Capsulas de Carreño

¡Virgen del Carmelo, ilumínalos! (j.i.l.)

Por cuenta del doblete de Carmelo Valencia, figura del partido que perdió Nacional en casa con el Cúcuta, 3×2, llegan críticas para el cuerpo técnico Osorio-Páez, Foto @Cucutaoficial.

Por Jorge Iván Londoño..

Todavía retumbaba en el estadio el ¡Oh, libertad! ¡Oh, Nacional! final de nuestro sentido himno antioqueño, patentada por los del Sur, cuando Muñoz, en un salto de contorsionista del circo del Sol, abre la cuenta  de potente frentazo, lo que obliga a los honorables asistentes, y a los de control remoto,  a quitarnos el sombrero,  además porque ese gol era el colofón de una coordinada  sucesión de pases que duraron 23, 8 segundos desde el pitazo inicial.

 

Comienzo de fantasía, como pocas veces se vive, un golpe a la barbilla de los motilones, la cuota inicial para ilusionarnos con un marcador generoso, también llamado goleada, la mesa entonces estaba servida para que Nacional siguiera dueño del balón, de las oportunidades de gol,  desperdiciadas  para no desentonar gracias a ese mal endémico; y por qué no, para que el Cúcuta, vuelto en sí a punta de inhalaciones de éter…minado el mareo, comenzara a asustar con llegadas de algún peligro, hasta que ese susto se hizo realidad con el gol del empate. La euforia de los 23,8 segundos y todo lo presagiado con esa tempranera anotación, se esfumaron y volvimos a nuestra realidad, mucho ataque, malas entregas, perdidas de balones en momentos críticos y floja defensa.

 

Pasaron diez minutos y Nacional se vuelve a encaramar en el marcador con gol de Vladimir de un potente disparo, gol que nos manda al descanso con un paquete de rosquitas y una manzana Postobón. ¡No faltaba más!

 

Aun así, con un primer tiempo aceptable, en Nacional se evidenciaban fisuras, que creíamos iban a ser resanadas y pintadas por el cuerpo técnico para los 45 minutos restantes, pero como ellos son ellos y nosotros somos nosotros, y como somos tan lejanos en esos puntos de vista, al fin y al cabo a ellos les pagan y a nosotros tampoco, salieron los mismos diez, y digo diez porque definitivamente Baldomero, para mi gusto, no encaja en el equipo y los minutos que juega de cada partido pasan intrascendentes. Sigo creyendo que Ceppelini debe ir desde el pitazo inicial como socio de Jarlan, y antes de ellos Muñoz y Rovira.

 

Nacional en el segundo tiempo fue un “Barcos” navegando en un mar de errores y horrores, con un Jarlan y un Candelo venidos a menos, con un Helibelton oscuro como su piel, y para ajustar, reaparece la lesión de Bocanegra, quien haciendo alarde de su falta de pispicia, continua en la cancha a cambio de tirarse al piso para propiciar la sustitución,  situación que Carmelo, ni bobo que  fuera, aprovecha para anotar el gol del triunfo y de paso ajustar su doblete en el partido.

 

En la rueda de prensa, asimilada a montaña rusa, el asistente Pompilio manifestó su mea culpa y la del profesor Osorio, y que solo ellos son los culpables de tan dolorosa derrota. Inconcebible que un cuerpo técnico de esa talla, primero se equivoque escogiendo los once, y segundo haga cambios tan incomprensibles, eso de sacar a Barcos y entrar a Reyes, teniendo a Cucchi a tiro de pipo y cuarta y dada la urgencia de gol, es de no te lo puedo creer. Ah, y súmele que la demorada entrada de Ceppelini, fue soplada en coro por todos los asistentes.

 

¡Virgen del Carmelo, ilumínalos!

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