Capsulas de Carreño

Las Alegrías de Memo. (Historia)

 

Escuela Alegría Fútbol Club, forja campeones y forma personas.

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Por Wilson Darío Daza.
Especial para Cápsulas.

 

De cómo un hombre que un día se vio desconcertado en la vida, pudo salir adelante con un proyecto de fútbol en el que muy pocos creían pero que hoy es ejemplo en el barrio Belén Rincón. Su escuela Alegría Fútbol Club forja campeones y forma personas.

Guillermo Mosquera para el Estado, Memo para el barrio y  El More para mí… pero  eso es lo que menos importa. Este líder deportivo de Belén Rincón es tan sencillo y tan echado pa´lante que, como lo llamen poco le interesa;  lo que es importante para él es lo que pueda hacer por los muchachos de su escuela Alegría Fútbol Club en su formación deportiva y en mejorar su calidad de vida.

Guillermo Mosquera, protagonista del fútbol en el barrio Belén Rincón con su club Alegría Fútbol Club.

Nacido y criado en el barrio estudió primaria en la Antonio José Restrepo  y su secundaria se la disputaron el colegio Antonio Nariño, el Octavio Harry y se graduó de bachiller en el Liceo Benjamín Herrera, en Guayabal.

Generoso en sus palabras y digno en sus procederes. Empezó de la nada y cuando las incertidumbres rondaban por su cabeza un día, cuando jugaba fútbol aficionado en la primera C en Caldas, tomó la decisión de que él viviría del fútbol, pero ¿cómo? El mismo se respondió la pregunta.

«Uno del fútbol puede vivir de muchas maneras: vendiendo camisetas, vendiendo pacas de agua a los equipos, teniendo una tiendecita alrededor de una cancha de fútbol o un centro de deportes… pero no, me enfoque más en la parte de entrenamiento deportivo y dirección técnica.

El More no tomó esta decisión de buenas a primeras… lo hizo por las experiencias que había tenido en su vida.

Cuando jugaba fútbol aficionado no la vio fácil: había falencias económicas, no tuvo el acompañamiento de sus padres, contó con muchos técnicos, solo que unos lo trataron bien pero otros no tanto. Eso sí… reconoce, con mucha humildad, que de todos ellos aprendió. Los que lo trataron con decencia hoy para él son buenos colegas, para los que no lo hicieron El More les tiene una respuesta: «cada cual da lo que tiene en el corazón, en su mente y en su ser». ¡Fenomenal!

De todo ello aprendió que a sus dirigidos jamás los va a tratar como lo hicieron con él. En la vida se encontró con gente desobligante que hasta le mentaba a su madre, le enrostraban en la cara el color negro de su piel sin siquiera indagar sobre su procedencia… y cuando habla de esto, hace una pausa, respira y vuelve a salir a flote la pasividad y la humildad de su corazón y su alma con otra frase certera: «pero bueno, yo no vine aquí a juzgar a nadie».

En el año 2009 sus sueños comenzaron a cristalizarse. La idea de fundar una escuela de fútbol le taladraba con insistencia. Sabía que comenzar no sería fácil y menos en una disciplina tan competida y reñida como es este deporte.

Guillermo Mosquera, líder deportivo en el barrio Belén Rincón y su mirada de futuro.

Memo no sabía qué hacer con su vida hasta que una jornada cotidiana le ofreció la cuota inicial de lo que sería su futuro. Estaba en una cancha tocando una pelota con un sobrino, un pequeño de cinco años, y él, que es muy creyente, aún no sabe si fue Dios o el Espíritu Santo que le plantearon una pregunta: ¿Porqué no estudiar deportes? ¿Porqué no estudiar fútbol?. Su alma se alegró. Esa noche durmió tranquilo porque los interrogantes de sus últimos años se había resuelto en un par de minutos. Ya sabía qué hacer con su vida.

Se madrugó al día siguiente y se puso a averiguar dónde podía estudiar Dirección Técnica de fútbol o Entrenamiento deportivo o cualquier disciplina relacionada con ese deporte. Se fue para la Unidad Deportiva de Belén y allá lo datiaron. Le contaron que en el Sena estaban ofreciendo una tecnología en Entrenamiento deportivo. ¡Qué le dijeron al More! No tenía ni para los pasajes, pero, caminando se fue para las instalaciones del Servicio Nacional de Aprendizaje.

Llegó muy sudado. Había un vigilante en la entrada y Memo le consultó sus inquietudes,. Sí señor, el programa educativo existía, pero hacía una semana habían comenzado las clases. Sin embargo sus anhelos, sus metas y sus ansias valieron más que la tardanza y el hombre se conmovió. Lo redirigió adonde un profesor de la institución, no sin antes recomendarle que le dijera que había llegado temprano pero que se había perdido en las instalaciones.

El profesor también escuchó la historia pero, aunque sabía lo que implicaba el retraso de una semana frente al resto de alumnos que ya habían iniciado el curso, le ofreció una oportunidad a Memo: «Venga mañana, yo no le prometo nada, pero ahí vemos qué hacemos». Y así fue, al día siguiente El More ya estaba en el salón de clases y como un aprendiz más enrutado hacia sus sueños.

Guillermo Mosquera convirtió un sueño en realidad con su club de fútbol.

Siempre llegó a clases media hora antes y era el último que se iba porque tenía tantas preguntas para sus instructores que el tiempo volaba pero a Memo eso poco le importaba. Los maestros notaron la motivación, el entusiasmo y el disfrute del moreno de Belén Rincón y lo ayudaron en su proceso. Guillermo Mosquera se graduó en Entrenamiento Deportivo en el Sena y con honores.

Ya estaba trabajando. Había comenzado una pequeña escuela de fútbol en el barrio con cuatro integrantes de su familia. Todo ad honorem… gratis. ¿Cómo cobrarle a la gente de la propia casa… a los familiares? Imposible. Aparte de eso ellos poco confiaban en las capacidades del More. Pero los vecinos fueron uniéndose y, de pronto, el grupo de pelaos fue engrosando la escuela y Memo mostró un verdadero trabajo con ellos. De algo había servido las clases.

Había que buscar un nombre. Hubo lluvia de ideas de los propios niños que propusieron Cocú, Kalimán, Los Pitufos, en fin… muchos. Fue un abogado del barrio, Gustavo Múnera, el que le puso la rúbrica. Le dijo: «Memo, ponele a ese club, a esa escuela, el nombre Alegría y Memo pensó que era buena idea porque, en sus propias palabras, «uno, haga lo que haga en su vida, debe hacerlo con alegría, con pasión, con entusiasmo» y le completó el nombre para que se llamara Alegría Fútbol Club.

Era una escuelita, así la calificaban todos, y desde el primer momento comenzó a rendir frutos y a consolidarse. Fue en el año 2009. Empezó con cuatro niños de sus familiares y hoy es un club legalmente constituido, reconocido por el Inder Medellín y por Indeportes. Cuenta con Reconocimiento Deportivo, Personería Jurídica y hoy la integran 180 deportistas y nueve profesores… mejor dicho la «escuelita» se volvió «colegio» y va camino de ser «universidad» sobre todo por los logros alcanzados en los últimos años, que no son pocos.

Alegría Fútbol Club goza de credibilidad en el barrio. La comunidad cree en la institución, en las capacidades de Guillermo y en la de los profesores que la integran. Es una escuela que ha ganado fama a punta de esfuerzo, constancia, dedicación y disciplina .

El Club está dividido en categorías: Gateadores entre 4 y 5 años, Alevines entre 6 y 7, Párvulos entre 8 y 9, Semilleros entre 10 y 11, Baby Fútbol entre 11 y 13. Sigue luego la categoría Sub 14 que son muchachos nacidos en el 2008 y 2009, la Sub 15 integrada por jóvenes nacidos en el 2007 y los más grandes, es decir la Sub 17, del año 2004 y 2005.

Estas categorías participan en distintos torneos de la ciudad: Baby Fútbol, Liga Antioqueña de Fútbol, Asodim, Presupuesto Participativo por las justas deportivas de la comuna y otros campeonatos diversos de los barrios de Medellín.

Los padres de un niño, un muchacho que pertenezca a Alegría Fútbol Club, paga 60.000 pesos por su formación mensual, pero no todos pueden hacerlo por lo que la escuela tiene entre 35 y 40 niños becados y así no frustrar el proceso deportivo que se les ha cultivado dentro de la institución.

Este precio es poco ante los logros que se alcanzan. Alegría Fútbol Club ha obtenido puestos de privilegio. Solo por mencionar algunos, porque son bastantes: Subcampeones durante varios años en Asodim, campeones en las Justas en las categorías Sub 13, Sub 11 y Sub 8; ganaron un torneo nacional que se llama Pibes de mi barrio en la categoría Sub 11 y clasificaron para un torneo internacional en Portugal pero, por falta de recursos económicos, no pudieron asistir… y la lista es larga. Nada más hace pocos meses levantaron el trofeo de campeón del torneo de la Liga Antioqueña de Fútbol en la categoría Sub 14C, al ganarle a Formantioquia 4 a 1. Consiguieron además el trofeo al mejor goleador y la valla menos vencida… sin palabras.

Memo debe estar feliz con este nuevo título para su escuela. Debe estar escuchando al grupo Niche y su Buenaventura y Caney o cantando La Reina, y a dúo, con Diomedes Díaz, al lado de sus hijos mellizos Maximiliano y Rossana, con una cerveza bien fría en la mano y degustando el pescado que su esposa Ángela María Calle le prepara de todas las maneras.

Es un matrimonio feliz y se quieren, así lo manifiesta él aunque habría que preguntarle a Ángela. Lo que sí es cierto es que el More, o Memo, o Guillermo tiene fama de buen amigo, excelente formador, tranquilo de genio, líder deportivo consumado en el barrio, buen padre, sus dirigidos lo quieren, lo admiran y hasta lo levantan en hombros y hacia el cielo cuando están en la cancha principal del polideportivo de Belén Rincón.

Esta «escuelita» forja valores, teje sueños, forma personas y enseña fútbol del bueno. Esta «escuelita» es Alegría pura y cuando esto existe lo demás se da por añadidura, como el hecho de todavía estar bailando un nuevo título en la Sub 14C… y los que ya brillan a futuro. Memo ya acaricia estos trofeos. Está seguro de ello.

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