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Por Jorge Iván Londoño M.

*¿Se imaginan esa faena en cada uno de los partidos de la final de nuestro torneo?
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Ese minuto de silencio antes de comenzar el partido, se nos convirtió en dos, por el inesperado gol de Libertad, que no fue de camerino sino de himno nacional, porque al terminar “El bien germina ya”, se perdía cero a uno.
Ese gol, para traducirlo a las matemáticas, obligaba a Nacional a marcar tres goles y ninguno en contra, para ganar el partido y clasificar a la fase de grupos. Mejor dicho, se nos repitió la historia de la Copa Libertadores 2016, en aquel partido contra Rosario Central, que también comenzamos perdiendo, y que obligó a hacer tres goles, que a la postre se lograron, cerrando con “bonche de oro”.
Nacional comenzó a remar contra la corriente, contra las malas entregas, contra la media hora de Libertad para sacar de banda o de portería, contra la desazón y el impacto que produce, no solo verse en desventaja, sino saber que el dulce se ponía a mordiscos.
Y a los 16 minutos comenzó la tarea. Una jugada de aquellas de Andrade (comiencen a contar) eludió contrarios al por mayor, pase a Jarlan que saca un matracazo de esos que incluyen madrazo de rabia, y el primero de los tres. Celebración a lo pobre porque todavía faltaba, y mucho. A tiro de terminar el primer tiempo Álvez pudo marcar el segundo, pero el balón se tapó los ojos y pasó lamiendo el horizontal.
El descanso sirve para tranquilizar los espíritus e hidratar el cuerpo: además para cambiar los tendidos de mi cama porque la limonadita para las pastillas se derramó. No falta.
Comienza el segundo tiempo con sábana e ilusiones nuevas. Cinco minutos y llega el segundo de Nacional, que nace de un pase de Andrade (sigan contando) a Candelo, quien centra para que entre Baldomero, y de lujoso taquito, que no mexicano, haga el segundo. Celebración un poquito más vistosa, pero todavía no ameritaba bombos y platillos
Bastaron 7 minutos para que Candelo le robe el balón a Bocanegra, haga el centro hacia atrás, un riflazo de Andrade (sigan contando) rebota en el pecho del portero y se la deja a Álvez para que empuje el balón y marque el tercero.
Celebración por lo alto, con arrodillada y rezo comunitario y No era para menos. Antes Libertad tuvo la oportunidad de anotar su segundo en una descolgada, el arco solo y el balón sale desviado. La Misericordia también cuenta.
El moño de la jornada llega al minuto 74. Rechazo de cabeza de Baldomero, el balón le queda a Andrade (¿Cuánto les dio?), atraviesa la mitad de la cancha, le hacen marca escalonada, se los va llevando, acelera, saca centro y entra Duque en palomita para marcar de cabeza el cuarto. Ahora si celebración hasta con los suplentes para formar el racimo como los de Urabá.
Libertad se fue encima. Guimarães para defender la ventaja, entra hasta el recuerdo de Andrés Escobar. Nacional aguanta, hay gol anulado a Libertad, el balón por los despejes se ve desde Manrique oriental, se sufre y se hace fuerza, el corazón resiste hasta que llega el pitazo final.
Los noventa minutos posteriores al partido son de júbilo, compartidos con llamadas familiares para comentar la hazaña. Ese es el fútbol, nos da y nos quita.
Instalados pues en la fase de grupo, este 22 de abril nos veremos las caras con la Universidad Católica, en el estadio menos pensado, porque el Atanasio entra a mejoramiento de su alumbrado y otras bobaditas, con miras a la Copa América.
Felicitaciones a los muchachos, con Andrade a la cabeza como jugadorazo del partido, y al cuerpo técnico porque se le vio la mano y sobre la marcha trazó la estrategia adecuada para afrontar el peso del partido.
¿Se imaginan esa faena en cada uno de los partidos de la final de nuestro torneo?
¡Apague y vámonos! …





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