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Por María Victoria Zapata B.
Columnista Cápsulas.

La donatón poderosa en la parte exterior del estadio, el recibimiento al equipo con despliegue de la monumental bandera que cubre todas las tribunas del Atanasio Girardot durante los actos de protocolo, un partido que se jugó con ímpetu y fervor por parte de poderosos y americanos y un gol anhelado, esperado durante tiempo por la afición local (el primero del polaco) y ayer por fin anotado y celebrado hasta el frenesí para recibir, luego, un mazazo por cuenta del incomprensible exceso de confianza de parte de quien tantos goles ha evitado en el DIM… Paradojas del fútbol.
Ayer, ante América de Cali, se repitió el festival del desperdicio del Equipo del Pueblo. Por ello, los hinchas volvimos a experimentar el desasosiego, la frustración y el desespero que produjeron las malogradas opciones de Chaverra, Berrío, Moreno, Sandoval, León (quien ayer despilfarró 5 y nuevamente se ganó la amarilla por sus absurdas payasadas), y cuanto jugador del DIM intentó, sin acierto, vulnerar el pórtico resguardado por Jorge Soto, gran protagonista del partido anoche, en el Atanasio Girardot.
Pero más allá de la esterilidad en el ataque rojo y de la vehemencia con que se jugó el compromiso por parte de ambas escuadras, el partido se convirtió en sus minutos finales en una montaña rusa emocional de la que aun no nos reponemos. Pasamos del frenesí al estupor. En tiempo de reposición, el partido y el marcador nos mostraron dos caras opuestas del fútbol, nos llevaron a la cima de la alegría y, un descenso abrupto, inesperado y doloroso, nos devolvieron al lugar donde empezamos, el empate. En tan solo dos minutos, la dicha, fue reemplazada por el desconcierto, el desconsuelo y también la indignación.
En el imprevisto final, el tiempo de reposición nos regaló el tan ansiado gol de Francisco Fydriszewski, quien había sustituído 5 minutos atrás a Leider Berrio. El júbilo y la celebración tuvieron un significado múltiple: el fin de la abstinencia para el delantero argentino del DIM, el triunfo rojo tan buscado y luchado en el difícil juego ante el cuadro vallecaucano, un grato comienzo de fase de cuadrangulares y el cierre con broche de oro para una linda tarde-noche de fiesta, fútbol y alegría en el estadio Atanasio Girardot.
Infortunadamente, un exceso de confianza del arquero Washington Aguerre, y el consecuente yerro suyo, al minuto 90+4, dio lugar a la anotación del mediocampista Rafael Carrascal que determinó el 1-1. Una pifia que, además, nubló la celebración del primer gol del polaco, dejó en segundo plano racional la falta de definición en el DIM (un problema grave y de todos sus partidos) y nos arrebató la fugaz alegría en este primer juego de cuadrangulares, ante América de Cali.
No obstante lo ocurrido y la tristeza natural por el empate, me duele mucho el ataque despiadado de algunos hinchas rojos hacia el arquero titular del DIM, y así lo expresé en su momento. El fútbol es imprevisible y situaciones como la vivida anoche, aunque ocasionales no son ajenas a los partidos. Aguerre se equivocó feo pero, ¿cuántas veces nos ha salvado y cuántos goles ha evitado? Que el fanatismo y la rabia no nos lleven a la injusticia y a la mezquindad.
[María Victoria Zapata B.]





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