Las lecciones de River Plate (Esteban Jaramillo Osorio, Bogotá)

Esteban JaramilloPor Esteban Jaramillo Osorio,
Bogotá

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*Su recorrido venía desde el abismo del descenso. Su fortaleza mental  fue la fuerza vital para alcanzar el éxito.
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Atlético Nacional ganó la copa Libertadores a finales de los  ochenta y  la popularidad de Maturana, su  entrenador, tocó el techo. Lo propio ocurrió con Luis Fernando Montoya cuando, metido en el nuevo siglo, le dio el triunfo al Once Caldas en el mismo evento. El tiempo implacable y el periodismo insaciable no le dieron durabilidad al reconocimiento, con plazos definidos para cancelar la luna de miel que se vivía. Se renegó luego de los triunfos, el uno por supuestas influencias arbitrales y el otro por el juego realizado, en contravía de los apetitos no satisfechos de los especialistas. Ambos, Maturana y Montoya, bajaron sus índices de popularidad  pero mantuvieron intacto su prestigio, garantizado por la trascendencia de las  victorias conseguidas.

Con el paso del tiempo se han revalorizado aquellas gestas, no solo por el impacto emocional que tuvieron entre  el público, sino por la incapacidad de hoy para repetirlas.  Se ve como un sueño imposible volver a ganar la copa Libertadores. Los rivales ya  no son tan fuertes, técnicamente, como los del pasado; los grandes clubes suramericanos han perdido linaje, pero han consolidado hambre de triunfo y poder mental competitivo, lo suficiente para ser invencibles, a la hora de un título, frente a  clubes Colombianos.

“Mucho huevo, poco fútbol y pizcas significativas de fortuna” tuvo  River Plate para encaramarse, sucesivamente, en el podio ganador de la Libertadores y la suramericana. Su recorrido venía desde el abismo del descenso. Su fortaleza mental, con la que maquillo sus carencias en el juego, a falta de figuras predominantes, con un  vestuario saludable y unido, fue la fuerza vital para alcanzar el éxito.

Lecciones deja River para los equipos Colombianos. Sin acoplar un plantel, sin hacer grupo, sin identificar un propósito a través de una idea, no se gana una copa. Es hora de reivindicar lo hecho por Nacional y el Once Caldas, porque ambos equipos lo lograron, con evidente intensidad y deseo inclaudicable de triunfo, a pesar a las adversidades vividas. Ante la rivalidad hubo unidad, en la soledad de las caídas, se fortaleció el camerino. Montoya y Maturana lograron acoplar planteles ganadores con el apoyo indiscutible de sus seguidores y la copa fue nuestra.

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Una respuesta a «Las lecciones de River Plate (Esteban Jaramillo Osorio, Bogotá)»

  1. Saúl Rpo

    *De Bogotá: Por comentario de Esteban Jaramillo
    Esteban, volvemos a la vieja discusión del huevo y la gallina futbolísticamente hablando, del que es mejor, preferible o ideal; el resultado por encima de la forma.

    Al tedio de ver las transmisiones parcializadas y poco objetivas de Fox, el mismo Niembro expreso después del tercer gol cuando ya no había dudas de la victoria dijo textualmente; «¿como es que un equipo con nada que ofrecer y solo con deseos consiguió el objetivo?…»
    Si ellos mismos lo dicen y reconocen siendo carentes de toda imparcialidad es porque es mas que cierto.

    Al ver esos partidos de River se sentía esa monotonía y molestia de ver que en cada partido lo mismo, pero lo que llaman huevos, es solo la típica perrada argentina.

    En los dos torneos tanto la Suramericana como la libertadores, nombre solo un partido en donde no haya habido peleas, juego fuerte y de choque sin necesidad para cortar el juego, pérdidas de tiempo continuas porque se mantienen aporriados, prorrumpir desde el vamos al árbitro incitándolo al error por hostigamiento, camorrear constantemente al contrario, interrupción por continuos reclamos desde la raya, donde lo de ellos es justo y todo lo del otro robado y así podíamos seguir en descripción de la táctica de Gallardo.

    Ahora de fútbol, de capacidad técnica, de juego, de habilidades, de figuras, de talentosos con el balón, dónde?

    La estrategia entrenada a memoria que utilizaron fue la misma, y lo peor es que les funcionó, y dos veces!

    Salir a empantanar el partido y esperar un contragolpe fortuito para luego buscar un centro cruzado y el mismo tiro de esquina, dio dos títulos, así de simple, Eso sin contar el gran aporte de suerte que fue el 70% de los goles anotados.

    El ser campeones no se los quita nadie, que con poco por ofrecer se consiguen títulos no tiene dudas, lo único malo es el mensaje que se deja; que jugar de esta forma mezquina da resultados tangibles.
    Saúl Restrepo, Bogotá, hincha de Nacional

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