Capsulas de Carreño

‘Mi hermano del alma’, el recuerdo de un hincha del Pachuca (crónica)

A la edad de 18 años, Miguel Calero jugó en el desaparecido Sporting de Barranquilla. En la ‘Arenosa’ recibió consejos de los periodistas Édgar Perea y Mike Fajardo para que se convirtiera en un arquero de postín.



POR WILLIAMS VIERA, desde USA.

 

 

“Dios mío, ya son ocho años de la muerte de Miguel Calero y no lo puedo creer”, nos dijo el mexicano Guadalupe Petatantan, y quien siempre se le ve en el trabajo con una camiseta del Pachuca, uno de los equipos históricos del fútbol profesional de México.

Los que estaban a su alrededor, preguntando por repuestos de vehículos, en una tienda ubicada en Carolina del Norte, guardaron silencio y esperaron que el hombre al que siempre le maman gallo con el apellido, por aquello del “tan tan”, así, como si fuese un sonido de tambor, dijera algo relacionado con el arquero que nació en Ginebra, Valle del Cauca.

“Ustedes, posiblemente, no me van a creer, pero en Pachuca de Soto, ciudad mexicana y del estado de Hidalgo, hablé muchas veces con Calero debido a su sencillez y por ser un señor en toda la extensión de la palabra, pero el día que murió, en mi casa, todos lloramos y de igual manera, considero, los demás habitantes de mi ciudad hicieron lo mismo. No lo podíamos creer luego de escuchar la noticia en la radio, de ver en la televisión a su esposa y a sus hijos hablar de lo inevitable y de leer en ‘El Milenio’ aquella noticia. Él era nuestro ídolo y de los niños porque los pequeños querían ser como Miguel, conocido como ‘El Cóndor’ o como ‘El show Calero’…”, dijo Petatantan, quien aseguró que le habla a sus hijos del amigo colombiano famoso en el arco del equipo de sus amores.

Miguel Calero con el Deportivo Cali campeón en 1996 que estuvo dirigido por Fernando ‘El Pecoso’ Castro. Arriba, de pie, de izquierda a derecha: Calero, Martín Zapata, Luis Carlos Oliveros, Ever ‘Chaca’ Palacios, Hamilton Ricard y Manuel Valencia. Abajo, mismo orden: Walter Escobar, Andrés Estrada, Héctor Mario Botero, Víctor Bonilla y Arley Betancour.


La visión que persigue

Calero, en el 2002, estuvo en Houston, Texas, con el Pachuca para un partido amistoso con el Houston Dynamo antes que este equipo ingresara a la Major League Soccer y de competir en la Conferencia Oeste.

En aquella oportunidad Calero recordó algunos apuntes en su forma peculiar de afrontar la vida que lo llevaron a recorrer el mundo a través de la pelota.

“Siempre quise ser arquero”, nos dijo en ese momento para ‘Semana’, el semanario que dominaba el mercado hispano de los medios de comunicación en esa metrópolis que está vinculada, estrechamente, con el Space Center Houston, el centro costero para visitantes en el complejo de control de vuelos y entrenamiento de astronautas de la NASA.

“Nunca podré olvidar mis inicios ni las personas que estuvieron a mi lado. Puedo olvidarme de alguna, pero sí recuerdo, por ejemplo, a los muchachos que iban a los entrenamientos del Deportivo Cali, en la sede campestre, conocida como La Casona, a entrevistarnos y de saber cómo el equipo iba a jugar en el próximo partido. Nunca se cansaban”, nos dijo Calero en el ‘Hilton Houston West – Katy’.

Entonces el ex arquero del Sporting de Barranquilla, del Cali y del Atlético Nacional se atrevió.

“Con Hebert Montoya, con Gonzalo ’Chalo’ Hernández y con Rodrigo ‘El Cuco’ Roldán hice una buena amistad más allá de su labor periodística. Lo que nunca me pudieron decir fue el periodista que escribía la columna de El Fantasma”, nos dijo para aquel semanario de 80 páginas, tamaño tabloide, que obligó al diario Chronicle a producir, en su edición en inglés, algunas páginas en español para conquistar el mercado del inmigrante y de sus negocios.

Aquel partido tuvo, en las graderías del ‘Astrodome’, a 50.000 aficionados que gritaban, “Calero, Calero” cada vez que la pelota llega hasta sus predios.

Atlético Nacional, en 1999, fue campeón en Colombia y en la Merconorte teniendo a Miguel Calero en el arco.

Goles con balón en movimiento

Mientras Calero estuvo en el hall de aquel hotel tuvimos la sensación de que el tiempo se había detenido por completo. Pero cuando él arrancó a hablar de su permanencia en Barranquilla no olvidó hablar del narrador Édgar Perea ni de Mike Fajardo, quienes lo aconsejaban debido a su juventud.

Y es que en el Sporting se hizo profesional y luego fue recuperado por el Deportivo Cali en donde convirtió un golazo desde la mitad de la cancha frente al Deportivo Pereira el 30 de marzo de 1995 para el 2-1. Calero salió con el balón dominado, por el sector de la tribuna occidental, y lanzó un centro con pierna izquierda y el útil se le fue al arquero Pedro Pablo Rodríguez.

Aquel tanto fue el primero de un guardameta con balón en movimiento en el fútbol profesional colombiano después de 43 años, 5 meses y 10 días.

“Fue un impulso salir de mi arco. Íbamos empatados, 1-1, y no veía por dónde ni cómo conseguiríamos la victoria. Lo que sí tengo que confesar es que luego de ese gol, observé a Pedro Pablo desamparado y abandonado”, nos dijo.

Esa acción de Calero la vimos y quedó registrada en el libro de la memoria de quienes estuvimos aquella noche de jueves mientras todos nos mirábamos sin decir nada, pero luego el estadio explotó con el consabido grito de “gol” acompañado de aplausos. Entonces, el coro, unísono, no cesó con “Calero, Calero, Calero” hasta que terminó el partido.

Entonces la historia recordó que el 20 de octubre de 1952 en el juego Cali-Millonarios, en el Pascual Guerrero, Julio Cozzi, golero albiazul había convertido el primer gol de un arquero en el fútbol colombiano luego de ejecutar una pena máxima para el triunfo del equipo bogotano, 2-1.

En aquella ocasión, en esa forma peculiar de reírse y de tomar las cosas como una simple ‘joda’, volvió al tema de los goles que hizo.

“¡Dios mío!, ahora que lo recuerdo no sé cómo me salió el disparo con el que derroté a Daniel Vélez, golero del Medellín. La jugada la inició Carlos Valderrama, me vio que había salido del arco y me hizo el pase. Entonces le pegué de media volea a la pelota y terminó en las piolas”, nos dijo en Houston.

Lo que no recordó Calero, en aquel día de sol infernal, fue que  el domingo 2 de marzo de 1997 había anotado su segundo gol, como arquero, con pelota en movimiento

Los juveniles Miguel Calero y Óscar Córdoba en una convocatoria a la Selección Colombia. En ese entonces eran trabajados por Carlos Portela, el hacedor de arqueros en el Deportivo Cali.

   Que hable Petatantan

     La verdad es que Calero ha sido para los aficionados del Pachuca un fantasma personal por todo el aporte que hizo en los 11 años que vistió el buzo identificado con el número 1, en la espalda, como golero de los ‘Tuzos’. A él, es lógico, lo extrañan en su familia, pero lo añoran aficionados como Petatantan.

Y es que Petatantan, quien hace parte de la voz de los olvidados en su papel de inmigrante, que a su vez es el reflejo de la desesperación humana, de la ausencia de la esperanza, de la desprotección que ejemplifica el drama de la crisis migratoria tanto en la frontera sur como en el resto del mundo.

“Llevo en el recuerdo y se lo repito a mis hijos, lo que pasó el domingo 11 de agosto de 2002. Pachuca, en casa, perdía, 3-2,   pero logró un apurado empate a tres ante Jaguares de Chiapas cuando el partido terminaba. Se registró un tiro de esquina y como un fantasma apareció mi amigo Calero y remató de cabeza y sin que se le cayera la gorra que era una de sus características principales. Fue la última jugada del partido. Aquella tarde de domingo, lloré de emoción. De un momento a otro, pasamos de la tristeza de la derrota a celebrar un gol increíble convertido por nuestro arquero, por mi amigo. Y ahí entendimos que Calero era mi hermano del alma. Igual sentían los que estuvimos aquella tarde de domingo en el estadio Hidalgo”, dijo Petatantan.

En el recuerdo del hincha de los ‘Tuzos’ no estaba el nombre del arquero de Jaguares, Adrián Zermeño, ni el que le convirtió a Luis Michel del Guadalajara, el 14 de abril de 2006, en el partido que perdió Pachuca, 3-2, en su propio estadio, pero nadie habló del resultado sino del cabezazo que venció al arquero rival.

  

Miguel Calero, en el Pachuca de México, debido a su liderazgo llevó al equipo mexicano a la gloria. Los hinchas de los ’Tuzos’ lo consideran su ídolo y su leyenda. El día que iba a ser sepultado, su féretro fue llevado hasta la mitad de la cancha del estadio Hidalgo y 35 mil personas lo despidieron coreando “Calero, Calero, no te vayas” y “Vuela alto, Cóndor, vuela alto”.


Aquí entre nos…

     En este momento, los recuerdos vuelan. En Ginebra, Valle del Cauca, hablan de Calero y de su primer equipo el Real Independiente.

“Después de un partido entre el Real Independiente y la Escuela Carlos Sarmiento Lora, Miguel se vinculó a la Sarmiento, que en esa época era una especie de satélite de las divisiones menores del Deportivo Cali”, dijo Mario Desiderio, ex volante argentino, quien en esa época dirigía a la Sarmiento en lo futbolístico.

Real Independiente recibió por los derechos deportivos de Calero la suma de 150.000 pesos, un uniforme completo y 10 balones.

“Calero, con 15 años de edad, disputaba la titularidad en el arco del Cali junto a Faryd Mondragón y Óscar Córdoba. Cuando él llegó a Cali estudió con una beca en el Colegio Mayor de Yumbo gracias a Reinaldo Rueda. Él era profesor, en la jornada de la mañana, de ese centro educativo. Entonces, Rueda apadrinó al joven Calero hasta el punto que lo transportaba desde el barrio La Loma de la Cruz, en donde vivía en un cuarto que le pagaba la Escuela Sarmiento Lora, hasta el colegio de Yumbo”, contó Hebert Montoya Tascón, periodista radial, para esta crónica.

El inolvidable Miguel Calero dejó huella en canchas colombianas y mexicanas.

Que venga el chofer

 La ciudad de Cali, en aquel entonces, seguía creciendo de manera desordenada y perdiendo el civismo que la caracterizaba. Sin embargo, un detalle quedó en el ambiente y el mismo lo contó Rueda, el actual técnico colombiano que dirige a la Selección de fútbol de Chile:

“Calero había llegado de Ginebra y él no conocía a nadie. A Miguel lo recogía, en Santa Librada, a las 6:15 de la mañana porque él vivía en la Loma de la Cruz, el mismo barrio en que nació y se crió Mario Alfonso Escobar, ‘el doctor Mao’. Calero y mi persona llegábamos, al colegio, a las 7 de la mañana. A las 12:40 salíamos de clases y lo dejaba en su vivienda a la 1:30 de la tarde, pero luego nos veíamos a las 3 de la tarde en las canchas Panamericanas. Fui su chofer durante 10 meses”.

Para Miguel Calero fueron 11 años con el Pachuca.

Un toque musical

El día que falleció Calero, el 4 de diciembre de 2012, el arquero colombiano ya tenía la ciudadanía mexicana, disfrutaba de las rancheras de Vicente Fernández al igual que la salsa del Grupo Niche al que iba a ver cuando se presentaba en Pachuca bajo la dirección de Jairo Varela, quien lo complacía con los temas ‘Cali Pachanguero’ y ‘La negra no quiere’.

     Calero anunció el retiro del fútbol el jueves 29 de septiembre de 2011. Se lo dijo al periodista José Luis Pando, del diario Reforma, a las 4:30 de la tarde:

“No es fácil decirle adiós al fútbol. Es como si uno pudiera despedirse de la vida aunque se sabe que nada ni nadie es para siempre. Ya tengo 40 años y las lesiones que he sufrido en las últimas temporadas, en ocasiones, ni me dejan ni dormir”.

Miguel Calero ganó 4 Copas de la zona Concacaf y una Sudamericana 2006.

En aquel reportaje, Calero recordó el título que consiguió con el Deportivo Cali, dirigido por Fernando ‘El Pecoso’ Castro en la temporada 1995-96. Los azucareros, en ese entonces, llevaban 22 años sin celebrar. Habló del millón 300 mil dólares que pagó Atlético Nacional por sus derechos deportivos, de sus tres años en el conjunto Verdolaga  y de la conquista de la Copa Merconorte en 1998 y de la estrella de 1999 e hizo un repaso de los 11 años que estuvo en el Pachuca, club con el que conquistó un total de cuatro títulos de liga, la Copa Sudamericana 2006, cuatro copas dentro de la zona de CONCACAF (2002, 2007, 2008, 2010) siendo la Sudamericana el máximo logro para un equipo mexicano en torneos CONMEBOL.

De igual manera, recordó a Martín Palermo, quien jugaba para la  Selección Argentina en la Copa América de 1999, quien le pateó 3 penales en un mismo partido. El delantero argentino falló en los 3, los 2 primeros los tiró arriba del arco y el tercero lo tapó. Ese partido terminó 3-0 a favor de Colombia. Fue el 4 de julio en el estadio Feliciano Cáceres, ubicado en la ciudad de Luque, Paraguay.

Calero integró la Selección Colombia que ganó la Copa América en el 2001 y estuvo en el Mundial de Francia-98.

Por la forma de ser que tenía Miguel Ángel Calero Rodríguez, no es extraño que los hinchas del Pachuca, entre ellos el mexicano Guadalupe Petatantan, lo recuerden, pero sobre todo, lo que dijo en aquel reportaje que salió publicado en el diario Reforma:

“Si volviera a nacer, volvería a ser arquero y jugaría en el Pachuca. Esta tierra me acogió como uno de los suyos hasta el punto que aunque he jugado limitado en los últimos años por una lesión en el brazo izquierdo nunca dejaron de darme cariño”.

Entonces, Petatantan, en aquella tienda de repuestos y con algunos compatriotas suyos que estaban ahí, agacharon la cabeza y dijeron:

“No podemos luchar contra los designios de la vida, el paso de nuestro amigo Calero por este mundo no ha sido como las huellas que borra el mar. Por el contrario, siempre lo recordaremos como un buen amigo. El voló como el Cóndor”. Amén.

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