Capsulas de Carreño

Un «Ruso» andarín..

Víctor Hugo Núñez Mora, en este tiempo, con 64 años continúa contando historias de la radio por ser un andarín, conocido como ‘El Ruso’.

 

POR WILLIAMS VIERA, desde USA.

 

 

Hay ciudades con historias y ciudades sin historias. Es la única diferencia esencial. Por lo demás, todas tienen iglesias, colegios, barberos, parques y estaciones de radio que hacen soñar a quienes las escuchan o a quienes se atreven a caminar por la calle en que se encuentra la pared que tiene aquel nombre empotrado y que los une por una secreta pulsación con las que, invisiblemente, se mueven las ondas hertzianas.

Ésta ciudad podría ser olvidada, pero mientras exista un periodista con la memoria de Víctor Hugo Núñez Mora las generaciones presentes y las futuras, por escribirlo de esta manera, van a descubrir los detalles más mínimos del pasado. Algunos, los llaman “secretos”. Sin embargo, las abuelas y las jóvenes que en ocasiones resguardan cosas que de alguna manera las avergüenza, al escucharlo, se persignan, pero al oírlo reír, porque se burla de todo, como si estuviera loco, le dicen, “mijo, a velas partidas, sálvame Dios, Santa María”.

Los “secretos” representan asuntos naturales, aunque desde luego eso no significa que sea saludable. Solemos confesar algunos con las personas que nos inspiran mayor confianza, como los amigos o familiares; otros quedan en la oscuridad de nuestra conciencia. Y pagamos un costo. Sin embargo, hay “secretos” que las mujeres se llevan a la tumba.

‘El Ruso’ Núñez, así se le conoce, es un curtido hombre en las lides de la radiodifusión en Pasto, Nariño; en Cali, Buga o Palmira en el Valle del Cauca, en la época en que las ciudades eran un pañuelo y en donde sus habitantes se conocían, pero por consiguiente se sabía de cada quien qué hacía, con quien andaba, qué lugares frecuentaba y con quien. Era como si el diablo fuese el que movía los hilos.

“He sido un terco en los pecados y con creces lo he pagado”, nos dijo para esta crónica.

 

TOQUE DE ALEGRÍA

En aquellos años de las décadas del 80 y 90 los programas deportivos y quienes lo hacían se promocionaban en los diarios para que la gente identificara las voces que los entretenían e informaban.

La gente buena, si se piensa un poco en ello, ha sido siempre gente alegre. Y ‘El Ruso’ Núñez, en este tiempo de pandemia y de calamidades, no es la excepción.

Él se muestra alegre cada vez que alguien llega a la oficina de  la Asociación Colombiana de Periodistas Deportivos (ACORD), seccional Valle del Cauca que en otro tiempo se llamaba Círculo de Cronistas Deportivos del Valle del Cauca, ubicada en el primer piso del edificio en donde funcionó, desde 1952, la Junta Departamental de Deportes y luego, en cumplimiento de la Constitución Nacional, Ley 181 de 1995, Decreto Reglamentario 1822 de 1996 y la Ordenanza No. 022 de noviembre 26 de 1997, le cambiaron el nombre y se creó ‘El Instituto del Deporte, la Educación Física y la Recreación’, Indervalle.

‘El Ruso’ Núñez se desempeña como secretario administrativo de ACORD-Valle y aunque no vive de recuerdos, las historias que cuenta se le escuchan como si sus palabras fueran una cajita de música o una convocatoria al misterio.

“Vives de recuerdos, ‘Ruso’. Eso es lo que comes. Y ¿cuándo se te acaben?”, le dijo Jairo Chávez Ávila, ‘el hombre que nació sin pecado original’, un día en la oficina de ‘Balón’ que junto a ‘Nuevo Estadio’ eran los semanarios deportivos que marcaron una época en Colombia.

“Jairo, los recuerdos no nos dejan envejecer. Ellos son nuestra máquina del tiempo. En ocasiones es bueno visitar el pasado para saber donde está ahora”, dijo ‘El Ruso’ Núñez, durante un tiempo en que los periodistas andábamos juntos por aquello de los entrenamientos del Cali o del América, de la visita de sus rivales a los hoteles en que se alojaban para enfrentar el campeonato colombiano o de la Copa Libertadores, pero sin pensar que se nos iba la juventud como el humo del cigarrillo y sin creer que se nos caía el cabello.

¿No creen? El asunto consiste en comparar las fotos de ayer con las de hoy. O si no, mire la cédula, sí, ahí, y lea “fecha de nacimiento”.

En la trayectoria de ‘El Ruso’ Núñez no podía faltar durante el momento en que se le hizo un reconocimiento a la vallecaucana María Isabel Urrutia luego de lograr la primera medalla de oro de Colombia en unos Juegos Olímpicos.

SE ENTERARON POR LA RADIO

Nuestro personaje nació en Cali, el 4 de enero de 1956. Es decir, 213 días antes de que, en la madrugada del 7 de agosto, se despertaran de imprevisto, incluido Víctor Hugo Núñez Mora, los 400.000 habitantes que tenía la capital vallecaucana en esa época.

Todos se levantaron, a la 1:07 de aquella madrugada, creyendo que las puertas del infierno se habían abierto sin pensar que aquel sonido espectral, ¡boom!, agudo y grave, correspondía a la explosión de siete camiones militares que llevaban 1.053 cajas de dinamita que pesaban 42 toneladas, provenientes de Buenaventura, y que estaban parqueados en la calle 25, en la plazoleta del antiguo ferrocarril del Pacífico, frente a las dependencias de la Policía Militar.

“No hagan escándalo que el niño Víctor Hugo está durmiendo”, gritó Betty Mora desde el cuarto y se persignó mientras su esposo, Ramiro Núñez, acostado en la orilla de la cama, roncaba.

La pareja Núñez-Mora se enteró de lo que había ocurrido en Cali, horas más tarde, por intermedio del informativo de la mañana cuando las noticias eran leídas por Joaquín Marino López y que se transmitía por La Voz de Cali de Todelar.

Ramiro Núñez, al despertar, lo primero que hacía era dirigirse hasta la mesa en la que estaba un radio fabricado por la RCA Víctor, pero al encenderlo tenía que esperar cinco minutos hasta que se calentaran los tubos mientras el niño Víctor Hugo, de pie, en la cuna, señalaba el receptor y balbuceaba, “¡agú, agú!”, como queriendo repetir la frase que escuchaba, “nos oyen y nos creen” en la voz profunda de Milton Marino Mejía que a su vez era uno de los slogans de Alberto Acosta.

Sin embargo, la ‘chiva noticiosa’, así se decía en esos años, fue de Radio Reloj de Caracol debido a la hora en que ocurrió la explosión. Era la única emisora que emitía su señal las 24 horas del día a diferencia de las demás que funcionaban hasta las 10:00 de la noche.

De esa manera, ‘El Ruso’ había empezado el gusto por la radiofonía. Él se había criado en la carrera 15, entre las calles 13 y 15, en el barrio Pascual de Cali por donde quedaba el colegio Fray Damián González y colindante de los barrios Santa Rosa y El Calvario.

A los residentes de ese sector, los domingos, bien temprano, en el momento que cantaban los gallos, se les veía salir de sus casas con destino a la Catedral, a San Francisco o a la Parroquia Santa Rosa de Lima en donde el sacerdote Luis Enrique Benoit los esperaba, en la puerta principal, a sus feligreses, quienes llegaban sin novedad, en una época en la que se respetaba la vida cuando se caminaba por la calle.

En uno de esos domingos fue bautizado el hijo de la pareja Núñez-Mora por el clérigo Benoit y mientras le derramaba el agua, tres veces en la cabeza del niño, le decía, “yo te Bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, pero agregó unas palabras que causaron extrañeza entre los que estaban presentes: “A esta criatura el mundo lo llevará por el camino de la locución o por algo parecido”. Entonces,  en ese instante, el niño Víctor Hugo dijo, “¡agú!”.

Betty Mora, a la edad de 84 años, recordó aquel detalle, como si hubiese ocurrido unas horas antes.

El 15 de marzo de 1979 se enfrentaron, en el Pascual Guerrero, América y Cosmos de Nueva York que tenía, en sus filas, entre otros, al alemán  Franz Beckenbauer, el italiano Giorgio Chinaglia y el holandés Johan Neeskens. Y ‘El Ruso’, obviamente, estuvo ahí, sonriente, como siempre.

EMPIEZA EL CAMINO

Es fácil imaginarse a Víctor Hugo Núñez Mora como estudiante. Hizo la primaria en la Escuela Marcos Fidel Suárez y luego en el Colegio Americano en el que Donaldo Arboleda, director de quinto, enseñaba música e inglés; Nimia Rivera de Camacho, directora de tercero, dictaba clases de aritmética; pero la más exigente, en aquellos años, era Miriam de Muñoz que en ningún momento permitía que sus alumnos hicieran mal uso del idioma.

“El mejor consejo que les puedo dar es que hay que leer los clásicos de la literatura universal. Ellos nos muestran, a través de las palabras, el combate que todos nosotros sabemos que es la vida y en la que la ira, el amor y la venganza se concitan en la desdicha”, les decía la profesora Miriam que no perdonaba a nadie los errores en la escritura y menos cuando se hablaba.

Y por ese camino siguió hasta el Parque de Santa Rosa donde quedaba el Radiocentro Todelar en la Carrera 10 con calle 11, en el edificio del Hotel Aristi. Abajo quedaba el Teatro Colón y arriba el grupo de emisoras. Entonces, Víctor Hugo Núñez Mora veía salir de ese edificio a personajes de la radio como Joaquín Marino López, Fernando Franco García, Augusto Goicochea, a quien le decían ‘Paco Luna’; a Guillermina Lucas, a Edgar Hernán Arce, al cubano José Pardo Llada, a Guillermo García Jaramillo y a Samy Jalil Ríos. Ellos, entre otros, integraban el mundo mágico de una ciudad que se movía a través de esas voces que promovían por la radio el sentido de pertenencia y el amor por Cali mientras entretenían e impulsaban proyectos que forjaban el pensamiento y el comportamiento cívico del ciudadano.

“Ellos tenían voces prodigiosas y una capacidad única de resumir las noticias, de encantar al oyente. Los admiraba y quería seguir sus pasos, sobre todo los de Fernando Franco García y los de Joaquín Marino López”, dijo ‘El Ruso’ Núñez.

En la casa de él tenían radios por doquier para escuchar, así fuera en un transistor, los programas del mediodía, los noticieros y los deportivos.

Y es que la pasión por la radiofonía, hay que repetirlo, le quedó desde el momento que señalaba el receptor y balbuceaba, “¡agú, agú!”.

Por eso, él no olvida la voz de Álvaro Muñoz Cuellar cuando los miércoles, desde el edificio de la Beneficencia del Valle del Cauca, ubicado en la calle novena, decía, “juega la lotería” mientras las ruletas daban la vuelta y la gente, en el andén o en las casas, con el billete o el quinto de la lotería en la mano, como si fuese un rosario y la respiración entrecortada, observaba y escuchaba las cuatro ruedas horizontales, numeradas, girando por las que se movían las bolitas que, al detenerse, indicaban el número ganador.

Desde la época en que se transmitían aquellos sorteos, ‘El Ruso’ Núñez hizo amistad con Humberto Varela, quien manejaba el transmóvil o el radioguía ‘Caracol Celeste’ en aquellos tiempos en que la radio era una fiesta en el momento en que llegaba la Vuelta a Colombia a las ciudades y a los pueblos.

“Nos emocionábamos cada vez que veíamos el ‘Caracol Rojo’, el ‘Caracol Habano’ y, obviamente, el ‘Caracol Celeste’ con todos los lujos y detalles técnicos junto a Gabriel Muñoz López, Pastor Londoño Pasos; o el ‘Caracol Colombia’ que llevaba a Carlos Arturo Rueda y Alberto Piedrahita en la parte comercial o cuando  Eucario Bermúdez, en la época dorada, se le escuchaba, ‘Caracol se oye y se ve’…”, dijo ‘El Ruso’ Núñez con la obsesión irresistible de quien redacta un mensaje, como cuando le sale del alma, sin corregir una coma en las redes sociales o en los textos que se envían desde los teléfonos inteligentes en esta época.

Las historias de aquellas transmisiones se las contaba Varela, quien se sabía el más mínimo “secreto” de aquellos que tronaban con sus voces cuando decían “conecte, accione… allll aire”. Entonces, el que estaba en el transmóvil que recibía el cambio contestaba: “En el aireeee la parabólica solar de su Caracol Rojo” y bla, bla, bla.

El lunes 18 de octubre de 1976, ‘El Ruso’ Núñez, como buen reportero, estaba en el hotel Aristi, a la espera de los jugadores del Atlético Nacional, equipo que había goleado, 6-2, al Deportivo Cali en el Pascual Guerrero, en el marco del torneo finalización.

Nacional estaba dirigido por Oswaldo Juan Zubeldía y había convertido por intermedio de los argentinos Jorge Olmedo y doblete de Ramón Bóveda y de los colombianos Eduardo Vilarete, Gerardo Moncada y Carlos Monsalve mientras que el Cali, orientado por Néstor Raúl Rossi, conocido como ‘la Voz de América’, había reemplazado al fallecido Washington ‘El Pulpa’ Etchamendi, entrenador uruguayo. Los goles azucareros fueron de Néstor Scotta y César ‘El Caballo’ Lorea.

El joven comunicador trabajaba en Radio Fabulosa, una emisora independiente, y se encontró con ‘Varelita’, como le decían con cariño los del gremio.

“Voy a entrevistar algunos jugadores de Nacional antes de que se vayan a Medellín”, le dijo ‘El Ruso’ Núñez al conductor del ‘Caracol Celeste’, quien esperaba a Javier Hernández Bonnet, Rafael Reyes y Sergio ‘El Mundialista’ Ramírez para llevarlos hasta el aeropuerto ‘Alfonso Bonilla Aragón’.

“Joven, no se preocupe. Si Varela lo aprueba, puede venir con nosotros en el radioguía, y en el aeropuerto le será más fácil hacer su trabajo”, escucharon en el momento que Hernández Bonnet dejaba el ascensor junto a sus compañeros de transmisión para Antioquia de aquel partido que había sido el desquite de un 7-0, a favor del Cali, en el mismo escenario, jugado el domingo 6 de diciembre de 1956, con goles de los colombianos Marino ‘Pintuco’ Aguirre y doblete de Alberto ‘Cóndor’ Valencia; tripleta del argentino Juan Manuel López y uno de su paisano, Camilo Rodolfo Cervino.

Del baúl de los recuerdos pertenece esta foto en la que Víctor Hugo Núñez Mora, en la que aún no se le conocía como ‘El Ruso’, aparece de pie, de segundo, de izquierda a derecha. También se encuentran, entre otros, Jairo Chávez Ávila, Henry ‘El Bocha’ Jiménez y Rafael ‘El Indio’ Villegas. ¿Quién nos puede ayudar a recordar a los demás colegas? Antes que nada, observen con atención la moda de aquellos años…

«OPERACIÓN JUVENTUD»

Cuando se enteró en el periódico Occidente, el que tenía más circulación en esa época por la presentación de las noticias y por su cuadernillo de deportes los lunes, que Cali iba a realizar los VI Juegos Panamericanos desde el 30 de julio hasta el 13 de agosto de 1971, Víctor Hugo Núñez Mora aún no era ‘El Ruso’.

“Estudiaba en esa época, pero me mantenía informado de todo lo concerniente al deporte. Occidente se volvió un periódico de moda en la ciudad. Si la noticia no salía ahí, no era noticia. Imagínese, tenía 15 años de edad e iba al estadio Pascual Guerrero a entrenar atletismo. Conocí al profesor Carlos Ávila Medina, quien fue el padre de la pista y el campo colombiano. Él se había iniciado en el basquetbol, en un corregimiento cerca del Líbano, Tolima, y en la década de los 30 de la centuria anterior, se dedicó al atletismo y un día me dijo, sarcásticamente, ‘si usted no hablara tanto, me encantaría entrenarlo. Es más fácil trabajar con un sordomudo’. Ese afán por hablar se registraba porque desde 1966 o 1967 escuchaba a Óscar Rentería Jiménez, pero también lo leía en Occidente por ser subdirector de deportes. Él era la mano derecha de Humberto Ramírez Llanos, ‘Leyman’, quien trabajaba también con La Agencia France-Presse”, recordó ‘El Ruso’ Núñez.

Los días en aquel tiempo se iban entonces entre los salones de clases y el contacto de quienes querían ser locutores por intermedio de un concurso que se llamaba ‘Operación Juventud’, programa realizado por Guillermo García Jaramillo con el aval de Bernardo Tobón de la Roche en Todelar.

“La ciudad escuchaba voces de jóvenes que serían claves en la transmisión de un certamen que dividió a Cali en dos: antes y después de los VI Juegos Panamericanos”, exclamó maravillado el personaje de esta crónica.

A raíz de ese concurso radial surgieron periodistas como Jairo Chávez Ávila, Henry ‘El Bocha’ Jiménez, Marino Millán, Reinaldo Barco, Juan Carlos González, Wildemar Muriel, Javier Alberto Buitrago, Esaú Jaramillo, Cristóbal Alzate, Fernán Morales, Humberto Hincapié, Ricardo Alarcón, Luis Fidel Moreno Rumié y los hermanos Londoño Hernández, José ‘Hammer La Voz’ y Arley.

‘El Ruso’ Núñez junto a los periodistas Mario César Otalvaro y Carlos Alberto Tabares, en el Pascual Guerrero, con motivo de la ‘Copa Claro’.

LE LLEGA LA HORA

     Y como la radio ya se había convertido en un negocio y no era un juego para saber quién es más vivo y quien es más bobo, ‘El Ruso’ Núñez se encontraba desubicado, pero no quería convertirse en Gerardo Vélez García, conocido como ‘El Indio’, que hablaba en todos los programas deportivos que existían en ese momento.

La verdad es que el ‘Ruso’ Núñez decidió irse a San Juan de Pasto en 1975 a vivir en el Estadio Departamental Libertad por tener el contacto con el profesor Ávila y con algunos atletas. Sin embargo, lo primero que hizo, al llegar, fue buscar a Carlos Enrique Pérez Londoño, en la Voz del Galeras de Todelar.

“Ahí estaba Pablo Leonardo Llorente, de Barbacoas, quien ganó, en esa región, el concurso ‘Operación Juventud’ y con Pérez Londoño y mi persona, transmitíamos el fútbol del Pasto y de las pruebas atléticas sin público. Hacíamos, en esa época, los programas ‘Cronómetro Deportivo’ y ‘Estadio Nacional’. Puedo decir que fue mi despegue en la radio”, dijo Víctor Hugo Núñez Mora, quien aún no era ‘El Ruso’.

En ese punto estaban las cosas cuando le llegó la oportunidad de mostrar lo que era capaz de hacer al frente del micrófono. Entonces Pérez Londoño le dice un día: “Víctor Hugo, usted estará en el grupo de comentaristas que transmitirá el Omnium Nacional de Ciclismo. La prueba de ruta se realizará en Pasto. Junto a usted estarán Jairo Chávez Ávila y Reinaldo Barco. Es su oportunidad y no vaya a hablar mierda y concéntrese en lo que vaya a decir. Usted está representando a la Voz del Galeras”.

Un año antes, el personaje de esta crónica, había participado en una transmisión similar, en Cali, junto a Chávez Ávila, Barco y Rafael Bonilla.

Víctor Hugo Núñez Mora no tuvo ningún reparo y estuvo a tono y por ello, 15 días más tarde transmitió un campeonato de levantamiento de pesas y después narró un torneo de baloncesto por el que le pagaron 800 pesos por 15 días de trabajo.

“Ese cheque significó, en su momento, algo muy importante para mí”, dijo.

Aquellos pequeños éxitos le permitieron al joven comunicador promover una carrera similar a la de San Silvestre, el 30 de diciembre. Entonces, sus compañeros sonrieron y aplaudieron cuando escucharon que “el almacén Amorel iba a patrocinar la prueba atlética”.

Rafael Bonilla González mientras habla en el ‘Trabuco’ Todelar es observado por ‘El Ruso’ Núñez, Quique Barona Arango, Carlos Fernando ‘Cafefo’ Forero, Giovanni Toloza y Cheo Ramírez.

AHORA SÍ .. ES «EL RUSO»

Debido a la consecución de aquella competencia atlética, Víctor Hugo Núñez Mora, en mayo de 1976, fue seleccionado por Acord-Nariño para que asistiera a un seminario de fútbol en Bogotá y allá se encontró con figuras nacionales de la comunicación radial como Armando Moncada Campuzano, Pastor Londoño Pasos, Carlos Arturo Rueda C. y Wbeimar Muñoz Ceballos, entre otros.

A partir de entonces, como dicen los abuelos y las abuelas o los que se van, la tierra llama a quien se va. Así le sucedió a él. Y el regresar a Cali era empezar otra vez de cero.

Entonces, entre 1977 y 1978, se integró a Radio Súper junto a Ricardo Lombana, Raúl Palomino y Diego Galvis Rivera, quien oficiaba de control, de locutor, de comentarista y de lector de comerciales, pero al final se inclinó por la narración taurina junto a Enrique Avilán, el mismo que trabajaba con la ‘Suzuki’ y quien le vendió los primeros carros que tuvieron, entre otros, a Roguet Taborda, a Chávez Ávila y a Rafael ‘El Indio’ Villegas.

Sin embargo, en 1979, debido a los movimientos radiales que se acostumbran, se vinculó al Grupo Radial Colombiano cuando estaban Mario Alfonso Escobar, Humberto Hincapié, Marino Millán y Rafael Araújo Gámez.

“Un día estaba, sin hacer nada, pero tenía los pies sobre el escritorio de Mario Alfonso. Entonces, él llegó y me fui. No quería saber de reprimendas ni que me mandara a la mierda”, dijo ‘El Ruso’ Núñez, quien fue bautizado por ‘el doctor Mao’ luego de encontrarle un parecido con Jorge Daniel ‘El Ruso’ Ribolzi, volante de creación del Boca Juniors, equipo con el que quedó campeón de la Copa Libertadores en 1977 y de la Intercontinental en el mismo año. El conjunto boquense estaba dirigido por Juan Carlos ‘El Toto’ Lorenzo.

Entonces, Víctor Hugo Núñez Mora volvió a Pasto y estrenó el apodo sin complejo y el mismo se convirtió en un agregado en su trajinar periodístico en esa ciudad nariñense durante los cuatro años en que trabajó, de 1980 a 1984, hasta el punto que la gente lo veía y decía, “ahí viene ‘El Ruso’ o allá va ‘El Ruso’…”.

Los días de aquel tiempo transcurrieron para ‘El Ruso’ Núñez en producir, en Ecos de Pasto, una emisora jesuita, ‘Prodeportivo’ con el aval de Armando Moncada, quien realizaba su programa en Radio Sutatenza, antes de ser adquirida, su frecuencia, por Caracol.

“En esa ocasión organizamos un grupo distinto. Jaime Torres se había graduado como abogado y era nuestro asesor; Julio César Martínez se desempeñaba como profesor de educación física;  Leonel Chávez Ávila era el narrador mientras que Armando Urresta, Humberto Vela y mi persona, éramos los periodistas. Creo, siempre he creído, que hay una oportunidad, que hay una posibilidad, aunque cuesta mucho trabajo. Cuando uno quiere, consigue”, dijo ‘El Ruso’ Núñez y se ríe.

La risa es por el recuerdo de las travesuras que hacía en Pasto durante el Carnaval de Negros y Blancos que es una muestra cultural autóctona en la que se expresa una fusión perfecta de todas las influencias culturales de la región como han sido los rituales indígenas, las expresiones de los españoles y de la africana que lo llevaron, en el 2009, a ingresar en la lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad elaborada por la UNESCO.

“Nunca dejamos de transmitir ningún evento ni cívico ni deportivo. La verdad es que vimos despegar al Deportivo Pasto. Nos divertíamos hasta el punto que algunas muchachas llegaban a la emisora y nos maquillaban, un día, el rostro de negro, y al siguiente, de blanco”, dijo ‘El Ruso’ Núñez, pero esta vez soltó una carcajada llena de picardía por aquello de que los caballeros no tienen memoria con lo que se ocultan las aventuras de cama.

Sin embargo, las jóvenes referidas, replicaban aquel refrán, de manera jovial y sin ningún asomo de rubor: “las damas no tenemos pasado”.

Entonces, las carcajadas retumbaban de nuevo y como ‘El Ruso’ Núñez, acostumbrado a hablar siempre, explicaba con otro adagio: “… ‘De tal palo tal astilla’ y el mismo hace pareja con ‘De padre cojo, hijos bailarines’…”.

Y en esas idas y venidas que tiene el periodismo deportivo, principalmente el radial y el televisivo, trabajó en Ondas de Mayo, emisora independiente, afiliada a Radio Súper y en ella compartía micrófono con Jorge Antonio, Orlando Cerón, Kenes Egas y el locutor comercial Alfredo Belalcázar.

En esos años le surgió una ilusión imprevista: se convirtió en vendedor de pauta publicitaria y logró ser el primero en RCN-Nariño transmitiendo fútbol tanto de la Primera ‘C’ como de la ‘B’ hasta que Ovidio Palacios Celis se le apareció en el camino y lo convenció de trabajar con el Grupo Radial Colombiano en Radio Ciudad de Pasto junto a Silvio León España y José Meneses Marroquín.

“En ese entonces narrábamos, hacíamos camerinos y éramos operadores de sonido. Es decir, todo en un solo paquete”, dijo ‘El Ruso’ Núñez.

La foto es de James Arias y corresponde al juego América y Newell‘s Old Boys de 1992. A Orlando Maturana, delantero americano, el arquero Norberto Hugo Scoponi le detiene el disparo y el equipo local queda eliminado. ‘El Ruso’ Nuñez transmitió, desde Cali para Pasto, aquella semifinal de la Copa Libertadores.

REGRESÓ A CALI

Tanta es la pasión por el periodismo que todos éramos por el estilo, ¿cómo decir que desde el fondo de su alma quería regresar a Cali en donde el meridiano deportivo y periodístico representaban una maravillosa escuela de vida?

Aguarden, es historia, aquí funcionaba Radio Sutatenza en el edificio Colpatria, en la calle 11. Fíjense ahora, la gente pasa y ni recuerda que ahí, durante un tiempo, trabajaba ‘El Gordo’ Moncada Campuzano haciendo su programa ‘Prodeportivo’; que estuvieron, en las mismas instalaciones, Adolfo Pérez, Marino Millán, el lector de noticias Ramón Uribe, ‘El Ruso’ Núñez y Vicente ‘Gallego’ Blanco, antes de trabajar con el ‘Doctor Mao’ en el programa ‘Los Cabecillas del deporte’.

Pero como la esencia del periodismo es dramática que oculta lo suyo y revela lo ajeno, el personaje de esta crónica siguió dando saltos, de aquí para allá y de allá para acá, y volvió a Radio Súper de donde salió por no llegar a una transmisión y ‘El Gordo’ Moncada Campuzano, ¡ya saben cómo era!, al verlo al otro día, como si nada, lo mandó a freír espaguetis luego de sentirle cierto vaho que le había dejado las burbujas, la espuma y el sabor amargo del vaso con agarradera.

Fue en ese momento que ‘El Ruso’ Núñez recordó lo que su padre, Ramiro Núñez, le dijo cuando le escuchó que iba a ser locutor: “Mijo, la locución es una profesión respetable; pero es un trabajo de gente de farándula que se la pasa tomando trago”.

Pero su vocación por contar las cosas del deporte desde un micrófono lo llevaron a transmitir, a los oyentes de Pasto, el partido de vuelta de la semifinal de la Copa Libertadores, en el Pascual Guerrero, entre América, dirigido por Diego Edison Umaña, y Newell’s Old Boys que tenía la batuta de Marcelo ‘El Loco’ Bielsa, el mismo que el 22 de diciembre de 1990 había conseguido el título, en su inicio como técnico, y que gritó:  “¡Newell’s carajo, Newell’s carajo!”.

No lo duden, son recuerdos de futboleros. En la noche del miércoles 3 de junio de 1992, ‘El Ruso’ Núñez estuvo ahí, en el camerino visitante, luego del 1-1 y de la tanda de penales con el que se definió el finalista del certamen copero.

“Fue 10-11 a favor de Newell’s. Ese camerino era una locura mientras en las tribunas los aficionados no querían irse mientras el silencio invadía la noche, pero había que verlos. Se agarraban la cabeza y miraban al cielo como diciéndole, al de arriba, ‘¿Qué hiciste con nosotros?’ Eso se produjo después de una larga tanda de penales. El jugador Orlando Maturana falló el disparo decisivo luego de ser atajado por Norberto Hugo Scoponi y, con ello, el equipo argentino pasó a la final”, recordó ‘El Ruso’ Núñez.

Sin embargo, hay declaraciones que quedan guardadas al igual que los momentos que se transmiten, pero que desaparecen bajo la realidad que nos transfiere.

Aquella noche, ahí, de pie, ‘El Loco’ Bielsa le dijo al ‘Ruso’ Núñez en el momento que otros reporteros radiales intentaban ponerle los audífonos para que les hablara en exclusiva:

“¿Por qué le voy a dar una entrevista a un tipo poderoso y se la voy a negar a un pequeño reportero de provincias? ¿Por qué voy a acudir a una emisora líder cada vez que me llame y en cambio jamás a una pequeña radio del interior? ¿Cuál es el criterio para hacer una cosa así? ¿Mi propio interés? Eso es ventajismo”.

Y desde Pasto llegó, para esta crónica, esta joya fotográfica. Es el grupo de trabajo de la Voz del Galeras de Todelar. En ella distinguimos al joven reportero Víctor Hugo Núñez Mora, pero ¿quiénes son los demás? Necesitamos de la ayuda de los cibernautas para identificar a los compañeros de El Ruso.

ASÍ ERA LA COSA

     Si usted recuerda bien, en el comienzo de esta crónica relacionada con Víctor Hugo Núñez Mora, hijo de Betty Mora y Ramiro Núñez, escribimos que hay ciudades con historias y ciudades sin historias.

Y en ellas, tanto en las ciudades como en sus historias, ‘El Ruso’ Núñez se convirtió en un andarín de los medios de comunicación. En algunos días quería escribir en el semanario ‘Balón’, el que fue fundado por Esteban Jaramillo Osorio para hacerle competencia a ‘Nuevo Estadio’ de Manizales, pero en otros se le aparecía Emilio Fernández de Soto, el que llegó a ser director del diario El Pueblo, antes de que lo cerraran, y lo invitaba a transmitir fútbol de la ‘C’ y recorría, Buga, Palmira y otros municipios vallecaucanos.

En ocasiones, ‘El Ruso’ Núñez narraba fútbol en Radio Súper y comentaba Javier Fernández, conocido hoy como ‘el cantante del gol’.  En otras, al lado de Chávez Ávila y Javier Alberto Buitrago, en RCN, cuando quedaba en el ‘Palacete’ de Versalles, en Cali, trabajaba en el programa de ciclismo y quedaba encargado del mismo cuando los titulares viajaban a Europa a narrar, por ejemplo, la Vuelta a España o el Tour de Francia.

Sea esta nota, por lo pronto, parte del registro de un periodista andarín a quien, cuando las ciudades, en las que trabajó, eran como un pañuelo, lo reconocían y la gente, cada vez que lo veía, decía, “ahí viene ‘El Ruso’ o allá va ‘El Ruso’…”, simplemente porque nunca pasó desapercibido por más que hoy en día se desempeñe como secretario administrativo de ACORD-Valle.

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Un comentario

  1. [email protected]

    3 marzo, 2021 at 2:40 pm

    *Por la crónica «Un ruso andarín»
    Muy bueno el escrito te felicito y me alegro de saber de ti amigo tqm mil bendiciones.
    Enith Toro

    Del editor. La buena crónica es de Williams Viera desde USA.

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