Por Gilberto Maldonado Bonilla.
*El resultado enmarcado en lo accidental. Y de nuevo el interrogante: ¿Si el rival es otro?
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Si Atlético Nacional no consigue, perdón, no se encuentra con el resultado frente a Guaraní?.
¿Si el rival no es propiamente el que le correspondió?
Los interrogantes son apropiados para la presentación en lo que a fútbol como espectáculo concierne.
El primer interrogante trae la idea una parodia al poema de Porfirio Barba Jacob, Canción de la vida profunda: «A veces somos tan circunstanciales.. tan circunstanciales…..».
Esa ´grandiosa», «épica», «inolvidable», de Atlético Nacional en territorio paraguayo tiene los tópicos que tanto se ha criticado al funcionamiento del verde a lo largo de este año.
Entonces, no es lógico creer que se ha encontrado esa especie de «piedra filosofal». El resultado solo maquilla un comportamiento en el terreno de juego: soportar la suerte del partido en lo puramente defensivo sin la más mínima intención de jugar con la necesidad del equipo local; sin la mínima posibilidad o la intención de jugar al contra-golpe.
Solo mediando el segundo tiempo, y por breves instantes, se tuvo la noción de la defensa de un resultado mediante la tenencia del balón. De resto, sufrir y sufrir hasta el providencial, definitivo y magistral gol de Rovira producto de la ejecución de tiro libre.
El resultado enmarcado en lo accidental. Y de nuevo el interrogante: ¿Si el rival es otro?
¿Si el resultado es diferente al que se dio a la postre? No se estaría hablando del renacer de Atlético Nacional; ni del renacer de la grandeza verdolaga; ni del re-descubrimiento de su ADN.
A falta de tener que soportar un fútbol intermitente, que llama constantemente a la diosa fortuna, bueno es un bombóm.
