Capsulas de Carreño

Y se van los nuestros (Álvaro Galeano Gil)

El Viejo Quin de sombrero.Como se extraña por estos lares. Foto destructordevanidades.blogspot.com

El Viejo Quin de sombrero.Como se extraña por estos lares. Foto destructordevanidades.blogspot.com

 

Por Álvaro Galeano Gilalvaro-galeano

 

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*Joaquín Correa, el viejo Quin, hasta luego, hasta un tango de estos! Lo mismo Edison Christopher y Hernando Marín.
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Pensé dejar pasar, ya no importaba, no estaban mas, se van los nuestros, pero  llega Taira, la de ébano, hermosa como su madre, como su abuela, tiene solo cinco años y pregunta por el abuelito.  Y pasa el apostador que convirtió su derrota lejana en risa al recordar aquel elemento del partido que le hizo perder el capital que quedó después de una noche en el viejo Guayquil: » Dónde está ese viejo ladrón que no pitó penal y me hizo perder la apuesta?».

Al obtener la respuesta, tartamudea como en un sollozo: «Pero si el sábado pasao me volvió a beber». Todos extrañan al mayor de los recuerdos humanos que moraba en el 1150 de Darío Muñoz, detrás del arco de la Marte. JOAQUÍN CORREA, EL VIEJO QUIN, anécdota viviente por 94 años, historia del fútbol que también lo jugó y que tuvo el poder de ser juez y casi siempre parte, como que entraba a la cancha ya sabiendo el resultado, pero que al finalizar, se bebía al ganador que le engrosaba los bolsillos y al perdedor que se iba convencido de que había que mejorar.,( mejorar la mordida}.
El viejo Quin fue punto y banca en todos los barrios de Medellín, de amplia sonrisa y poder de convicción, tuvo suerte con las damas, ayudado por su fama de bailarín y uno que otro recorte de prensa por sus actuaciones como juez de línea,  hincha del DIM. Fue capaz de llegar a los sesenta años siendo referi, fue difícil hacerle colgar el pito.
Cerrajero de profesión decía él, sus trabajos lo contradecían, de eso queda muestra en la guardería de Muñoz; las mesas que el viejo hizo solo sirven para cuñar la puerta, encima de ellas se derrama un banano. No le quedó debiendo nada a nadie, no necesitaba nada pues nunca compró, era su mayor orgullo, como lo fue su señora esposa, quien fuera gloria del baloncesto antioqueño.
Era sorprendente verlo a su casi siglo de edad, tomando en animadas tertulias con su patrocinador don Humberto, su contertulio Fabio Tarzán, en lo de Carmen, donde Dario, en lo de Tina, que era el último que se iba con la promesa de no volver jamás, promesa que no cumplía, ni aun hoy después de su despedida. Siempre que llega uno de sus amigos, lo lleva en el recuerdo, lo hace vivir en la alegría que produce su memoria. Joaquin Correa, el viejo Quin, hasta luego, hasta un tango de estos!

 

ADIÓS EDISON 

Edison Christopher. Foto voces365.com

Edison Christopher. Foto voces365.com


Mientras tanto, solo dos semanas antes en su olvidada  isla de San Andrés, paraíso que sólo ha servido para que los políticos aumenten el volumen de sus faltriqueras con base en oscuros negocios, fallecía quien fuera el más grande del baloncesto criollo, Edison Christopher, «el verdugo de México», grande en la historia de nuestro deporte, como que fue también gran jugador del béisbol nacional.
Edison, del que se dice que nació en Panamá, amó a Antioquia hasta su final, adoró a la UdeA, la que representó en diferentes disciplinas; con su sonrisa sonora, animaba las tertulias de la carreta del coliseo o la del diamante, tuvo un gran amigo, el médico Óscar Villa, compañero de selecciones Colombia y que hoy sufre en su salud.
Nuestras autoridades deportivas, infestadas de política, no miran más allá de sus propios intereses; por eso ni un sencillo homenaje hubo para este que, con sus ejecutorias, hizo que varias ligas tuvieran la vitrina que esos parásitos hoy disfrutan, Para Edison, un Dios le pague y lo tenga con Él; por sus éxitos, aprendimos a amar el deporte.

 

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HASTA LUEGO HERNANDO 
Y dos meses antes, con el silencio de los grandes, aumentando su bajo perfil, moría Hernando Marín, el popular «Marinero», de la vieja escuela de la Estación Villa, del Pielroja de Oscar Estrada, de los Mesa,  de Libardo «discoteca» Ayala, del bar de «sancocho», «Marinero»jugador del Medellincito de Agudelo, Cunda, Corozo, amante de los toros y tanguero de cuna y de ley, bailarín, vieja guardia que vimos pasar y que nos dejaron como legado, el respeto a los demás y el saber hacerse respetar, hombría de bien que llaman.

En la Marte, donde Darío, quedó servida una «chichita». Yo me la tomo por vos, viejo Marín.

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