DIM y esa fea costumbre de perder finales.

Por María Victoria Zapata B.. //
Columnista Cápsulas.
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No  importa que haya sido  en una final de Copal Colombia. El caso es que ha sido un golpe más, una humillación más, una frustración más para el hincha del Deportivo Independiente Medellín,  castigada nuevamente por un equipo que dejó en el vestuario su fútbol, su alma, su combatividad, su sentido de pertenencia  y su respeto,  tanto por el uniforme  que viste como por la afición  que de  lejos o cerca lo acompaña, siempre.

Un  DIM  que, infortunadamente, es la semblanza de una dirigencia  tan vacía de motivaciones y aspiraciones deportivas como  el equipo que vimos anoche en el gramado del Atanasio Girardot, derrotado  de nuevo por su desidia y  apatía, por el olvido de su fútbol justamente en partidos decisivos, por la infravaloración de sus fortalezas, lanzadas todas  a la caneca de la basura cuando más se precisaba de ellas,  por su desdén hacia la obtención de títulos, por su escaso carácter y jerarquía,  y por su menosprecio a la ilusión del hincha.

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Un DIM cuyo único objeto dirigencial está marcado por el signo $$$,  por una nómina  determinada en alto porcentaje  por el menor costo y carente de no solo de cimientos técnico deportivos  y talento sino de  profesionalismo y de lazos  emocionales y afectivos con el Equipo del Pueblo. Un DIM  cuya escuadra profesional está integrada, en su mayoría,  por jugadores genéricos, sin nivel  y /o con escaso mercado debido a sus precarias condiciones técnicas. Una nómina para la que el término inversión no cuenta y una dirigencia para la que la  fe del hincha carece de todo valor.

Por ello no debería sorprendernos el 0-1 ante Nacional, en el juego que definía  el campeón de Copa Colombia y volvió a dejar al cuadro rojo con las manos vacías.  Desde las oficinas del DIM, el equipo está  inoculado con el virus perdedor, con una mentalidad derrotista, con una política administrativa que antepone el negocio a la obtención de metas,  con una dirigencia  a la que  le  interesa “sumar” otra cancha de entrenamiento y/o la  esporádica venta del algún canterano al exterior y nada más.

Y anoche, desde la confección del onceno titular se repitieron los mismos yerros de la temporada y  se observaron las limitaciones de la nómina, circunstancias que se agudizaron en desarrollo del partido con las incomprensibles decisiones del técnico Alejandro Restrepo al dejar por fuera de la titular al “polaco”,  sostener en el gramado a Jarlan, de pésimo rendimiento en sus últimos juegos, alinear  a Arizala y Baldomero,  elaborar un módulo mutilado  en su ataque, mostrar un DIM sin peso  ni cohesión en ninguna de sus líneas,  y sin  sorpresa ni argumentos tácticos  Al igual que en cuadrangulares, ayer Restrepo  lució errático de principio a fin.

También duele muchísimo  ver  un DIM  que ayer “sumó” un fracaso más a su ya muy extensa lista de reveses desde 2017, un DIM sin sangre en las venas y  sin jerarquía, un DIM al que le arrancaron trozo a trozo  su rojísimo corazón  y en el que  sustituyeron la ambición deportiva por la  codicia desmedida de unos pocos directivos, un DIM al que le pulverizaron la ilusión  de su  poderosa afición y a la que  pisotean sin vergüenza alguna  temporada tras temporada y campeonato tras campeonato.

En síntesis, el partido se perdió desde la formación inicial, el cuerpo técnico rojo reincidió en sus desaciertos, el equipo volvió a ser fiel reflejo de una dirigencia sin ambiciones deportivas, la nómina  apática, displicente  y  fría  volvió a ser inferior al compromiso y a la expectativa, el Medellín  volvió a decepcionar y a mancillar a sus hinchas  y el DIM perdió su cuarta final consecutiva: Deportivo Pereira, Junior, Independiente Santa Fe y, ayer, Nacional, este último en Copa Colombia.

El problema del DIM, y   he sido reiterativa en ello desde hace algunos años,  se genera en las oficinas del DIM. En una dirigencia cuyas políticas  de administración no trascienden sus propios beneficios, en la falta de inversión,  en la carencia de objetivos de competencia, de metas y ambiciones, en la falta  de sentido de pertenencia y de empatía institucional.  El  DIM necesita con urgencia  directivos y jugadores a quienes les duela y les importe verdaderamente el equipo.

Finalmente, Lo que Independiente Medellín  mostró anoche, se  resume  dolorosamente en una sola  frase: “El DIM  y su fea  costumbre de perder finales”.

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