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Por Jorge Iván Londoño Maya.
Columnista Cápsulas.

Estamos a noventa minutos de cerrar la nefasta participación de Nacional, el equipo de nuestro amores, en el torneo apertura 2024.
Nefasta en lo deportivo, porque arribaremos a la meta ocupando el tenebroso, para muchos, treceavo puesto, siempre y cuando, si los que vienen detrás no ganan, producto de una desastrosa campaña enmarcada en el desgano generalizado de la plantilla, patrocinado por el silencio de los “patrones”; en el estruendoso bajón de sus jugadores insignia; en la mediocridad de los jugadores a los que se les dio continuidad; en algunos de sus jugadores canteranos, que brillaron por raticos con su juego, pero relucieron para las cuentas bancarias del señor Ardila & Cia; en la paupérrima contratación de “refuerzos” tanto nacionales como extranjeros, que dieron la talla pero en sus altísimos salarios, lo que sirvió para que Nacional, en lo concerniente a su nómina, supere a la de Millonarios. Vaya forma extraña de manejar una empresa.
El desastre también rondó la parte técnica, que no se salvó del descalabro administrativo, con tres técnicos en este torneo, que cerraron la larga lista que viene de tiempo atrás.
La parte administrativa, que de lejos es también la más costosa y la de mayor cantidad de integrantes, porque hasta el conductor del bus tiene ayudante, tampoco se salvó de la debacle, porque de allí salieron los bandazos en las contrataciones y en las malas decisiones, los portazos en las narices contra la hinchada, contra el entorno futbolero y contra la historia y la grandeza de la institución, además del silencio pusilánime que corroe cualquier relación.
De ese desastre solo queda un pequeño ripio de cenizas, de las que ha comenzado a emerger una llamita que trajo nuevos nombres para ocupar algunos cargos, que ilusionan un horizonte promisorio, tal como lo pregona el nuevo Presidente, Sebastián Arango Botero, en su carta de presentación, en la que anota que “Juntos hagamos de la confianza el punto de partida desde el cual la pasión y la razón nos orienten para volver a brillar”.
En buenahora ha llegado una persona que con su trayectoria profesional y su amor por el equipo, garantizará retomar el sendero, del cual nunca debimos salir.
El nuevo Presidente creerá encontrarse en Palestina, porque solamente verá ruinas, sobre las cuales debe comenzar a construir su proyecto de trabajo, bien complicado por cierto, porque la aspiración de él, y la de todos nosotros, será la de ampliar la alacena en donde se exhiben las copas y trofeos ganados.
Es menester entonces, que nuestro presidente se arremangue para comenzar a trabajar mancomunadamente con el también nuevo gerente deportivo, Gustavo Fermani y con el técnico Pablo Repetto para armar una plantilla comprometida con la institución, que sepa de su pasado y apueste por el futuro, que infunda respeto y garantice juego en conjunto y triunfos. Para lograrlo se debe depurar la actual con una generosidad tal que solamente permita la continuidad a lo sumo de unos cinco jugadores. Y recuerde, termine de una vez con esos contratos a dos y tres años, que solamente sirven para garantizar costosas indemnizaciones, algunas de las cuales todavía se están pagando por club.
De paso señor presidente, no sobra una miradita a la plantilla administrativa, atiborrada de asesores de los asesores, de auxiliares de los auxiliares, de asistentes de los asistentes, de ayudantes de los ayudantes, y hasta del utilero del utilero.
Bienvenido señor presidente y por favor tenga en cuenta mi sencilla pero efectiva propuesta, la de cambiar los puntos Éxito, por puntos de éxito.
“El único lugar donde el éxito viene antes que el trabajo, es en el diccionario”. Albert Einstein.




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