Capsulas de Carreño

Una paloma para Betancourt y Mendoza. Por Pablo Arbeláez Restrepo

 

Paul Betancourt es el costarricense que consiguió la primera victoria de su país en la historia de la Vuelta a Colombia. Y de amarillo es el venezolano Gabriel  Mendoza, líder.  Foto cortesía Fedeciclismo.

 

Por Pablo Arbeláez Restrepo

Pablo Arbelaez

 

El fornido rubio embaló y tuvo los brazos en alto desde Cartagena hasta Montería.

 

Durante cuatro días esa fue la repetida sentencia de Andris Nauduzs, un temerario y fortísimo embalador lituano, quien en la Vuelta a Colombia de 2000 cumplió un récord histórico, prácticamente imposible de repetir.


Nauduzs arrasaba con sus contendores en los metros finales de aquellas etapas disputadas en la Costa y en la sabana Atlántica, donde quedó para la posteridad el inédito hecho de ganar cuatro fracciones al hilo. Al embalaje.


Por fortuna, la ronda nacional, recoge cada tanto las proezas de sus visitantes, esas que se cuentan por montón en las piernas del francés José Beyaert (1952), del español José Gómez del Moral (1957) –está en la caravana de la Vuelta de este año-, del lituano Remigijus Lupeikis (1990), del también lituano Arturas Kasputis (1991), del ecuatoriano Pedro Rodríguez (1995), del venezolano José Rujano (2009), quienes se han puesto la camiseta de líder en la principal prueba del país.


Este jueves, la historia se hizo repetida con el venezolano Gabriel Mendoza (Coordinadora), compañero y pupilo de Rujano, quien a los 19 años llega al liderato de la prueba.


Lo del patriota Mendoza no para ahí. La quinta etapa presentó la victoria del costarricense Paul Betancourt (Coopenae), quien le brindó el primer triunfo parcial a su nación en la rica y añeja historia de la Vuelta en sus 65 ediciones.


Una paloma que les brindó el lote de los escaladores, sabedores que los visitantes estaban en posiciones secundarias, pero a la vez una voz de aviso, que los extranjeros vinieron a honrar la carrera, especialmente antes de la llegada de la alta montaña, con la escalada a la espalda del alto de La Línea.


Antes fueron en la historia corredores tan grandes como José Beyaert y José Gómez del Moral los encargados de pisar firme en el territorio de los escarabajos. Por fortuna Mendoza y Betancourt también se lanzaron en procura de la gloria, esa que los llevó a llegar dichosos a Ibagué donde Beyaert triunfó en la edición de 1952, al venir de Armenia, en un camino recorrido a la inversa al de este viernes.


Ellos, los que vienen y ganan aquí, o que se ponen la camiseta de líder, hacen más grande la Vuelta, como lo hiciera el formidable Nauduzs con su incomparable hazaña. Esa que puso los pelos de punta y se hizo inolvidable.

 

 

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