Por María Victoria Zapata B.. //
Columnista Cápsulas.
=====

Han pasado ya dos semanas desde el amargo cierre de competencias para el Deportivo Independiente Medellín en el año que está a punto de culminar, y todavía los hinchas rojos sentimos el dolor, la vergüenza y, sobre todo, la indignación que nos dejó el Equipo del Pueblo en sus dos participaciones en Liga y en la última versión de Copa Colombia.
Son sentimientos agudizados por la recurrencia en situaciones y comportamientos no solo inaceptables, sino que degradan cada vez más el objeto y la institucionalidad del DIM en los ámbitos deportivo, directivo y estructural y que, además, han desgastado al máximo la relación del hincha con dirigencia, cuerpo técnico y jugadores.
Y se ha deteriorado debido a absurdas políticas administrativas que le arrebataron al DIM sus raíces, su identidad, su ambición y su espíritu. Y en la misma proporción, le robaron al hincha la alegría, la fe y la ilusión. Peor aun, se la canjearon por constantes frustraciones y repetidas decepciones. Hoy no quedan más que desengaños. También muchísima incertidumbre frente al futuro inmediato del equipo.

Refuerzos, el mayor desatino.
Nada más insensato y disparatado que el régimen de contratación de jugadores, agravado en la “era Federico Spada”. Escaso rigor y análisis con el que se ha llevado a cabo dicha labor en el DIM. “Montoneras” sin sentido la mayoría de las veces, desconocimiento de los requerimientos en nómina y vinculación de jugadores genéricos y carentes de las condiciones y conocimientos básicos para jugar en una escuadra de fútbol y, más, en una profesional.
Porque para los directivos rojos, sus aspiraciones no van más allá del negocio, de cero inversión, de la compra de jugadores baratos y sin mercado, y la venta de otros con mayor cotización. Sus argumentos son eminentemente comerciales. Razones de $$$, nada más. En ese orden de ideas, la sumatoria de las eliminaciones y frustraciones desde el año 2018, las cuatro de 2024, la oprobiosa final con Santa Fe el pasado mes de junio y los recientes descalabros en Liga y Copa Colombia son el único resultado posible en virtud del desdén por los objetivos y metas institucionales, gestado desde las propias oficinas del Deportivo Independiente Medellín.
Solo a manera de ejemplo, basta con mirar “los refuerzos de los últimos dos años y los aportes de cada uno de esos jugadores al equipo del Pueblo:
2024.
Liga -I: José Aja, Pablo Lima, John Vásquez, Kener Valencia, Baldomero Perlaza, Jimer Fory, Fainer Torrijano, Mender García y Eder Chaux.
–Liga- II: Jersson González, Luis Sandoval, Jherson Mosquera, Marcus Vinicius (bras)., Homer Martínez, Francisco Chaverra, y Joaquín Varela (uru.)
Y los del 2025:
Liga I: Alexis Serna, Julián Angulo, Francisco Fydriszewski, (arg.) Hánser Angulo, Léider Berrío, Yeferson Rodallega, Washington Aguerre (uru.),
Liga II: Jarlan Barrera, Jader Valencia, Juan David Bonilla, Esneyder Mena, Weimar Asprilla.
—
Equipo sin alma.
El panorama es más desolador si observamos completa la nómina 2005 del DIM y el comportamiento de un buen número de jugadores en el gramado. Un equipo sin mística ni articulación deportiva ni emocional con lo que representan el DIM y su afición. Aparte de Washington Aguerre, Francisco Fydriszewski, Kevin Mantilla en los pocos partidos que jugó, o Halam Loboa, ¿Cuál otro jugador luchó, corrió, transpiró por Independiente Medellín, especialmente en aquellos partidos en que se precisaban jerarquía, convicción, ardentía, coraje, hambre de gloria, en una frase, dejar el corazón en la cancha?
El caso del cuerpo técnico tampoco aguanta mayor análisis ni alcanza una buena calificación. Con un fútbol colectivo, llamativo y efectivo que no fue más que un embeleco por cuanto no resistió instancias cruciales para el DIM, el entrenador Alejandro Restrepo falló en la conformación de muchas de las nóminas inicialistas, en la lectura de partidos, en las sustituciones y en la implementación de módulos con 3 o con 4 zagueros. En los juegos decisivos, Restrepo se vio nublado, errático y superado ampliamente por todos sus rivales de turno.
Por ello, duele profundamente ver a Independiente Medellín sin fortaleza mental, sin estructura anímica, sin líderes en el gramado ni en zona técnica y, lo más grave, sin sentido de pertenencia, sin arraigo alguno y sin respeto por los colores rojo y azul, ni por la hinchada poderosa. Y lástima más todavía, saber que desde las mismas oficinas del DIM, desde su propia dirigencia, que encabeza Raúl Giraldo, le cercenaron al equipo su corazón, su esencia, su identidad y todas sus motivaciones y ambiciones.
No hay en la actual dirigencia roja vínculo emocional con el acervo institucional ni con la hinchada. Ni coherencia entre las ejecutorias de orden administrativo con las deportivas. No hay posicionamiento, proyectos serios ni reconocimiento o valoración del objeto deportivo del DIM. No hay trascendencia del equipo ni ideales de competencia. Solamente un negocio. Los hechos son elocuentes.
¿Se repetirán los fracasos?
Así las cosas, con unos jugadores que no sienten la camiseta y un equipo que no es más que un negocio para sus propietarios y/ o dirigentes, la penosa y denigrante historia de las finales 2022, 2023 y 2025 se repetirá cualquier cantidad de veces más, la séptima estrella continuará inalcanzable, la ilusión será burlada torneo a torneo y las tristezas y decepciones serán la constante del cierre de cada campeonato para el hincha del DIM. Igualmente, el equipo nos mostrará fútbol de chispazos, escasos jugadores comprometidos y balances de cada fin de temporada que se limitarán a la reseña de nuevos fracasos, los mismos que extenderán la ya interminable lista de descalabros deportivos después de la conquista de la última estrella, en junio de 2016.
Una problemática seria, grave, dolorosa y que no se resolverá con la adquisición de una nueva cancha para entrenamiento, con el ocasional traspaso de algún joven jugador al fútbol europeo, con reuniones programadas con unos cuantos hinchas, ni con comunicados oficiales en el que se escribe una y otra vez el estribillo-falacia de siempre: “seguiremos trabajando para que el Deportivo Independiente Medellín esté a la altura de su historia, de su gente y de lo que todos soñamos: competir siempre y ganar”. Son muchas más las razones para no creerles, para no creer. Son muchos fracasos en el DIM…!!!
María Victoria Zapata B.





Haz un comentario