Capsulas de Carreño

Enrique Campos, una vida de tango y fútbol (I)

Por John Cardona Arteaga.
Profesor Universidad de Antioquia.
Expresidente Deportivo Independiente Medellín-DIM.

En semanas precedentes hemos dedicado espacios, plenos de afectos, a músicos que han combinado su amor por el tango con su gusto por el fútbol, dentro de una vida marcada por su adhesión a la causa del Club de sus preferencias. Las tardes de fútbol y las noches de tango de Troilo, Colángelo y Baffa fueron compartidas con River Plate, Racing Club y el CA Independiente, en sus ejecutorias como figuras emblemáticas de la música en conexión con los ídolos que los hicieron vibrar en la cancha.

Tenemos entonces un buen antecedente para introducir en estas crónicas un cantor muy querido por la gente de Uruguay, Argentina y Colombia, con especial recordación en nuestra ciudad. Su capacidad arrolladora, en una competencia con grandes vocalistas del tango, le permitió triunfar gracias a su melodiosa voz y canto fraseado que atrapaba a quienes de una vez lo incluimos en la lista de preferidos. Medellín fue terreno fértil para sus temas, que interpretó acompañado de grandes orquestas. Se trata del destacado cantante Enrique Campos, quien fuera tocado durante toda su vida por la estrella del fútbol, deporte que jugó, siguió y disfrutó a través de su club preferido, los ídolos que reconoció y su familia que concretó la unión de las pasiones tango-fútbol. Como cantor y compositor mostró su eterno vínculo con los valores deportivos y con los amigos pudo hacer real y desplegar sus grandes aficiones.

Nuestro invitado, bautizado como Enrique Inocencio Troncone, nació en Montevideo, Uruguay, el 10 de marzo de 1913, pasó su juventud en la localidad de Colonia Suiza, territorio local de sus primeros pasos como jugador de fútbol. Inicia sus actividades artísticas en 1936 con su nombre de pila y tras sus éxitos en presentaciones radiales, dentro del grupo musical de Eduardo Depauli, se convierte en Eduardo Ruiz, nombre artístico que conserva hasta 1943.

Enrique Campos

Su brillante carrera se perfila con su participación en la película Radio Candelario, sus giras a Brasil, su inclusión en las orquestas Pintín Castellanos, Laurenz-Casella y su llegada a Buenos Aires para el triunfo definitivo. Tras vincularse a la orquesta de Ricardo Tanturi, en competencia con Armando Laborde, adopta el nombre de Enrique Campos, que lo acompañará el resto de su existencia en el tango. Después de su gran actuación con Tanturi, canta con las orquestas de Francisco Rotundo, Roberto Caló, Edelmiro D’Amario y Graciano Gómez. En varios momentos de su vida actúa como solista con guitarras y con su propia orquesta, participando en numerosas grabaciones que perduran en la historia del tango cantado. Como compositor dejó nutridas obras de las cuales destacaremos aquellas relacionadas con el fútbol, en las que estuvo acompañado de destacados letristas.

Como novedad testimonial contamos con la participación de su hijo Ricardo Enrique Troncone, quien además de haberse desempeñado como jugador profesional de fútbol, guarda hermosos recuerdos de su padre en materia musical y futbolística que nos compartirá en este espacio, como retribución, según nos manifiesta, por el afecto y reconocimiento que le brindó Medellín a la música de su padre. Dicha circunstancia pudo apreciarla en las visitas que hicieron a Enrique Campos personajes reconocidos en el ambiente tanguero de Medellín como Hernán Restrepo Duque, Hernán Caro, José Rúa y el “Gordo” Aníbal Moncada, a quienes atendió en su propia casa de Buenos Aires. También sintió ese apego cuando Ricardo viajó a Medellín a disputar la Copa Libertadores de América en 1977, contra Atlético Nacional, representando a Bolívar de la Paz.

Antes de entrar en materia sobre la relación estrecha de Enrique Campos con el tango y el fútbol, haremos una breve reseña de la vida deportiva de su hijo Ricardo Enrique Troncone, nacido en Buenos Aires, Argentina el 24 de octubre de 1949, desempeñándose como defensor central.

Nos cuenta Ricardo que desde niño tuvo la pasión por el fútbol, aún con la disposición de jugar en la propia calle. “No había mucho tráfico, el colectivo 164, hoy 64, no pasaba muy seguido y los colectiveros que nos conocían tocaban la bocina cuando iban a cruzar la calle Lacroze. Parábamos y dejábamos que pasara. Los arcos estaban en diagonal, uno en la vereda de los Carelli y cruzando en diagonal el otro en la parada del 164, casi llegando a la esquina. Los partidos terminaban cuando salían nuestros padres para ir a tomar “la leche””.

Los fines de semana su papá dirigía como referee los partidos del campeonato del Club Ministerio de Hacienda, hoy Vilas Raquet. Por esa razón pudo obtener en préstamo un terreno propiedad del Club con el fin de organizar campeonatos para chicos. Eran muy famosos los torneos de “Campos”. Se llenaba de gente. Un día se presentó Carlos Palomino. Trabajaba en River Plate con los niños que todavía no tenían edad de entrar en las inferiores. Puso los ojos en Ricardo, se acercó a Enrique Campos y le preguntó si conocía a los padres del elegido. “El papá soy yo”, dijo Campos. Así se presentó la oportunidad de probarse en River.

Ricardo Troncone recuerda: “Creo que el Uruguayo (así le decía a mi padre) estaba más contento que yo. Pero hicimos un pacto. Él me iba a ayudar en todo para tener la posibilidad de jugar. Pero tenía que seguir estudiando. Y los dos cumplimos.

Enrique Campos y su hijo Ricardo

Quedé y formé parte del equipo Carlos Gardel, que era el nombre del cuadro con el que jugábamos previo a entrar en las inferiores. Se llamaba Carlos Gardel por la camiseta; era blanca con lunares negros como el pañuelo de Gardel. De ese equipo algunos llegamos a primera, por ejemplo, Babington, Marchetti, Larraigne, Carusso, arquero que jugó en el DIM de Colombia y compañero mío en Bolívar. En River jugué en novena y octava. Estuve un año sin jugar por una operación en un dedo del pie y preferí quedar libre para tener la posibilidad de jugar más seguido, cosa que no pasaba en River.”

Entonces surgió la posibilidad de Platense. El técnico de las inferiores era Julio Cozzi, quien fuera extraordinario arquero de Platense, Independiente y Millonarios. Pasó la prueba y empezó a jugar en la sexta. Con el correr de los días, Miguel Ignomirielo, técnico de la tercera, lo asciende a su grupo competitivo y a los 18 años, bajo las órdenes de Juan Carlos Murúa, debuta en primera ante Argentinos Juniors.

Reflexiona Ricardo: “Mi Papá estaba tan feliz porque en lugar de “El sueño del pibe”, se le había cumplido “El sueño del Padre”. Tuve la satisfacción de que me vio jugar en primera y la enorme e irreparable tristeza que no lo pudo disfrutar más.”

En Platense jugó hasta finales de 1972. Ese año el Calamar jugó en Primera B; descendió en 1971 por la ineptitud de los dirigentes de esa época. Además de la categoría, Platense perdió la cancha de Manuela Pedraza y Cramer, perdió la sede del club de Núñez y Amenabar.

“En ese año 1972, los árbitros me premiaron como el jugador más correcto de la Primera B y en octubre se formó, creo que, por única vez, la Selección de Primera B y fuimos de gira por Europa.”

En la memoria de Ricardo Troncone se encuentra lejana la figura del Polaco Goyeneche, sentado en las gradas de la cancha de Platense, club por el cual hinchaba y es considerado como un símbolo de amor mutuo entre cantor e institución.

A la vuelta de la gira fue trasferido a Racing Club. Jugó en la Academia en 1973, teniendo como técnicos a Juan Carlos Rulli y Ángel Labruna. Recién vinculado a Racing, el periodista José María Otero titula en El Gráfico N° 2808, del 31 de julio de 1973: “Ricardo Enrique Troncone hijo del cantor Enrique Campos, futuro yerno de Amadeo Carrizo, cuñado de Cabral… PERO LA FAMA SE GANA EN LA CANCHA”, con amplio despliegue de los antecedentes del zaguero central y como una premonición a la unión de las familias, en torno al fútbol y al tango. Sobre Cabral nos referiremos más adelante.

Ricardo Troncone (izquierda) y Roberto Cabral

En 1974 va a préstamo a Argentinos Juniors, cuyo técnico era Osvaldo “Chiche” Sosa. Allí fue compañero y amigo de José Pékerman, quien al año siguiente se enrola en el Deportivo Independiente Medellín de Colombia, club donde juega hasta 1978 cuando se retira del fútbol a los 28 años debido a una lesión.

En 1975 Ricardo es trasferido en propiedad a Newells Old Boys y con ese club disputa la Copa Libertadores junto a Rosario Central. En 1976 aceptó la propuesta de Bolívar de la Paz, donde jugó cuatro años y medio, convirtiéndose en un referente. Con esta divisa ganó cuatro ligas en Bolivia, disputó tres Copas Libertadores, contra equipos ecuatorianos en 1976, Deportivo Cali y Atlético Nacional de Medellín en 1977 y frente a equipos paraguayos en 1978.  Es un eterno agradecido con Bolivia, su gente y especialmente con Bolívar y sus hinchas.

Por mi parte, debo decir que la relación amistosa que hoy tenemos con Ricardo, nace en el contacto propiciado recientemente por el amigo Roberto Uribe Escobar, también tanguero y futbolero, originado en el escrito que publicamos en estas Cápsulas sobre su suegro, bajo el título Amadeo Raúl Carrizo, un arquero innovador, presente en el tango. Ricardo acompañó en sus últimos días al gran Amadeo, quien murió con la frustración de no haber podido cumplir sus 94 años y así nos cuenta: “Me sentí orgulloso de haber sido su yerno, su amigo, a lo mejor el hijo varón que no tuvo, así lo sentíamos los dos y estuve con él hasta que se fue.”  https://capsulas.com.co/amadeo-raul-carrizo-un-arquero-innovador-presente-en-el-tango/.

Amadeo Carrizo con su yerno Ricardo Troncone

Un testimonio nacido del corazón sobre Enrique Campos

Para el desarrollo de esta historia hemos pedido al hijo, exjugador profesional de fútbol, nos brinde un calificado testimonio sobre su padre, el gran cantor Enrique Campos. Esta es su semblanza nacida del corazón:

“Me es difícil hablar de mi padre y alejarme del hecho de que, precisamente, es mi papá.

Tanto para mí hermana como para mí, mamá y papá fueron los mejores. Tuvimos una infancia más que feliz, hicieron todo para que nunca nos faltare nada. A medida que fuimos creciendo estuvieron a nuestro lado para guiarnos y aconsejarnos sobre el camino que cada uno decidiéramos emprender, pero siempre, primero fue el estudio. Cuando chico no entendía muy bien por qué en nuestra casa había reuniones y cenas con amigos que supe con el tiempo que eran conocidos y todos vinculados al tango y al fútbol. No comprendía porqué cuando los vecinos o la gente que lo veía en la puerta de casa o paseando con nosotros por el barrio, le decían, “Hola Don Enrique”, ¿porque “Don” ?, si simplemente era mi papá. Y los años me respondieron. Era un tipo muy querido y muy respetado, no sólo por ser cantor, era por ser muy buena persona, siempre dispuesto si alguien necesitaba algo; a dar un consejo, a escuchar al que tenía algún problema.   1969 La Tablita (der a izq.) Enrique Campos, José Ramos, Ricardo, Alfredo Di Stéfano, Juan Carlos Cobos.

Su gran pasión fue ser cantor y la otra el fútbol. Nuestro barrio, Belgrano, en esa época estaba lleno de Studs, porque quedaba cerca el Hipódromo de Palermo. Pero también era barrio de fútbol. Vivían cerca Marín Esteban Pando, Emilio Melón, Hugo González, Cacho Oscoide, Jorge Leanza, que jugó en la tercera de River y en la de Boca, después fue a jugar a México y cuando se retiró como futbolista, fue árbitro internacional; todos jugadores de primera y entonces, cuando la actividad lo permitía, se juntaban y fueron famosas las reuniones en la esquina de casa hablando de fútbol.

Recuerdo ver a mi padre en el escritorio con su guitarra encordada para zurdo (todavía la tengo) acompañándose y cantando algún tango, vals o milonga que pensaba cantar después en público. O crear la música de algún futuro tema, que le pasaría a Jorge Moreira para que le hiciera la letra en un borrador donde escribía cualquier cosa, pero eso ayudaba a Jorge a saber la medida de la letra. Así nacieron muchos temas que después se convirtieron en tangos, valses y milongas.

Si bien siempre me encantó escuchar sus grabaciones, al principio, con mucho cuidado, porque eran los 78 rpm de pasta, con los años pude disfrutar la segunda etapa como cantor, después de haber dejado un tiempo de cantar cuando decidieron poner la florería.

Lo acompañé siempre donde actuaba, hasta el último año, porque yo ya estaba entreverado con el plantel de primera en Platense y a veces no podía. Pero cuando mis actividades futboleras lo permitían, lo acompañaba. Era un placer ver la felicidad de ese hombre por ir a cantar, nunca lo olvidaré.

No dejaba nada al azar, todo se tenía que hacer bien o no hacerse hasta estar seguro. Yo estaba nervioso siempre que él subía a cantar por si algo fallara o tuviera algún problema con la voz. Hasta último momento le preguntaba “estás bien Uruguayo?”. Y entonces salía y la rompía, como decimos los futbolistas. Para mí, cantaba sin esforzarse, como si estuviera charlando.

Haber llegado de Montevideo a ocupar el lugar de Alberto Castillo en la orquesta de Ricardo Tanturi no era fácil. Sin embargo, el Uruguayo lo hizo, con su estilo, con su decir, con su media voz, con su fraseo y con su personalidad. No hace falta escuchar mucho una grabación para saber que el que canta es Enrique Campos, Eduardo Ruiz, Inocencio Troncone, el Uruguayo, o simplemente, mi papá.”  Continuará.

[John Cardona Arteaga – Profesor Universidad de Antioquia – Expresidente Deportivo Independiente Medellín-DIM]

Medellín, agosto de 2020.

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5 comentarios

  1. Ariel Spoltore

    9 agosto, 2020 at 2:10 pm

    *Por la crónica de Enrique Campos
    Un verdadero lujo la nota, que habla de parte de la historia de vida de mi querido amigo Ricardo. Esa rica y hermosa historia donde rememora a ese gran padre que tuvo, como al gran Amadeo, fiel reflejo de la gran persona que es y que cualquiera hubiese deseado tener. Espero ansioso la próxima entrega y felicitaciones por la gran nota!!!
    Ariel Spoltore, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

  2. Miguel del Sel

    8 agosto, 2020 at 11:20 am

    *Por la crónica de Enrique Campos
    Extraordinaria nota la de Enrique Campos El mejor. Ricardo Troncone mi Amigo. Buena gente ( que mas ),
    Miguel del Sel, Santa Fe, Argentina, hincha de Unión

    • John Cardona Arteaga

      8 agosto, 2020 at 9:44 pm

      *En respuesta a Miguel del Sel
      Saludo y gracias Miguel. Ante todo, tanto el padre (Enrique Campos) como el hijo (Ricardo Troncone), dos ases en el fútbol y en el tango. Espere las dos entregas que vienen, llenas de sorpresas.
      Abrazo desde Medellín.
      John Cardona Arteaga, columnista Cápsulas

  3. José María Otero

    7 agosto, 2020 at 1:24 pm

    *Por la crónica de Enrique Campos, una vida de tango y fútbol
    Muy lindo todo. Además con gente que aprecio mucho, como Troncone y varios que nombra en la nota. Y de Enrique Campos está todo dicho: cantorazo y gran tipo. Me dedicó varias veces el tango: Llorando la carta.
    José María Otero, Madrid

    • John Cardona Arteaga

      8 agosto, 2020 at 9:50 pm

      *En respuesta a José María Otero
      José María,tienes sobrados elementos de juicio sobre el extraordinario cantor que fue Enrique Campos a quien conociste en primera línea y a su hijo le escribiste su primera crónica en El Gráfico. Además te agradecemos que siempre tengas a Medellín en tu radar. Un abrazo Grande.
      John Cardona Arteaga, columnista Cápsulas

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