’, en ese momento de soledad, hacía una retrospectiva de los 338 días que llevaba en el cargo.

En ese lapso ningún árbitro quería pitar los partidos de Millonarios, Nacional o América en el campeonato de 1989 por temor al riesgo que corrían si cometían un error. Entonces recordaban que el 2 de noviembre de 1988, Armando Pérez Hoyos había sido secuestrado cerca del aeropuerto ‘José María Córdoba’ de Medellín en el momento que iba en el Mazda blanco que conducía Octavio Sierra junto a Rubén Darío Sánchez. Los tres iban a abordar un avión que los llevaría a Bogotá para una reunión programada y en la que se hablaría de lo que estaba sucediendo en el fútbol con las aguas turbias que corrían trayendo y llevando dinero que se apostaba.

Gorayeb, sin ser aún presidente de la Dimayor, tenía presente aquella situación del árbitro Pérez, quien había regresado de su cautiverio, pero para salvar su vida tuvo que transmitir un mensaje: “El árbitro que pite mal, lo borramos”.

Sin embargo, durante aquellos meses de su gestión, Gorayeb había tratado de cortar los hilos macabros que se movían en el interior de la entidad que presidía. Él les decía, en las reuniones, “hay un personaje siniestro que se conoce como ‘el hombre del maletín’ y él tiene que dejar de ser el intermediario de lo que se conoce como ‘fuerzas oscuras’ que ofrecen a jugadores y árbitros que acomoden resultados debido al manejo de las apuestas clandestinas. Y eso, más temprano que tarde, va a traer consecuencias. Todos ustedes, presidentes de los equipos, saben bien quien es y aunque no hay pruebas, él está enquistado en el poder. Me llega hasta aquí el olor a estiércol cuando me hablan de dinero sucio”.

 

EXPLOTA LA PAPA

Jesús Díaz junto a Álvaro Ortega. El primero era el mejor árbitro colombiano mientras el segundo estaba en el proceso de seguir los pasos de su amigo.

Y “la papa caliente”, como la había llamado ‘Kiko’ Becerra, explotó a las 10:58 de la noche del miércoles 15 de noviembre de 1989. En ese instante el árbitro Orlando Reyes y los jueces de línea Álvaro Ortega y Jesús ‘Chucho’ Díaz, quienes habían controlado el empate, 0-0, entre Medellín-América. Los tres se dirigían al restaurante ‘La Sorpresa’, a 100 metros del hotel ‘Eupacla’, en pleno centro de la ciudad y ubicado entre la Plaza Botero y el Parque Bolívar. Mientras caminaban por la carrera 50, conversaban sobre una llamada extraña que había recibido Ortega, en la mañana de ese día. Entonces, los tres escucharon el chirriar de neumáticos de un automóvil que se acercaba y vieron relucir, por la ventanilla del copiloto, el cañón de una mini-ametralladora, pero antes de que llovieran las balas, una voz gritó, “apártese ‘Chucho’. El asunto no es con usted”.

La desgracia estaba cayendo en el momento que Reinaldo Barco, de Caracol-Cali, quien había sido enviado para comentar las incidencias de ese juego, despedía su transmisión para los oyentes del Valle del Cauca, cuando dijo, “atención, hubo un atentado, desde un automóvil, contra los árbitros que estuvieron esta noche en el estadio Atanasio Girardot. Lo único que se sabe es que Álvaro Ortega recibió varios impactos de bala. Vamos a estar pendientes de esta noticia”.

En esa ocasión nadie se adjudicó la primicia. Roguet Taborda, en RCN-Medellín, atendía algunas indicaciones por el radioteléfono cuando recibió la información de un compañero de ‘Radio Sucesos’, “mataron a Álvaro Ortega”. Entonces se inició la cacería de los detalles de cómo y por qué se había producido aquel homicidio.

“Las autoridades guardan un prudente silencio con respecto al caso del árbitro Ortega. Se conoció que él salió corriendo en el momento del atentado, pero un proyectil le alcanzó una pierna. Ya en el suelo, el sicario le disparó nueve veces más. Fue llevado a la Clínica Soma por Jesús Díaz en donde un médico le comunicó la muerte de su amigo”, dijo Wbeimar Muñoz, desde la cabina de Caracol-Medellín, mientras se apagaban las luces del estadio vacío y los técnicos de sonido terminaban de recoger los cables de la transmisión.

El Tiempo y su página dedicada a la cancelación del torneo en 1989.

SE SIGUE INFORMANDO

En la mañana siguiente de aquel suceso sangriento, durante un diálogo entre Yamit Amat y Hernán Peláez, el operador de sonido, Pedro Alcalá, en el programa 6am-9am, le hizo la seña, con la mano derecha, al comentarista deportivo que tenía una llamada en el teléfono.

Peláez terminó su intervención y salió del estudio de transmisión. Entonces, el periodista radiofónico levantó el auricular y dijo, “Peláez habla…”.

Después de colgar, el comentarista deportivo regresó a la cabina mientras se transmitían los comerciales de la pauta de la media hora. Amat vio a su compañero y le preguntó qué le sucedía. Lo veía pálido después de que había conversado por teléfono.

“Bueno, Yamit, le tengo noticia”, dijo Peláez al aire. “Un representante de un grupo de apostadores acaba de llamarnos a Caracol y dice que ‘el pasado 26 de octubre se perdió una millonada en dólares por la victoria, 3-2, del América ante el Medellín. En ese partido, disputado en Cali, estuvo Álvaro Ortega como árbitro central. Esa fue la causa de este hecho que tiene de luto al país futbolístico en Colombia”, dijo Peláez.

En tanto, Juan Gossaín, en RCN-Básica, director de ‘Radio Sucesos’, en una nota editorial, mientras charlaba con Antonio José Caballero (q.e.p.d.) y Francisco Tulande, dijo, “la muerte del árbitro Ortega hace parte de la corrupción y de la podredumbre de la sociedad colombiana por su tolerancia con la mafia”.

La radio siguió informando de aquel acontecimiento y los columnistas se atrevieron a escribir en los diarios y semanarios, “la muerte del árbitro Ortega se inició con el triunfo del América ante el Medellín y en el que la víctima anuló un gol por supuesta jugada peligrosa de Carlos Castro en el cierre del compromiso que hubiese dado el empate y una ganancia millonaria, en dólares, a los apostadores en el mundo del narcotráfico”.

Pero “la papa caliente” seguía por aquellos días y se hablaba, en las salas de redacción de los medios de comunicación de muchas teorías conspirativas con respecto a la continuidad del presidente de la Dimayor y del campeonato que se había suspendido mientras que, desde el Gobierno, se insistía en la cancelación.

En realidad, muchos de los empleados que estaban en la Dimayor en aquel entonces, y que llegarían a la cabeza de esa institución, sabían que ‘las fuerzas oscuras externas que mandaban’ obligarían a Gorayeb a renunciar después que lo escucharon decir, “no quieren mi honestidad ni imparcialidad en el fútbol y yo no voy a renunciar a esos principios”.

Entonces, ‘el hombre de la pipa’, ante el asedio de la prensa y por la manera de afrontar los cuestionamientos con respecto al futuro del fútbol, hablaba duro y respondía, en ocasiones, con una frase del físico Albert Einstein, “la vida es como andar en bicicleta. Para mantener el equilibrio, uno debe seguir moviéndose. Igual es el fútbol”.

 

 LA ENCERRONA

Edgardo Barros, presidente y dueño del Sporting de Barranquilla, durante la época de terror que se vivía en el fútbol profesional colombiano.

Sin embargo, tiempo después, Gorayeb nos dijo en Cali, en su oficina, después de regresar de su exilio en Italia, que no hablaría de su salida intempestiva del país ni tampoco nos diría la razón de su renuncia a la presidencia de la Dimayor mientras James Arias le realizaba las fotografías para el reportaje que saldría en la revista ‘Cronómetro’ del diario ‘El Tiempo’.

“Viejo, es mejor guardar silencio en ciertas circunstancias de la vida”, nos dijo, como evocando aquel 17 de marzo de 1990. Sin embargo, soltó una carcajada y recordó que al escuchar ‘La Polémica’ del lunes, una frase de Jaime Ortíz Alvear (q.e.p.d.) le quedó grabada, “la renuncia de Gorayeb nos agarró a todos con los pantalones abajo”.

Entonces, gracias a la magia de la narración, volvemos al instante en que ‘el hombre de la pipa’ disfruta del humo, de la soledad de su cuarto de hotel y, recuerda, que estuvo en el entierro del árbitro Ortega; que el 22 de noviembre el campeonato del 89 fue cancelado; que los clubes pedían reanudar el torneo, pero el Gobierno, a través del Ministerio de Educación, hacía una serie de peticiones: que los estadios no se volverían a prestar hasta que los protagonistas no manifestaran públicamente que estaban libres de presiones indebidas; se pidió la creación de un Colegio Nacional de Árbitros, independiente de la Dimayor tanto en funciones como de presupuesto; y se les pidió a los clubes presentar una documentación en la que se dijera de dónde venían los recursos y los contratos de los jugadores.

En ese mismo instante en que el humo había despertado y se elevaba, recordaba, de igual manera, que la Superintendencia de Sociedades exigía documentos que garantizaran que los directivos del fútbol no tuvieran problemas penales.

Habían dado las seis de la tarde y los presidentes de los clubes o sus representantes ya sabían lo que tenían que hacer en un ambiente en el que la gente de la prensa, de manera curiosa,  brillaba por su ausencia. Se creía que esa reunión sería un simple trámite. Sin embargo, en el momento en que Gorayeb ingresó al salón, en donde se realizaría la asamblea de la Dimayor, vio a los asistentes, pero no advirtió ningún augurio raro.

No se necesitó mucho tiempo para que los asambleístas de ese entonces, levantaran la voz de la inconformidad.

“Mire señor, no lo queremos más. Nos hizo perder mucho dinero y eso no se recupera de la noche a la mañana”, dijo Edgardo Barros (q.e.p.d.), conocido como el riohachero y quien era el dueño del Sporting de Barranquilla.

Entonces, a las 7:05 de esa noche, en la ‘Cabalgata Deportiva’, Colombia se enteró de la noticia de la que todos hablaban, pero que nadie esperaba debido a la presión que ejercía el Gobierno a los equipos profesionales.

“Aquí Santa Marta. Alex Gorayeb renunció a la presidencia de la Dimayor durante la asamblea que se realizó en el Hotel Miramar. Su mandato fue de 11 meses y 7 días”, les habló Víctor Polo. El joven reportero que había dado la noticia, trabajaba en el grupo deportivo de Carlos Lanao (q.e.p.d.).

Así de escueta fue la información como lo había establecido Jairo Anchique Bacca, durante muchos años, en ese informativo de 10 minutos. En aquella ocasión, sin embargo, hubo un detonante que pasó desapercibido.

En plena asamblea, Barros, quien había ingresado con un arma escondida bajo la cintura del pantalón, se acercó a Gorayeb, sacó la pistola y sin soltarla, le dijo: “Es hora de que te vayas”.

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3 comentarios

  1. Hernando Amaya

    31 julio, 2020 at 5:00 pm

    *Por la crónica de Williams Viera desde USA
    Qué buena crónica la de mi amigo y colega Williams Viera que nos recuerda los tristes años cuando la mafia gobernaba todos los ámbitos en Colombia. No sabía la forma «tan amable» como habían despedido a Alex Gorayeb de la Dimayor.
    Hernando Amaya, Las Vegas

  2. juan gutierrez

    29 julio, 2020 at 12:44 pm

    *Por el relato de miedo y terror
    Una vez desatada la guerra de los Pablo y Gacha contra el clan de Cali, decidieron atacar todos los frentes económicos y sociales de el cartel de Cali. Así se inicio la destrucción de Drogas La Rebaja.

    En el fútbol, desde el año 79 América monopolizaba los campeonatos hasta que Pablo y Gacha decidieron acabar la hegemonía roja. Una vez logrado el objetivo, y cuando quedaron Nal Y Millos con la opción de ser primeros tuvieron que decidirlo con un carisellazo . En ese momento, lo importante para Pablo Y cía era derrotar en todos los frentes de poder a los caleños.

    En el 89, la pelea continuo y el partido en medallo, donde el muerto metió la mano, que ademas, se constituyó en una muestra de poder de Don Gilberto y su hermano en la casa de Pablo, lo cual no se podia permitir. Probar nada, todo verdad,
    Juan Gutiérrez, Chicago, hincha del DIM 71

  3. Ricardo Forero

    28 julio, 2020 at 9:06 pm

    *Consulta
    ¿Todavía no se sabe quién era «el hombre del maletín»?
    Ricardo Forero, Bogotá

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