Por Luis Felipe Gómez Isaza.. //
Columnista Cápsulas.
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El dolor hace parte de la nostalgia, que deriva de álgido, o sea de relativo al dolor, y en especial al dolor de no estar. Ayer, cuando supe lo ocurrido en el estadio Atanasio Girardot; los hechos de violencia, la ira de la inconsciencia y la falta de respeto por los demás, me dio nostalgia por el tiempo ido, donde como seres humanos aceptábamos la voluntad de lo que sucedía y la gallarda acción de abrazar esa dificultad o adversidad como se debía.
Entiendo que el futbol es pasión, es desborde de sentimientos, a veces es locura fundamentalista y desafortunadamente para esta sociedad, como pasión e iglesia, sus ídolos son los jugadores, el Dios es el resultado y la religión es su equipo. Pero, solamente para traer a la reflexión y la consciencia, el futbol sólo es futbol y este sólo además de ser un espectáculo y una apuesta por salir de la inmisericorde rutina, solamente es un deporte donde los seres humanos nos entretenemos para soliviar la existencia y lo fatigante o dolorosa que esta es.
El futbol es solamente un juego que simula lo que sucede en la vida, donde se gana y se pierde, donde nos divertimos y nos ausentamos transitoriamente de los gobiernos malos, de las enfermedades, de la pobreza y porque no, de nosotros mismos. Sin embargo, como sociedad enferma y como seres perdidos en la inconsciencia, a veces los seres humanos tergiversan valores elementales que lastiman el vivir.

El clásico que dirimía un torneo resultó un partido malo, lleno de errores de ambos equipos, donde ganó el que menos se equivocó y por supuesto, de futbol no hubo nada por destacar. En la tribuna al contrario se vivió con pasión e intensidad, hubo cánticos y mucha pólvora para acompañar sobre todo al rojo hasta que el bodrio terminó con un resultado adverso para el local.
Al coronarse campeón de una copa irrelevante y digamos de segunda categoría, a la hinchada roja ubicada en la tribuna norte y llamada “rexistencia”, le dio por bajarse a invadir el terreno y a impedir que el rival celebrara ese mediocre éxito. La horda demencial entonces sometió a la fuerza pública y a los hinchas atemorizados y pacíficos que angustiados soportaron momentos de incertidumbre y temor, se perdieron niños, hubo desmanes, ataques a la infraestructura del estadio, agresiones físicas y verbales además de perder el año como plaza futbolera decente.
Lamentablemente no estamos preparados como sociedad a respetar a los demás y es entendible pues si desde el más alto dignatario con sus posturas de odio alimenta los odios entonces que se podría pedir a los fanáticos. Vendrán sanciones para el local pero también deberán existir para el visitante. Propongo que en el 2026, los clásicos se jueguen a puerta cerrada, mientras regresa la convivencia y la consciencia.





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