Capsulas de Carreño

Paché Andrade, aventura del relator que reemplazó a Víctor Hugo


*De la Redacción. Integrante de la comunidad Cápsulas nos hace llegar nota publicada en el diario Clarín de Argentina. Paché Andrade fue la gran incorporación de radio Mitre en 1986, pero no salió cómo se esperaba. Desde Colombia recuerda aquellos días porteños. 

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Del "ta-ta-ta-gol al grítelo, grítelo, grítelo'. Paché Andrade tuvo una estadía corta en Mitre, pero aún se lo recuerda.Del «ta-ta-ta-gol al grítelo, grítelo, grítelo’. Paché Andrade tuvo una estadía corta en Mitre, pero aún se lo recuerda.

Radio Mitre tenía un problema aquel bendito 1986: Víctor Hugo Morales había emigrado a Radio Argentina, la emisora que disponía de los derechos del Mundial – y en la que haría historia con su ‘Barrilete cósmico‘-. Compensar al oyente huérfano del gran relator implicaba una audaz jugada de marketing. Así, como golpe de efecto, aterrizó en Buenos Aires el colombiano Paché Andrade, con su valija de modismos.

Luis Francisco Andrade Cháves se incorporó al equipo de Sport 80 con la musicalidad en la lengua. Perola infaltable crisis argentina metió la cola. El viaje desde el «ta-ta-ta-ta gol…» al «grítelo, grítelo, grítelo…» duró poco pero dejó un halo nostálgico en los tímpanos más futboleros.

Corrían tiempos de promesas a la Virgen de Tilcara, de un Doctor Carlos Bilardo a punto de ser reivindicado, de la Liguilla pre-Libertadores, del fútbol de Antonio Alzamendi, Jorge Comas y Omar Palma, entre otros. Don Paché gritó, cantó y se fue en silencio, silbando bajito. Poco se supo luego sobre su vida. Nueve Mundiales y treinta y seis años después muestra su voz intacta. «¿Por qué me buscan?», se sorprende a los 73, ante el llamado de Clarín y el dato de que poco más de 400 días le alcanzaron para dejar aquí una huella.
Con el micrófono de oro, galardón que obtuvo por casi medio siglo de trabajo.

Recuerda que viajó a fines de 1985, en días de la sentencia del Juicio a las Juntas. Firmó, sonrió, se anotició del proyecto de trasladar la Capita Federal a Viedma y de los recién estrenados australes,y se dispuso a hacer historia. La inflación llegaría al 80 % anual y el sueldo en dólares se volvería una quimera. Regresó definitivamente a su país en 1987.

La garganta de Paché, que acompañaba a Fernando Niembro, Marcelo Araujo y compañía, soportó aquel 1986 hasta seis partidos por semana, incluyendo la B. El contrato de cuatro años establecía 5 mil dólares mensuales, más otros 10 mil por año «a causa de la desmonetización por firmar cada temporada por el mismo monto».

El pacto incluía también un auto (Renault 18) y el pago de un departamento, incluyendo expensas, el colegio de sus hijos y cuatro pasajes anuales a Bogotá.

«Una nueva forma de relato: fútbol-salsa o fútbol alegría», promocionaba Radiolandia.


La guerra de las radios según El Gráfico de 1986, Muñoz, Paché y VHM.

«Debutó en San Lorenzo 0, River 1, gol de Morresi», aportan los memoriosos que compraban El Gráfico y leyeron «la guerra» en esas páginas. Cuentan las crónicas que ese día de enero arrancó otro campeonato, el de las radios, con José María Muñoz en Rivadaviay VHM en Radio Argentina, junto a Julio Ricardo y a Ricardo Jurado. A Paché lo acompañaba en la dupla Néstor Ibarra.

-Aquí pudo haber tenido una extensa carrera. ¿Por qué terminó su vínculo abruptamente?
-Yo cobraba en dólares y con la inflación todo se volvió difícil. Lo que me transmitió el directorio de Mitre después de un año es que no me podían pagar en dólares, que había que indexar mis ingresos a moneda nacional. Era un pensamiento de carácter gremial lo mío. Si yo cedía, imagínese los que cobraban muchísimo menos. Y me fui.

-¿Tiene un mal recuerdo de su partida?
-No, en absoluto. Mi dificultad fue con el directorio, no con mis compañeros ni con la gente de Argentina. Claro que me fui triste. Yo estaba adaptado y hubiera podido hacer una carrera más larga allí, la noche de Buenos Aires me parecía fantástica, me movía con facilidad.

Giros, lunfardo y Blooper

No era raro sintonizar AM 80 y recibir una catarata de giros y términos no familiares. «Chévere, merequetengue, sabrosuuura», lanzaba Paché y la devolución no era la más feliz entre el público formado al grito de Bernardino Veiga. La jerga específica del futbolero provocaba  confusiones. «Bomba central», disparaba en lugar de círculo central, y muchos se desconcertaban. «Me di cuenta de que gustaba, pero no se entendía, era ruido, un obstáculo en el mensaje».

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«Dejé alegría en la Argentina», dice Paché Andrade.

El gran accidente lingüístico lo vivió en un Independiente-Boca. Quiso describir en detalle el ambiente fervoroso de la doble visera y se despachó con una frase que hizo estallar a sus compañeros y a la audiencia: «la doble cachucha de cemento».

Las hinchadas, que llevan la radio portátil a la cancha, lanzaron la carcajada. «No sabía que en Argentina cachucha está relacionado con la anatomía femenina. No me lo habían advertido. No fue tan grave, mucho menos escuchando las vulgaridades que se dicen hoy. Lo bueno fue que ese día me di cuenta de que me estaban escuchando muchísimo, porque casi toda la tribuna se volteó a mirar».

Hijo de un artesano carpintero dueño de una funeraria, «El tenor del relato»​ regala una biografía de película. Pasó parte de su infancia jugando a meterse en ataúdes. Siestas en los féretros y fútbol en la calle del comercio hasta que un incendio arrasó con las casas de madera de su barrio, en el departamento de Nariño, y hubo que mudarse al barrio San Carlos.

Trabajó en Medellín, en Cali, en Bogotá. Tambiénrelató ciclismo, atletismo, tenis y boxeo.Decidió que nunca abandonaría por demasiado tiempo la tierra natal, Tumaco, la Perla del Pacífico, suelo del habilidoso gambeteador Willington Ortiz.

De la nostálgica era rioplatense de Paché fue parte el periodista Roberto Leto, que formaba parte del equipo de Mitre. Recuerda a «indios y caciques» en ese operativo por ocupar el gran sillón que había dejado vacante VHM y ese revoltijo que fue el «libro de pases» que suponía grandes ofertas para dejar la emisora «En principio fueron a buscar a otro uruguayo, Carlos Muñoz, de Radio Oriental, pero no quiso dejar a su familia. Entonces Marcelo Araujo, Néstor Ibarra y Fernando Niembro hablaron con Julio Moyano y gestionaron a Paché».

Leto se ocupó de llevar a Andrade a los entrenamientos de Boca, River y demás y de presentarlo ante los planteles. «Era agradable, simpático, un aire fresco, pero a mi entender no resultó por los modismos distintos, por palabras que acá no se entendían. Víctor Hugo seguía arrasando en las transmisiones de la competencia. Incluso hicieron que Paché relatara la Primera B, podía ponerle voz a partidos como Chicago y Almirante Brown», se ríe.

Un histórico del relato en Latinoamérica.

«Recuerdo que se lució, por ejemplo, cuando Boca jugó la final de la Liguilla con Newell’s y el equipo clasificó a la Libertadores. La ida fue victoria de La Lepra en La Bombonera por 2-0, y la vuelta 4-1 para Boca. Andrade quedó en el recuerdo entre los hinchas con esos gritos de gol. Una perlita: la barra de Boca ya estaba en el Mundial y volvieron solo cuatro días para ir a la cancha y alentar al equipo de Mario Zanabria, y luego regresar a México».

El músico que le puso swing a los goles

Nació el 2 de abril de 1949. Dice que fueun sábado, «qué otro día para llevar la fiesta adentro».

Primer hijo de la pareja que formaban sus padres, su frondosa familia incluye ocho hermanos por parte paterna, tres por el lado materno, seis hijos, 12 nietos.

Lector temprano de El Gráfico, el fútbol no era su prioridad infantil, más bien un pasatiempo escolar fallido. «Era rápido, pero tronco. No tenía habilidad en una tierra donde ser buen futbolista es normal», se sincera. «Mi vida era la vocación musical. Empecé a hacer música desde muy joven y eso me obligó a meterme a la radio, a sentir el sonido. La gente decía luego que hacía música cuando relataba».

Durante el bachillerato fue parte de la audición «La perla del Pacifico», de la Cadena Caracol en Tumaco. Allí arrancó en 1968. En 1969 llegó a Bogotá para estudiar en el Colegio Superior de Telecomunicaciones, de donde egresó en 1970 como productor de radio y TV. Las autoridades del Ministerio de Comunicación de su país le otorgaron la licencia de locutor 02666, pero sintió que no era suficiente.

El paso siguiente fue anotarse en la Universidad de Antioquia, de donde se graduó en la carrera de Ciencias de la Comunicación. Para el Mundial 1978 aterrizó en Buenos Aires, enviado por Radio Todelar. No relató, pero se fue eufórico, «sin reparar en lo político», con la idea lejana de que vivir en la Argentina podía convertirse en una oportunidad. El vínculo se intensificó con la cobertura de la final de la Libertadores ese mismo año, Boca- Deportivo Cali en la Bombonera.


Desde Colombia, Andrade se emociona con sus recuerdos porteños.

«Mis aspiraciones no eran como relator, realmente.Yo hice reportería en Radio Mitre, por ejemplo en la final en la que River salió campeón ’86, y transmití uno de los tiempos, por ejemplo, al lado de Carlos Menem. Siempre iniciaba la transmisión desde las tribunas, porque soy esencialmente reportero. El relato nació por casualidad», detalla.

«Estando en uno de los grupos a los que pertenecía en Medellín, uno de mis compañeros se había enfermado (Luis Guillermo Izquierdo) y aparecí yo para salvar la transmisión, pero Luis estuvo en reposo por un mes , la gente consideró que yo lo hacía bien y aquel 1977 me quedé relatando para Radio Super de Medellín».

El primer partido de su historia como relator gritó 11 goles. Independiente de Medellín se impuso a Bucaramanga, 7 a 4, y entre tanto bramido encontró su destino.

«Estuve a punto de decir que no iba para Argentina», evoca Paché. «Fue mi esposa la que dijo: ‘¡No, usted tiene que ir!‘. No me parecía que en ese momento de mi vida, estando mis hijos pequeños, que tuviera que salir de mi país. Sé que se hizo un casting entre algunos relatores colombianos de la época y el directorio de Mitre me escogió».

«Fútbol a ritmo de salsa. Con el relato caliente de Paché Andrade. Fútbol calentico«, promocionaban rimbombantes los locutores. El pase de la década prometía futuro, pero el futuro fue breve.

Los Andrade se acomodaron primero en un hotel porteño, hasta mudarse a un cómodo piso 16 cercano a la la Avenida del Libertador. «En ese momento yo tenía tres hijos de mi anterior matrimonio, y dos con mi esposa que sigue siendo la actual, y esas dos hijas viajaron conmigo. Una aprendió a caminar en Buenos Aires», repasa.

«El cafetero» no demoró en adoptar el rito del asado y los mates y forjó amistad con Alejandro Apo, con el Bambino Pons, con Marcelo Baffa. «Me convertí en un microembajador de Argentina en Colombia, hinché por Argentina en este Mundial de Qatar, pero una cosa es el gusto y otra la realidad. Y la realidad me indicaba que tenía otro favorito, Francia».

Deportivo Cumbia y otras alegrías

Hay un gol de su selección que atesora especialmente en la memoria: el deFreddy Rincón a Alemania en el Mundial de Italia 90,el mismo que hasta Eduardo Galeano​ contó poético en El fútbol a sol y sombra.

Se jugaba la tercera fecha del Grupo D, la máquina entonces dos veces campeona del mundo le ganaba 1 a 0 al equipo del «Coloso de Buenaventura», en el Giuseppe Meazza; pero éste le dio la clasificación a octavos a su país, con un remate de antología entre las piernas del arquero Bodo Illgner.

«Que lo sepa todo el mundo: Dios es justo, Dios existe«, gritó aquel día desencajado Andrade en un relato que recuerda hasta Franz Beckenbauer. «¿El 5-0 de Colombia a Argentina?, no podría mentir diciendo que me dolió, porque no pasó», admite.

«Grítelo, grítelo, grítelo», decía Paché como muletilla.

Cantante, productor, ex conductor de El Show de los salsómanos por la Cadena Caracol, la cumbia, el vallenato y otros ritmos ocuparon el mismo espacio en su vida que el deporte. No olvida las palabras de su amigo Víctor Hugo, quien pese a ser un competidor, siempre mantuvo el rito de cenar con él en Buenos Aires. «VHM decía: ‘Tu programa no es para escuchar fútbol, es para bailar’«.

«Qué nos sucede, vida/ que últimamente…», canta en línea reconstruyendo la canción que tarareaba junto a Diego Maradona hace más de 30 años (Sabor a n«ada). Carlos Bilardo decía que yo había llevado la alegría al periodismo argentino en los viajes. Descontracturaba».

«Yo cantaba y eso producía en las concentraciones cierta cercanía con personas como Diego. Empecé a notar que Diego tenía una cosa por dentro muy distinta a la del futbolista. Era una persona que bailaba muy bien. Recuerdo que un día estábamos con el médico Raúl Madero, que tocaba piano, y yo empecé a darle golpe de cumbia al piano y Maradona empezó a moverse como si fuera negro».

Alguna vez Guillermo Francella quiso reflotar el operativo Paché para vincularlo con Racing. ¿Por qué no armamos una transmisión para mi equipo?, me preguntó hace años. Yo le dije que después lo hablábamos, pero la idea se fue diluyendo en el tiempo. Muchos argentinos me dicen ‘vení y probá‘, pero a esta altura probar no es para mí. Por Buenos Aires me iría a quedar el resto de la vida, pero está antes la familia».

​Sus gritos ochentosos forman parte de un museo auditivo invisible que rebota en la cabeza de muchos hinchas, pero cuyo material parece perdido. «Algunas cintas se extraviaron, pero otras debería rescatarlas entre mis colecciones», admite. «Es historia dormida».

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A los 73, Paché no relata, pero trabaja en proyectos relacionados a la música.

-¿Está jubilado, Paché?
-Estoy pensionado, pero no jubilado. Tengo una pensión de los años en que estuve trabajando. Soy una persona mayor ya, pero todavía me siento fuerte. Quería parar y me retiré de RCN, donde estuve más de 30 años trabajando. Pero me han buscado mucho. Digo que ahora que estoy pensionado me han salido muchas más cosas que cuando trabajaba. La gente pide que vuelva al relato. Lo he estado pensando. Pero tengo una dicotomía porqueparte de mi familia, incluyendo mi esposa y parte de mis hijos, está viviendo en los Estados Unidos. Yo no he sentido la necesidad de vivir allá, tengo apego por mi tierra, Tumaco, en los límites entre Colombia y Ecuador, de donde han salido grandes deportistas.

-¿Qué cree que dejó en Argentina?
-Júbilo. He notado que muchos de los nuevos relatores que hay en Argentina utilizan cosas que yo llevé. A pesar de lo sutil que fue el paso, de todas maneras algo quedó. Bambino Pons heredó un poco eso de cantar en los partidos de fútbol. Y Sebastián Vignolo adaptó el ‘grítelo, grítelo’ por el ‘cantalo, cantalo, cantalo’. Hay palabras que yo usaba que se quedaron en los narradores argentinos.

Cuando el idilio se terminó, a Paché lo reemplazó el relator de Pehuajó que hizo escuela con «mi Boquita, tu Boquita» y «Boca ten Monito», Héctor «Pancho» Caldiero. El colombiano llegó a despotricar en las páginas de El Gráfico: «Mientras yo transmitía, ya pasaban la publicidad de Caldiero. Una bajeza, un atropello».

«Transmití 140 partidos en menos de un año, creo que debe ser un récord mundial», rezongaba. «Me sacaron el jugo. En cambio, Víctor Hugo relataba con dos compañeros más, y Muñoz hacía alternar a Juan Carlos Morales, Wehbe, Walter Nelson y Walter Saavedra. Tenía que batirme contra todos y eso me agotó. Nunca me falló ni la voz ni el espíritu». Los rencores se esfumaron pronto, lo mismo que los cantos de Víctor Hugo por Radio Argentina: pasó a Continental en 1987 y fundó otro gran capítulo de la historia deportiva radial con Competencia.

Antes del viaje que cambió su vida, el corazón de Paché parecía influenciado por River Plate, pero terminó transmutando. «No era simpatizante del club de Nuñez, pero tenía mucha información por El Gráfico. Creo que ahora tengo mucho apego por Boca. No sé si es entendible para ustedes, no tiene mucha explicación».
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