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Por María Victoria Zapata B.
Columnista Cápsulas.

“El que es, no deja de ser”, referencia con bastante precisión el refranero popular los antecedentes y comportamientos repetitivos de las personas. Y también de los grupos. En el caso que nos ocupa, es apenas aplicable a la indolente y desmañada dirigencia actual del Deportivo Independiente Medellín y a su Comisión Técnica, si que existe alguna, con sus reiterados y monumentales yerros en materia de contratación de jugadores.
Basta simplemente recordar algunos de ellos, para entender el por que de la recurrencia en descalabros institucionales con los refuerzos, sin que haya, hasta la fecha, moralejas ni lecciones aprendidas y aplicadas por parte de las directivas del DIM, pero si muchos interrogantes que nunca se resolverán, lo mismo que un buen número de “refuerzos” rojos que quedarán en libro de lo anecdótico, lo inverosímil y lo disparatado.
El reencauche de jugadores sin fundamentación como Yorleys Mena y la contratación del permanentemente lesionado delantero vallecaucano Carlos Ibargüen, encabezaron la lista de desatinos, en el segundo campeonato del año 2016. Aumentó el listado en torneos sucesivos con el delantero Edinson Toloza en un irracional trueque por Marlon Piedrahita, el extremo Rodín Quiñones, el atacante Christian Nazarit, el centrocampista Johnier Viveros, además de otros jugadores como Héctor Urrego, Federico Laurito, Alejandro Barbaro, Luis Luna, Maicol Balanta, Luis Mena y Denis Gómez.
Tampoco se nos olvidan el delantero paraguayo Carlos Monges, los jugadores Carlos Sinisterra, Francisco Flórez, Julián Figueroa e, igualmente, los recordados casos de Johan Arango y William Palacios, contratados no obstante sus penosos antecedentes disciplinarios y desvinculados muy pocos meses después, por idénticas razones. Engrosan el inventario de insensateces el mexicano Luis Nieves, el juvenil ecuatoriano Rony Santos y el peruano Héctor Campos, en tres inexplicables negociaciones con tres jugadores de quienes escasamente supimos sus nombres y nacionalidad. Nada más. También tenemos al argentino Israel Escalante, que llegó al Equipo del Pueblo como parte de un intercambio (de qué ???) con Boca Juniors, según información oficial.
Para el campeonato a punto de concluir, el DIM se “reforzó” con Jonathan Marulanda y Ever Valencia (rencauchados), Jaime Alvarado, Edwin Cetré, Andrés Ibargüen, Emerson Batalla, Déiner Quiñones, Jorge Cabezas, Daniel Londoño, Jordy Monroy, John Palacios, un total de once jugadores para un Independiente Medellín que en modo alguno resolvió sus severos problemas en la zaga, en mitad de campo ni en ataque. Por el contrario, se profundizaron las grietas en defensa, nunca apareció el jugador cerebral que se constituyera en el creativo y armador del cuadro rojo y “la montonera” de extremos y delanteros nunca se materializó en un ataque solvente, peligroso y efectivo.
Y ahora resulta que tras la del todo inconveniente negociación de jugadores rojos en plenos cuadrangulares (fea práctica ya habitual en la dirigencia del DIM que encabeza Raul Giraldo), nos encontramos con otro exabrupto mayor: la contratación de futbolistas con anterioridad a la designación de un director técnico en propiedad y, lo peor, sin el menor respeto por la gestión y concepto de quien deberá suceder a Sebastián Botero en el banco rojo, a menos que le den continuidad a dicho entrenador, lo cual sería otro error mayúsculo en un equipo que pide a gritos un Director técnico con experiencia, recorrido, manejo de grupo y, fundamentalmente, AUTONOMÍA, palabra que, sabemos, no forma parte del léxico dirigencial de los señores Giraldo, en el DIM.
El asunto no para ahí, sin embargo. La contratación de un zaguero con recurrentes y graves antecedentes disciplinarios y de un delantero sin gol, reafirman el desorden, el absurdo y el caos en los que se mueve la administración del Equipo del Pueblo, además de la ligereza en la toma de decisiones, en las que el más elemental de los conocimientos acerca de los requerimientos del DIM y el análisis pormenorizado de los futbolistas a vincular, incluyendo los disciplinarios, brillan por su ausencia. Sin criterio alguno en la contratación de jugadores, los fracasos se repiten semestre a semestre, campeonato a campeonato y, sin importar si fueron muchos pocos, el resultado es el mismo.
Y lo seguirá siendo, porque todo lo que ocurre en el DIM, en el gramado, en las contrataciones, en los resultados y en los descalabros repetidos, es la manifestación del triste diagnóstico que conocemos hace años, con variables de todo tipo. Falta de seriedad y sensatez en el manejo del equipo tanto en el ámbito administrativo como deportivo, ausencia de proyectos, inventos y nocivas experimentaciones con cuerpos técnicos, irrespeto a la autonomía del entrenador (al que torneo a torneo “ le escogen” los jugadores), ausencia de planificación, norte y directrices. En el DIM, todo se gesta en la inmediatez y LA IMPROVISACIÓN con todos sus lamentables resultados.
Por ello dejé de creer hace casi siete años en las “bondades” de la administración Giraldo y soy reiterativa en ello, el refuerzo que más necesita el DIM en este momento, es de tipo administrativo y dirigencial. Y también reclama un cuerpo técnico con recorrido, ambiciones, metas y un fútbol sin miedos ni conformismos. Mientras ello ocurre, y sin importar en cuantas planillas se aumente el listado de contrataciones inútiles, ni cuantos noveles técnicos “se quemen” en su debut como tales, el DIM seguirá sometido a decisiones inconsultas, a disparatadas contrataciones y a fracasos continuados.
[María Victoria Zapata B.]





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