Capsulas de Carreño

El nuevo (¿último?) reto de Ortega (Javier Castell López, El Heraldo)

Javier CastellPor Javier Castell López,
El Heraldo

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*Dos  años infructuosos de Ortega en Junior, creo que le llegó la hora.
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La primera clave para conformar un equipo es definir el talento del jugador: para qué es especialmente bueno. Qué es lo que hace de manera más natural y eficaz. Luego, incorporarlo en el lugar que deja al descubierto su potencial y disimula sus defectos. De esta manera el jugador se acerca a la “felicidad profesional”, que es nada más y nada menos la que le permite poder disfrutar de la profesión y la que lo ayuda a tolerar los sacrificios que demanda el desarrollo de su talento.

Michael Ortega tuvo, en el inicio del torneo anterior, una actitud solidaria en procura de recuperar la titularidad en el equipo y la credibilidad de los hinchas. Los aplausos que se ganó fueron porque retrocedió a ayudar a Narváez, porque cubrió la espalda del lateral, porque acosó a un rival que atacaba, porque se lanzó al piso a quitar un balón. Todas tareas defensivas. En estos casos valoro al jugador y critico al técnico. Y no porque patrocine la indolencia en el jugador ofensivo en la fase defensiva. Tengo muy claro que todos los jugadores en mayor o menor porcentaje tienen la obligación de aportar su esfuerzo cuando el rival se apropia del balón.

Pero también estoy convencido de que jugadores como Michael Ortega deben donarle su mejor esfuerzo al equipo, su activismo durante la mayor parte del juego, en acciones de ataque, en generar jugadas de riesgo en los predios del rival; en gambetear, asistir, rematar. En hacer, la mayor cantidad de veces posible, lo que le sale más fácil, lo que siente. Para lo que está mejor dotado. De esta manera el equipo exprime de él sus virtudes y alimenta el funcionamiento colectivo.

Tras la partida de Macnelly Torres, el buen jugador atlanticense tiene la obligación de liderar el proyecto ofensivo del Junior, que no quiere decir que solo en él descansará esa responsabilidad, porque de ser así, estaríamos en presencia de una nociva dependencia.

Después de 2 años infructuosos de Ortega en Junior, creo que le llegó la hora de demostrar si esas cualidades que se advierten por breves instantes, que se le valoraron en años anteriores, continúan ahí; salvas, latentes, deseosas de expresar toda la calidad que contienen. Su compromiso, su carácter, el acompañamiento inteligente y diligente de los compañeros, la idea del técnico, la convicción en esa idea, la voluntad, la preparación, son, entre otras, las bases en las que tendría que apoyarse.

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